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EL PERFIL: Pedro Vera


Director del Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV)

Pedro Vera es catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y director del Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV) desde su creación, cuyo origen se remonta a 1976. Su actividad profesional se ha centrado en la biomecánica aplicada a distintos ámbitos y sectores; y, como director del IBV, ha vivido la expansión de este centro tecnológico dedicado a mejorar la calidad de vida de las personas y a promover la competitividad empresarial.



EL PERFIL: Pedro Vera
¿Qué es el IBV? ¿Y cuál es su objetivo?
El Instituto de Biomecánica (IBV) es un centro tecnológico que persigue la mejora de los bienes, entornos y servicios que utilizamos las personas. El IBV recurre a conocimientos de diferentes ciencias y disciplinas y los aplica en diversos sectores con dos objetivos: mejorar nuestra calidad de vida y aumentar la competitividad de las empresas a través del bienestar de las personas.

Desde sus inicios, el IBV encaminó su actividad a prevenir riesgos, cuidar la salud y recuperarla, aumentar la autonomía personal en casos de limitaciones funcionales, prestar la mejor atención a las personas en situación de dependencia, optimizar el rendimiento de las prácticas y actividades que desarrollamos, mejorar el confort y la eficacia de los entornos en los que nos movemos y de los productos y servicios que utilizamos.

Partiendo de la idea de que, para contribuir a la mejora del entorno social y económico, la innovación y la competitividad empresarial han de estar basadas en el conocimiento de las características, necesidades, preferencias y expectativas de los usuarios de los bienes y servicios que se producen, la labor del IBV culmina en la transferencia de este conocimiento a todos los agentes sociales y económicos.

Para ello, aporta la experiencia y el trabajo de sus 250 profesionales a diversas áreas de actuación: automoción y medios de transporte, deporte, hábitat, indumentaria, niños y puericultura, personas mayores y atención a la dependencia, rehabilitación y autonomía personal, salud laboral, tecnología sanitaria, turismo y ocio.

¿Qué motivó su nacimiento?
La inquietud de un grupo de personas que aspiraban a construir puentes entre el mundo de la tecnología y la medicina. No obstante, con el paso del tiempo, este enfoque se amplió para dar cobertura a muchos otros ámbitos de actividad, lo que requirió incorporar otros conocimientos, además de la biomecánica, como la ergonomía, la ingeniería emocional, la ingeniería cognitiva, etc.

A mediados de los años 80, con la creación del IMPIVA, que es la agencia de desarrollo regional de la Comunidad Valenciana, tuvimos la oportunidad de ampliar nuestras capacidades para transformar a un instituto universitario, nacido en el seno de la Universidad Politécnica de Valencia, en un centro tecnológico cuya actividad se dirigía decididamente a la innovación orientada a mejorar la calidad de vida de las personas.

¿Qué aporta el IBV para mejorar la calidad de vida de las personas mayores y en situación de dependencia?
En el ámbito de las personas mayores, el IBV desarrolla acciones para mejorar el proceso de envejecimiento adecuando los productos y servicios que se utilizan en las actividades de la vida diaria a este grupo de población. Para ello, hace uso de un modelo de innovación, la innovación orientada por las personas, en las que éstas se convierten en cocreadoras de los productos o servicios sobre los que se innova, asegurando su adecuación y aceptación cuando llegan al mercado.

Dentro de este segmento de población, encontramos también un importante número de personas en situación de dependencia, en cuyo caso el objetivo básico es asegurar la calidad de la atención que se les presta para garantizar unos niveles suficientes de calidad de vida.

Desde el IBV trabajamos con empresas, asociaciones, usuarios e instituciones cuyo objetivo es la mejora de la calidad de vida de las personas mayores y las personas en situación de dependencia.

¿Quién es el destinatario final de los productos y servicios desarrollados en el Instituto?
Toda la actividad del IBV gira en torno a las personas como eje central del modelo de innovación que propugnamos. Las personas se convierten en codiseñadoras de los productos y servicios que utilizarán, como la valiosa fuente de información que son, en todas las etapas del proceso de innovación: desde su definición estratégica y conceptual, pasando por el diseño en detalle, por su producción y terminando en la propia comercialización, prescripción y comunicación.

Trabajamos con más de 1.000 empresas al año en el conjunto de ámbitos de actividad del IBV. En el campo concreto de las personas mayores y la atención a la dependencia, cabe destacar, por ejemplo, a SAI Wireless, Vodafone España, TAU Cerámica, Emporia Telecom, Orange, Panasonic, Zhong, Alstom, Tecnimoen, Geocisa, Sillería Franch, Parques Infantiles Isaba, Gasmedi 2000, distintos balnearios, centros residenciales y empresas de consultoría.

¿Cómo llegó a la biomecánica?
Por la inquietud de aplicar los conocimientos de la ingeniería a campos en los que apenas existía actividad en España, como la ingeniería biomédica, en la que empezamos a trabajar en 1976.

