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Asistencia farmacéutica profesional para una mayor calidad de servicio


Cada vez son más los centros sociosanitarios concienciados de la necesidad de contar con asistencia farmacéutica profesional. Este servicio que las oficinas de farmacia deben ofrecer no puede limitarse a dispensar medicamentos, sino que además debe proporcionar atención al usuario. Por el momento no existe una norma que regule cómo debe asumirse esta responsabilidad, pero no por ello las residencias tienen que renunciar a la calidad. Lo ideal es que sean exigentes en la elección de la farmacia que les suministra y que consideren la gestión, asistencia y el seguimiento farmacoterapéutico valores básicos e imprescindibles.



Asistencia farmacéutica profesional para una mayor calidad de servicio
Hace unos meses el Consejo de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CCOF) se hacía eco de los resultados de un proyecto piloto de Atención Farmacéutica a personas dependientes en Extremadura que ponían de manifiesto el papel clave que desarrolla el profesional farmacéutico en el cumplimiento terapéutico de este grupo poblacional y, por ende, en la mejora de su calidad de vida. Asimismo, se constataba que la intervención de estos especialistas influía positivamente en el uso racional de los medicamentos.

En base a esto, el Consejo General ha desarrollado un proyecto de Atención Farmacéutica Domiciliaria que contempla la posibilidad de proporcionar asistencia farmacológica personalizada a domicilio a pacientes dependientes que no pueden trasladarse hasta la oficina de farmacia. El catálogo de servicios que incluye el sistema de Atención Farmacéutica Domiciliaria comprende tres ámbitos de actuación. Uno de los servicios ofrecidos es la revisión del botiquín con el fin de garantizar el buen estado de conservación de los productos almacenados, comprobando la caducidad de los medicamentos e informando de las precauciones necesarias para su conservación

Otro de los servicios propuestos por el grupo de trabajo es la promoción de la salud y la educación sanitaria. Así, se pretende informar y aconsejar al paciente sobre cuestiones relacionadas con el uso correcto de los medicamentos, la enfermedad, la utilización de dispositivos de administración de medicamentos, la reducción de hábitos tóxicos y el consumo de dietoterápicos. Además, dentro de las acciones a realizar en el domicilio del paciente también se encuentra el seguimiento farmacoterapéutico, que conlleva la detección de problemas y resultados negativos asociados a los medicamentos, además de la preparación de sistemas personalizados de dosificación.

Los expertos que han participado en la puesta en marcha de esta iniciativa han destacado que traerá consigo la reducción de complicaciones graves, la disminución de la institucionalización y un menor número de ingresos, lo que puede traducirse en un mayor cuidado de los mayores y en una mejora de su calidad de vida.

En principio estos problemas no tienen cabida en una residencia o centro de día porque en ambos trabajan médicos y otros profesionales sanitarios que se encargan de prescribir y dispensar a los usuarios la medicación que llega de las oficinas de farmacia. Pero existe una carencia en este modelo de asistencia. En muchos centros geriátricos el servicio de farmacia se limita al mero suministro de los medicamentos desde las oficinas de farmacias, sin que el farmacéutico intervenga en el resto de procedimientos relacionados con los medicamentos, incluida la corresponsabilidad en la terapéutica del pacientes. Pero esta fórmula está cambiando poco a poco, ya que se ha comprobado que tiene debilidades que podrían solventarse con “la incorporación de técnicos en farmacia al equipo multidisciplinar”, afirma el licenciado en Farmacia y especialista en gestión eficaz de farmacia en centros residenciales, José Malia.

El sistema de farmacia más aconsejable para los centros sociosanitarios es aquel en el que se cuenta con la figura de un farmacéutico de referencia cuya labor se centra en gestionar la medicación para los distintos usuarios, controlar que usan los fármacos que necesitan y en la dosis prescrita y comprobar que se obtienen resultados efectivos, es decir, que esos medicamentos están actuando de forma eficaz y sin riesgos de interactuar con otros activos, alimentos o enfermedades. Según José Malia, el farmacéutico es el profesional más cualificado para responsabilizarse de esta tarea. Y en un sector dónde la especialización es la base para una calidad óptima, no tendría que tener cabida otro modo de resolver cuestiones primordiales como ésta.

