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Abordaje del envejecimiento en personas con discapacidad intelectual




El envejecimiento de la población, como consecuencia del aumento de la esperanza de vida, supone nuevos retos para la sociedad, pues no sólo basta con vivir más años, sino que también debemos conseguir que sea con la mejor calidad de vida posible. Ésta es una realidad bastante asumida en el mundo profesional sociosanitario y, prueba de ello, es que cada vez se realizan más investigaciones y proyectos enfocados a la mejora física y psíquica de los mayores. Sin embargo, hay una parte de este grupo poblacional, como es la de los discapacitados intelectuales, a la que parece que no se le presta tanta atención o, al menos, no toda la que se debería. Lograr un envejecimiento activo también es esencial en estas personas. Para ello, es preciso que los profesionales que trabajan en este ámbito cuenten con los conocimientos específicos, así como con las herramientas y recursos fundamentales para procurarles un mejor cuidado de la salud y más autonomía. Por otra parte, es necesario una implicación por parte de la Administración Pública y de entidades particulares para alcanzar mayor integración social y, por supuesto, más investigación en la materia.

Plena Inclusión, organización que representa en España a las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, estima que aproximadamente el 1 % de la población española tiene algún tipo de discapacidad intelectual o del desarrollo, aunque los datos recogidos por las Administraciones Públicas no son del todo precisos, porque sólo reúnen a aquellas personas que disponen de un certificado de discapacidad.

Hasta hace unos años, era poco frecuente encontrarse con personas mayores con discapacidad intelectual. De hecho, en los años 80 su esperanza de vida no superaba los 60. Pero los avances médicos y los progresos alcanzados han propiciado que esta población también tenga una vida más longeva. De tal modo, que actualmente su esperanza de vida se sitúa entre los 70 y los 74 años. El envejecimiento de las personas con diversidad funcional intelectual supone todo un reto para la sociedad y, cómo no, para los profesionales involucrados en su cuidado.

Conocer cómo es el proceso de envejecimiento en las personas con discapacidad intelectual es el primer paso para un abordaje adecuado. En este sentido, los estudios concluyen que las personas con discapacidad intelectual envejecen de manera similar al resto de la población. Así lo explica la psicóloga de la Agencia Madrileña de Atención Social, Ana Rita González: “Las personas con discapacidad intelectual tienen una serie de cambios físicos, cognitivos y psicosociales parecidos a los del resto de la población. Empiezan a ver peor, tienen problemas respiratorios, pierden la memoria, las funciones sensoriales y perceptivas, sufren cambios emocionales, tienden un poco a la depresión, al aislamiento, etc.”.

No obstante, como indica el enfermero geriátrico y director del centro ocupacional y centro de día Juan Ramón Jiménez de Leganés (Madrid), Eduardo Seyller, “existe mayor prevalencia de determinadas alteraciones de la salud en síndromes específicos”. Entre ellos, se encuentran el síndrome de Down, síndrome de Prader-Willi y síndrome X Frágil. 

Síndrome de Down. Se caracteriza por un envejecimiento prematuro y su esperanza de vida se sitúa en torno a 15 años menos que la del resto de la población. Según avanzan en edad, aumenta la incidencia de cataratas, desórdenes visuales y auditivos y de la demencia tipo alzhéimer.

Síndrome de Prader-Willi. En estas personas, se observa una mayor incidencia de tasas elevadas de diabetes y enfermedades cardiovasculares cuando llegan a edades avanzadas, además de problemas de obesidad mórbida asociada.

Síndrome X Frágil. Cuando llegan a edades avanzadas, presentan una mayor incidencia de prolapso de la válvula mitral. También son frecuentes los desórdenes músculo-esqueléticos, los episodios de epilepsia y las deficiencias visuales. Además, en mujeres con este síndrome se ha observado la aparición de la menopausia a edades más tempranas.

De estos tres síndromes, el de Down es sobre el que más estudios se pueden encontrar. Su principal interés sanitario radica en el envejecimiento prematuro que sufren y su mayor prevalencia a padecer demencia, en concreto alzhéimer. El presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), José Antonio López Trigo, afirma que las personas con síndrome de Down tienen de cuatro a cinco veces más probabilidades de desarrollar enfermedad de Alzheimer. En esta población, los primeros síntomas de la enfermedad son grandes desconocidos, aunque parece cada vez más claro que “las manifestaciones iniciales no son problemas amnésicos ni de desorientación, sino cambios conductuales y de personalidad”, sugiere el presidente de la SEGG.

Por Carmen Moreno



Lunes, 7 de Noviembre 2016

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