¿Qué piensa de la robótica y de sus posibles aplicaciones?
Es un campo de gran interés dado que, además de liberar a las personas de tareas tediosas o peligrosas, permite desarrollar de manera muy eficiente actividades que no sería posible realizar por otros medios. Entre sus aplicaciones en el mundo de la medicina o de la rehabilitación destacan, por ejemplo, las que se utilizan en cirugía, potenciando las capacidades y habilidades de los cirujanos, o en rehabilitación, incorporando estas tecnologías en las ayudas técnicas o productos ortopédicos más avanzados.

¿Cuáles son los principales retos del Instituto?
A corto y medio plazo, nuestro principal reto es desarrollar un modelo de innovación alternativo al que hasta la fecha ha sido el modelo de referencia, fundamentado en el avance de la tecnología como motor de la innovación, ésta del consumo y el consumo del crecimiento económico capaz de generar empleo y, a través del empleo, de salarios con los que los ciudadanos acceden a bienes y servicios para mantener o mejorar su calidad de vida. En nuestros planteamientos, el concepto de innovación es el resultado del proceso o procesos que dan lugar a un crecimiento del cociente entre el valor percibido en el bien o servicio sobre el que se ha innovado y el precio que ha de pagarse por él. A partir de esta fórmula, resulta sencillo considerar las condiciones que favorecerán la aparición de oportunidades de innovación según afecten al valor de la propuesta innovadora, a su precio o a ambos términos.

Entre las condiciones que incrementan el valor destacan, además de las posibilidades que ofrece la tecnología (que paulatinamente ha ido convirtiéndose en una commodity), la capacidad de adaptar esos bienes y servicios a los usuarios, los prescriptores, los gestores públicos y el resto de profesionales que toman decisiones sobre su adquisición, razón por la que son especialmente útiles los modelos de innovación en los que estos participan activamente como cocreadores de los mismos.

Lo mismo ocurre con las acciones dirigidas a mejorar la gestión de las Administraciones Públicas, a través de la formación de los profesionales que trabajan en ellas, para garantizar que comprenden las características de los recursos que gestionan y su potencial para contribuir a mejorar los resultados de su desempeño, o con las acciones dirigidas a formar a los ciudadanos como consumidores que reconocen y valoran la capacidad de los bienes y servicios para mejorar su calidad de vida.

De forma parecida, las condiciones que afectan al precio de los bienes y servicios están determinadas, además de por los costes de su producción -en los que la tecnología, la organización y la logística son factores muy importantes-, por la consideración de los costes de la sostenibilidad. En la medida en que ésta sea entendida en un sentido amplio (económica, social y ambiental), se propiciará un cambio en los productos, servicios, procesos y materiales utilizados, así como en los modelos de negocio; es decir, será una fuente importante de innovación. Es de esperar, ya sea por la actuación reguladora de las administraciones o por la presión de los ciudadanos, que a los costes económicos actuales se añadirán paulatinamente los derivados de su impacto ambiental y social.

Por último, al considerar las condiciones que afectan tanto al valor como al precio de los bienes y servicios, la necesidad de dar respuestas integrales a las necesidades de los ciudadanos, teniendo en cuenta sus características y preferencias particulares, demandará nuevas formas de diseñar, fabricar, comunicar y distribuir para ofrecer soluciones con el menor coste, a la vez que con un alto valor añadido basado en los beneficios aportados por las soluciones integrales en comparación con la suma aritmética de los beneficios que aportan los recursos de que constan considerados por separado. La integración alargará la cadena de valor sectorial para, en colaboración con los técnicos comerciales, prescriptores, gestores municipales, etc., llegar a satisfacer a los ciudadanos, lo que hará necesario mecanismos de colaboración diferentes y generará una nueva cultura de cooperación intersectorial. En particular, la colaboración entre establecimientos comerciales para integrar sus ofertas y ofrecer soluciones completas planteará retos de coo­peración inexplorados entre los propios comercios y entre estos y sus proveedores industriales.

¿Qué proyectos destacaría para 2012 relacionados con la mejora de la calidad de vida de las personas mayores y en situación de dependencia?
Son muchos pero destacaría los relacionados con el diseño de numerosos bienes y servicios de consumo orientados por las personas mayores y algunas iniciativas en el marco de proyectos europeos como iStoppFalls, que se centra en el desarrollo de soluciones tecnológicas no invasivas para monitorizar los factores de riesgo de las caídas y entrenar a las personas mayores mediante programas individualizados de ejercicio físico y formación con el fin de prevenirlas. Otro proyecto es AWARE, que persigue el desarrollo de una solución efectiva a escala europea para la inclusión social de 63 millones de personas mayores y la preparación de 38 millones de trabajadores mayores en la transición a la jubilación.

