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Cómo promover la autoestima de los mayores institucionalizados




El concepto que cada uno tiene de sí mismo determina el modo en el que se ubica en el mundo, en su entorno, la manera en la que se desenvuelve y cómo se relaciona con los demás. La autoestima es esencial, por tanto, para mantener una calidad de vida adecuada. Las personas que viven en los centros sociosanitarios ven, en ocasiones, cómo su autoestima se merma, con el consiguiente deterioro de otros aspectos de su vida. Los factores que condicionan la autoestima de personas institucionalizadas son varios: desde la soledad, al sentimiento de abandono, y la no adaptación al centro en el que residen. Analizamos esos aspectos a continuación.

La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos sobre la base de las sensaciones y las experiencias que se van incorporando a lo largo de la vida. Así lo explica la doctora María José Jiménez, presidenta de la Sociedad Española de Médicos de Residencias (SEMER) y coordinadora Médico de Valdeluz Centros Residenciales. De esa autovaloración depende, “en gran parte, la realización de nuestro potencial personal y nuestros logros en la vida”, asegura. Opinión que comparte la psicóloga de Valdeluz, Carola Salgado, reconociendo que aquellas personas que se sienten bien consigo mismas, “que tienen una buena autoestima, son capaces de enfrentarse y resolver los retos y las responsabilidades que la vida plantea. Por el contrario, los que tienen una autoestima baja suelen autolimitarse y fracasar”. 

A lo largo de la vida hemos de afrontar cambios, debido a diferentes factores y circunstancias. Unos cambios que obligan a readaptarse permanentemente a las nuevas situaciones. Es ahí, según estas expertas, donde tanto el sentido del valor personal como la confianza en las propias capacidades de cada uno, pueden verse afectados. “Y resulta altamente complicado realizar una valoración positiva de nuestro grado de bienestar cuando tenemos una baja autoestima. De ahí la influencia de la autoestima en la percepción de la calidad de vida”. 

Medir la autoestima pasa por valorar la capacidad de reacción que muestra la persona ante una circunstancia adversa. Para Jiménez y Salgado, esa circunstancia adversa al hablar de residentes es la institucionalización, por lo que una buena adaptación al centro supone un alto nivel de autoestima. 

La soledad 
Si la autoestima es esencial para delimitar la calidad de vida de cualquier persona, su importancia se acrecienta al hablar de pacientes institucionalizados, de personas usuarias de los centros sociosanitarios. La institucionalización de una persona en un centro supone “por defecto, aunque  no debería ser así, un fracaso en el autocuidado de esa persona así como de sus patologías y es en ese punto precisamente, donde puede comenzar a dañarse la autoestima de una persona, justo en el momento de la institucionalización, que estigmatiza.  Lejos de pensar que la institucionalización promueve un trato adecuado a las necesidades del anciano, tanto a nivel médico, como social, espiritual y psicológico, se tiende a pensar que es un castigo a la discapacidad y desde ese momento comenzar un proceso de falta de motivación y de autoestima”, puntualiza Jiménez. 

La presidenta de SEMER reconoce que el cambio de rol “de cuidar a ser cuidado” también puede influir a la hora de bajar la autoestima, “esa percepción de abandono. Y el hecho de necesitar ayuda para realizar las actividades básicas de la vida diaria”. 

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Por Juani Loro



Jueves, 30 de Junio 2016

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