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¿Cómo hacer de los edificios un espacio adaptado a las necesidades de todos?




Los problemas de movilidad son un asunto que puede afectar a todos, no solamente a aquellos que hayan nacido con una condición de salud concreta, sino también a personas que durante el trayecto de su vida le ha tocado padecer una enfermedad o accidente y descubren que sus edificios no están aptos para ellos.
 
Las viviendas en general han sido construidas sin tomar en consideración las necesidades de personas con condiciones especiales. Y esto no solo se refiere a aquellos que no pueden caminar o usan bastones, también hace énfasis en ancianos a los que se les hace difícil levantar las piernas para acceder a un muro o subir una escalera.
 
Los edificios sin accesbilidad son la regla y es preocupante, pues se evidencia la forma en que es disminuida la calidad de vida de estas personas con movilidad reducida que deben adaptarse a un día a día marcado por espacios para aquellos que tienen todo su organismo funcionando a tope.
 
Para hacer frente a esto, se ha establecido una normativa conocida como Ley General de las Personas con Discapacidad y su Inclusión Social, que busca que se realicen adaptaciones de los espacios para facilitar que estas personas tengan oportunidad de desenvolverse de la forma más normal que les sea posible, ya sea que se trate solo de la colocación de rampas de acceso, por ejemplo.
 
La idea fundamental (además de dignificar la vida de estas personas) es brindarles los recursos necesarios para evitar la dependencia y, de esta forma, disponerse a realizar sus actividades cotidianas de forma natural, como lo haría cualquier otra persona.
 
Las razones para que los edificios no se hayan adecuado a estas condiciones son muy variadas y tienen que ver, sobre todo, por desinformación en cuanto al impacto económico que esto tendrá sobre las cuentas, sin saber que realmente estas modificaciones serán de baja escala y por un precio mucho menor al esperado.
 
Una de las formas más usuales de hacer frente a estos inconvenientes, sobre todo en las escaleras de acceso a los edificios y las casas es utilizando salvaescaleras. En Cuiddo existen variadas alternativas para escoger que son de fácil adaptación y uso. Además, el precio ronda de 3.000 a 5.000 euros, lo cual se hace perfectamente pagable si se organizan las finanzas y no se considera como un gasto sino como una inversión.
 
Lo bueno de este tipo de artículos es que son adaptables a todo tipo de sillas de ruedas de venta normal en el mercado, no necesitan ningún tipo de instalación y, aunque en principio es mejor practicar un poco en su uso, se vuelve bastante fácil de trabajar a lo largo del tiempo.
 
Por otro lado, no solo son útiles para quienes tienen muy comprometida su movilidad, sino que existen versiones para facilitar el camino a quienes se les dificulta subir y bajar escalones, ya sea por problemas en las articulaciones, por ejemplo.
 
Los salvaescaleras son aptos para soportar hasta 200 kilos de peso, se pueden utilizar con asientos abatibles además de las sillas de ruedas y trabajan a muy baja velocidad (lo que contribuye en la seguridad) para facilitar el control del usuario. Su instalación, por tanto, no causará ningún problema sino más bien soluciones.
 
Modificaciones a la estructura
Parte de las dudas con respecto a este tipo de adecuaciones se generan en torno a los permisos y a los cambios que deberá sufrir la estructura de los edificios o viviendas para adaptarse a estos estándares. Pues bien, la buena noticia es que tales cambios no son tan trascendentales y llevan poco tiempo.
 
No se trata de echar abajo un edificio completo para hacerlo nuevo con las condiciones para personas con movilidad reducida, sino de añadir complementos, sobre todo en el acceso público, para que puedan movilizarse sin complicaciones.
 
Sin embargo, para evitar inconvenientes de toda índole, lo mejor será dejarse asesorar por expertos y es justamente en este punto que los arquitectos juegan un papel fundamental, pues tienen conocimientos de las estructuras, de cómo se podría lograr la integración de un ascensor de vía pública, por ejemplo; y también conocen del tema de los papeles que hay que tener a mano.
 
Una situación de estas nos puede ocurrir a todos, incluso aunque no sea de forma directa, tal vez a través de un familiar, por ello surge la necesidad de no ver estos inconvenientes como un hecho aislado y muy lejano a nosotros, sino como la clara necesidad de ofrecer un espacio de vida digno a todos.


Lunes, 22 de Abril 2019

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