De igual forma, cabe citar el proyecto europeo BANK4ELDER, que tiene como propósito potenciar el acceso de las personas mayores a los servicios bancarios a través de los cajeros automáticos, Internet, televisión y teléfono móvil. O el proyecto europeo SI-Screen-elisa, que persigue diseñar una nueva herramienta de interacción social que permita a los mayores permanecer en contacto con su familia, amigos y vecinos, y que sirva, además, para estar informados sobre la oferta local de actividades, salud y bienestar.

¿Cuáles cree que son las principales necesidades de las personas mayores o dependientes? ¿Y qué hace el IBV para responder a sus demandas?
Un estudio del IBV apunta que solo el 42% de las personas mayores consideran que las empresas tienen en cuenta sus necesidades al diseñar productos. Las empresas y los centros como el IBV hemos de trabajar para facilitar las actividades de la vida diaria a los mayores y a quienes viven en situación de dependencia. De esta forma, estaremos fomentando el envejecimiento activo y la autonomía personal. Y, en este sentido, en el IBV nos hemos involucrado en numerosos proyectos para conseguir entornos más accesibles y usables, así como productos y servicios fáciles de utilizar, cómodos e intuitivos para los consumidores de todas las edades.

¿Cómo es la relación entre universidad y empresa?
Las universidades son organizaciones complejas en las que su personal docente e investigador tienen intereses diversos. Algunos se orientan a la excelencia científica, aunque esté alejada de los problemas sociales y económicos de su entorno próximo. Otros tienen una vocación más relacionada con la resolución de dichos problemas. En mi opinión, las universidades españolas no están estimuladas ni orientadas para ser instrumentos de innovación, sino de generación de conocimientos, muchas veces descontextualizados de su aplicación práctica. Como consecuencia, las relaciones con las empresas no están sistematizadas y responden a intereses individuales y no tanto institucionales.

¿Considera que el sector sociosa­nitario se esfuerza lo suficiente por desarrollar nuevas tecnologías que faciliten la vida de las personas mayores? ¿Cree que incorporan el concepto de innovación en sus respectivos proyectos empresariales?
Considero que, salvo algunas empresas tecnológicas y algunos casos excepcionales, no lo hace. Entre otros motivos, por la dependencia de las Administraciones Públicas y los problemas económicos y financieros que ello les acarrea, y por la falta de tradición en este campo y de estímulos adecuados.

Como director del IBV, ¿de qué proyecto o acción se siente más orgulloso y satisfecho?
De los proyectos desarrollados durante los últimos años, destacaría la iniciativa SIMPLIT, impulsada por la Unión Democrática de Pensionas y Jubilados de España (UDP) y el IBV, con la participación de AENOR y la colaboración del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. SIMPLIT nació a finales de 2009, con el objetivo de promover la adecuación de los productos y servicios a las personas mayores para mejorar su calidad de vida. De hecho, ha sido galardonada recientemente con el Premio SENDA a la Iniciativa Innovadora, que reconoce el esfuerzo de empresas e instituciones por mejorar la calidad de vida de las personas mayores y en situación de dependencia, así como por fomentar la autonomía personal y el envejecimiento activo.

SIMPLIT (www.simplit.es) es un sello que garantiza que los bienes y servicios son fáciles de utilizar por los consumidores de todas las edades. Algunos ejemplos de aplicación de SIMPLIT en productos y entornos de la vida diaria son facilitar la lectura de las instrucciones de los electrodomésticos o la destreza en el uso de nuevas tecnologías, adecuar el mobiliario teniendo en cuenta la regulación de la altura y profundidad de los armarios y los estantes o mejorar la disposición de las superficies de trabajo en la cocina. En la actualidad ya existen productos SIMPLIT en diversos sectores, desde pavimentos y mobiliario, hasta sistemas operativos, pasando por teléfonos móviles y sistemas de teleasistencia.

¿Existe algún proyecto o idea que le gustaría desarrollar pero que, por circunstancias, aún no ha podido?
Son muchas, por supuesto. Entre ellas, destacaría la oportunidad de desarrollar proyectos que formen a las personas mayores en consumo para la calidad de vida. Con UDP hemos realizado algunas iniciativas con este objetivo y creo que un desarrollo extenso de las mismas, abarcando los principales bienes y servicios de consumo, tendría un impacto importante en la calidad de vida de estos ciudadanos y en la competitividad de las empresas, que se verían estimuladas por un consumidor más exigente.

Póngase en la piel de una persona dependiente, ¿cuáles serían sus principales reivindicaciones?
Tener la seguridad de que mantendré una calidad de vida básica a lo largo del resto de mi existencia, considerando lo complejo y subjetivo del término ‘calidad de vida’.

¿Cómo y en qué entorno le gustaría envejecer?
En mi entorno habitual, participando activamente y aportando valor a quienes me rodean.

¿Qué le pide a 2012?
Que de la mano de la crisis sistémica que vivimos empecemos a entender que, para preservar el estado del bienestar y nuestra calidad de vida, hemos de abordar con decisión y urgencia cambios en la manera de entender, tanto la innovación y la economía como nuestra propia manera de vivir.


Viernes, 3 de Febrero 2012

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