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Correcto control del dolor. Es posible con la implicación de todos los agentes


El tratamiento del dolor es una prioridad sanitaria, sobre todo cuando se trata de dolor crónico, ya que mejora la calidad de vida de los pacientes, pero además supone un ahorro sanitario y social importante. En los últimos años, se ha intensificado el interés por tratarlo y aliviarlo, y cada vez son más los profesionales sociosanitarios y ciudadanos que aceptan que el dolor es un sufrimiento innecesario para el que existen alternativas eficaces de control. No obstante, aún queda camino por recorrer, por ejemplo, en la formación de los profesionales, un aspecto fundamental para diagnosticar y tratar adecuadamente de manera precoz, para que no se cronifique.



La Sociedad Española del Dolor (SED) estima que, en España, alrededor del 20 % de la población padece dolor crónico, un proceso neurosensorial complejo con grandes repercusiones individuales, sociales, laborales, asistenciales y económicas. Los expertos aseguran que altera la capacidad funcional, modifica el estado de ánimo y disminuye las relaciones con los demás, aspectos fundamentales que afectan negativamente en la calidad de vida de la persona que lo padece. Además, es responsable de un aumento de la morbilidad y la prolongación de las estancias hospitalarias.  

Se pueden diferenciar distintos tipos de dolor en función de su duración (agudo o crónico), la causa que lo produce o la patología (nociceptivo o neuropático) y el tratamiento que se aplique. 

El dolor agudo implica una defensa, un mecanismo de alerta y va ligado a la supervivencia y a la vida. Es un síntoma de que algo no va bien, por lo que puede ser útil. Además, tiene un duración finita y se saben las causas, así como tratarlo. Por el contrario, el dolor crónico no tiene una finalidad, supone una alteración de todas las vías de conducción del dolor y es una enfermedad en sí mismo. Puede durar días, semanas o años y no siempre se conoce la causa, con lo cual resulta más complicado de tratar. El dolor crónico es una experiencia desagradable, que provoca sufrimiento, ansiedad y desesperación. 

Incluso, atrofia cerebral y alteración cognitiva, asegura la doctora Concha Pérez Hernández, vocal de la SED y jefa de servicio de la Unidad de Dolor del Hospital de La Princesa de Madrid.

A pesar de que el tipo de dolor más complejo es el crónico, ambos deben ser tratados correctamente, porque “un dolor agudo que no se aborde de forma adecuada, cuando se inicia, puede acabar cronificándose”, indica la doctora Pérez Hernández. Por tanto, es fundamental una intervención correcta desde el principio. Y, para ello, es preciso que se dediquen más y mejores recursos a esta área. Además, es clave que los profesionales sanitarios estén bien formados. 

La cuestión es que al dolor no siempre se le ha prestado la atención debida. Así, la vocal de la SED indica que se ha estudiado siempre como un síntoma asociado a una enfermedad y, muchas veces, se ha descuidado la enseñanza del tratamiento integral que implica, sobre todo cuando es crónico.  “El hecho de que no exista una asignatura de dolor en las facultades de medicina dificulta que los futuros integrantes del sistema sanitario le den la importancia necesaria al tratamiento y al dolor”, sentencia. 

No obstante, las sociedades científicas cada vez están más concienciadas en lo que respecta a su abordaje adecuado, y trabajan para revertir esta situación y mejorar la atención a los pacientes.

Para contribuir al conocimiento que sobre el dolor tienen los profesionales, expertos de la SED han elaborado el primer Manual de Medicina del Dolor, que está dirigido a médicos que tratan pacientes con dolor. 


Por Carmen Moreno


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Jueves, 2 de Marzo 2017

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