A pesar de ello, aún son muchos los centros que no disponen de una atención farmacéutica de calidad. En parte, según los expertos, se debe a la falta de una normativa que regule este tipo de servicio. De momento, en cada comunidad autónoma se establece un modelo concreto de gestión, pero en ningún caso están obligados a contar con un profesional en Farmacia, a pesar de que las ventajas son múltiples:

• Mejor calidad asistencial. El farmacéutico controla la medicación del paciente, su efectividad, las interrelaciones que pueda tener con otras enfermedades o con otros fármacos que tenga prescritos, así como con la alimentación que sigue. Asimismo observará si están o no siendo eficaces. Por otro lado, el médico y el personal de enfermería y auxiliares podrán estar más centrados en su labor específica, sin preocuparse de la gestión de estos medicamentos. De este modo, el usuario estará mejor atendido.
• Imagen más favorable para los familiares. Cuando el usuario del centro se encuentra mejor atendido, los familiares tendrán una mejor imagen del servicio de la residencia y de sus profesionales.
• Ahorro en el gasto farmacéutico. La gestión de medicamentos por un profesional cualificado que además está en contacto directo con los pacientes, puede ser un punto clave a la hora de realizar un uso racional de los medicamentos y ahorrar en gasto farmacéutico. Un aspecto muy bien valorado por la Administración Sanitaria.
• Mejor organización y tranquilidad para los responsables del centro. En algunas comunidades autónomas está instaurado un régimen rotatorio que obliga a los centros a cambiar de oficina de farmacia cada mes, lo que puede suponer una desorganización y tiempo de dedicación para elegir otro establecimiento. Con un farmacéutico de referencia en el centro, la continuidad del servicio y la atención a los usuarios está garantizada y la residencia no tiene por qué notar el cambio.
En cualquier caso, para conseguir una atención completa, “es fundamental que el farmacéutico tenga una buena comunicación y cooperación con el paciente, con el médico y con los demás profesionales de la salud”, indica José Malia.

Asistencia farmacéutica profesional para una mayor calidad de servicio
Modelos de futuro
En el territorio español se distinguen tantos modelos de servicios de farmacia en los centros residenciales como comunidades autónomas. Esto se debe a que no hay una normativa nacional que regule cómo debe gestionarse. No obstante, las leyes de Ordenación Farmacéutica de las Comunidades Autónomas contemplan la autorización, instalación y funcionamiento de depósitos médicos en ellos. La tendencia parece indicar que de una forma u otra la presencia de un farmacéutico en los residencias de mayores acabará siendo obligatoria, pero de momento, tan solo La Rioja y la Comunidad Valenciana han desarrollado iniciativas en este sentido.

Existen algunas propuestas para implantar servicios farmacéuticos en los centros sociosanitarios. Unos sugieren que sea un farmacéutico contratado por el centro privado o como funcionario de la institución pública; otros defienden que sea el farmacéutico comunitario que suministra los medicamentos; o un tercero contratado quien realice las funciones de atención farmacéutica personalizada.

En la Comunidad Valenciana, la junta directiva de la Asociación Empresarial de Residencias de Tercera Edad (Aerte) y la Consejería de Sanidad de la Comunidad, se encuentran en plena negociación. Instaurar servicios farmacéuticos es un objetivo que interesa a ambas partes, ya que “la consejería podría adquirir los fármacos a precio de laboratorio, lo que supondría un ahorro de entre un 24% o 25% del coste actual. Pero, además, de racionalizar el gasto, con ello se consigue mejorar la calidad del servicio y liberar al sector de partidas presupuestarias para destinarlas a personas dependientes, pendientes de recibir servicios”, afirma el presidente de Aerte, Alberto Giménez.

Sea cual sea el modelo elegido, a los responsables de los centros geriátricos les debe quedar claro que la oficina de farmacia tiene que ofrecer servicios más allá de la simple dispensación de medicamentos si quiere tener buen futuro, y que las residencias debe buscar ese servicio excepcional para ofrecer la mejor calidad a sus usuarios.


Viernes, 7 de Octubre 2011

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