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Cuidando a los cuidadores


Amaya Terrón Martínez

Psicóloga Clínica



Cuidando a los cuidadores
Muchas son las circunstancias que convierten a una persona en cuidador o cuidadora a lo largo de su vida: Mujeres entre 50 o 60 años que tienen a padres o suegros a su cargo por la imposibilidad de llevarles a una residencia, padres que desde el nacimiento de su hijo enfermo se convierten en cuidadores 24 horas, padres cuyo hijo enferma de repente o sufre un accidente que le deja en situación de dependencia, maridos o mujeres cuyo cónyuge llegados a cierta edad sufre demencia, alzhéimer u otro tipo de enfermedad crónica, etc. Como digo son muchos los casos y circunstancias que nos pueden convertir a todos en cuidadores, a veces de por vida. 

Es importante señalar que los cuidadores en estas circunstancias dedican su tiempo y atención a otras personas y descuidan sus propias necesidades que consideran superfluas. Muchas veces sobrecargados por la gran demanda que suponen las personas que tienen a su cargo no atienden ni tienen actividades que para ellos son gratificantes, como un paseo relajado, una conversación fuera de la enfermedad, un tiempo simplemente para ellos mismos. Ocurre que la mayoría de sus actividades se convierten en obligaciones y responsabilidades que si no atienden durante el cien por cien del tiempo se sienten culpables y ellos mismos empiezan a sentir síntomas como decaimiento, falta de ánimo, estrés o ansiedad que les lleva a verdaderos cuadros clínicos. 
No descansar y soportar esa tensión diaria, a veces sin la ayuda de otra persona o familiar, se hace demasiado difícil (no es el débil el que cae sino que a veces se cae por mantenerse fuerte durante demasiado tiempo) y a veces caen en la desesperanza de que no pueden hacer nada, de que así es la vida que les ha tocado llevar y esto trae pensamientos demasiado pesimistas. 
A los psicólogos nos gusta alertar de esta situación porque sabemos lo que implica y para provocar empatía en la gente que ve a cuidadores y cuidadoras, porque sabiendo lo que están pasando es más fácil ayudarles a mejorar su situación y a que no se sientan solos con tanta presión. A veces las personas no hacemos las cosas bien porque no sabemos cómo hacerlas. 

Algunos familiares pueden alejarse porque no se vean capaces de enfrentar tanta demanda y se sienten mal por no hacerlo. No es necesario implicarse si uno no está motivado para ello, ni comprometerse con lo que no se va a cumplir, pero una llamada, un paseo, una ayuda puntual para acompañarles al médico, escuchar o un abrazo de apoyo tienen un poder del que no somos conscientes. 
De cara al cuidador diría que tiene que ser consciente de que no se puede cuidar si uno cae enfermo, así que es necesario primero cuidarse a sí mismo, obtener el descanso que necesita, obtener ayuda el mismo, hacer actividades placenteras, reducir la ansiedad, hacer ejercicio si es posible, mantener el entorno social y no quedarse encerrado en casa padeciendo todo el día, compartir las emociones y sentimientos y buscar ayuda externa en amigos o familiares o, en último término, en asociaciones o entidades parecidas.  

La mejor forma de cuidar y dar amor es cuidarse y amarse a uno mismo primero, ya que uno no puede dar lo que no tiene. 
A esos valientes que se atrevieron a ser héroes y cuidar a sus seres queridos hoy les envío mis mejores deseos y mi más sincera admiración hacia ellos. ¡Ánimo! 


Lunes, 17 de Noviembre 2014

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