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"El dolor es muy frecuente en ancianos y está poco, mal o no tratado"


José Ramón Rodríguez. Vicepresidente de la Sociedad Española de Médicos de Residencias (SEMER)



¿El dolor es más frecuente en las personas mayores?

El dolor es muy frecuente en ancianos y está poco, mal o no tratado. Conocer la cifra exacta es complicado. No conozco ningún estudio, entre otras cosas, porque a los ancianos no se les estudia, no se les incluye en los estudios. Algo que es patético, más que nada porque muchos vamos a llegar a ser mayores, y por egoísmo puro deberíamos hacer algo.

 

¿Cuáles son los tipos más frecuentes?

Fundamentalmente dolor del aparato locomotor, dolores osteomusculares. Las reinas de los dolores son las artrosis, que sobre todo las sufren las mujeres, y se trata de patologías que producen dolor invalidante, alienante, que empeora mucho la calidad de vida y produce mucha dependencia. También están las enfermedades que clásicamente se han relacionado con dolor, como el cáncer, y el dolor por afectación nerviosa. La cuestión fundamental es que hay que diagnosticar bien y tratarlo. 

 

¿Es difícil diagnosticarlo?

No, lo que ocurre es que a veces el paciente no nombra si tiene dolor o no, porque asume que su enfermedad o que el envejecer o el morir inevitablemente pasan por tener dolor. Además, tiene miedo a decir que tiene dolor porque inevitablemente piensa que se va a asociar a una enfermedad que lo va a matar. Entonces, se entra en un círculo vicioso. 

 

¿En la valoración inicial que se hace a los mayores cuando entran en una residencia se contempla si existe o no dolor?

En la valoración geriátrica se valora la capacidad física, la funcional y la situación social, económica y familiar. Y, por supuesto, tenemos que preguntar qué le duele, dónde, cuánto y por qué,  y tratar, sino no se puede la causa, el síntoma.

Un inconveniente de las personas mayores es que, en ocasiones, tienen demencia y no se queja al uso y entonces hay que utilizar aquellas escalas que miden los signos indirectos de dolor. En 2015 fue validada, en España, la escala de dolor Painaud para paciente con deterioro cognitivo.

 

¿Cómo se aborda el dolor en estos pacientes institucionalizados?

El tratamiento del dolor en estas personas mayores se basa en la escala de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que tiene tres peldaños según el grado de dolor o la patología: el primer escalón es el paracetamol, el segundo son los opioides débiles (codeína, tramadol) y el tercero la morfina y derivados. 

Asimismo, hay fármacos que llamamos coadyuvantes que potencian la acción de los analgésicos. Por ejemplo, antidepresivos en el dolor neuropático: la floursetina se utiliza porque es de primera elección en el tratamiento del dolor y se va modificando y añadiendo fármacos según la respuesta que tenga el paciente, hasta que consigamos quitarle el dolor.

 

¿Se emplean también medidas no farmacológicas? 

Por supuesto, hay tratamientos no farmacológicos muy efectivos, desde poner calor local, ondas cortas, electroterapia hasta la manipulación por los fisioterapeutas. En las residencias hay o debe haber fisioterapia y terapia ocupacional. 

Existe un tratamiento muy efectivo que se llama TENS (estimulación eléctrica trascutánea), que consiste en la aplicación de corriente eléctrica en la zona dolorida. La potencia e intensidad de la estimulación se va regulando hasta que se elimina el dolor. 

Otra medida que he intentando ofrecer en las residencias de mayores es la acupuntura, ya hay una oficialidad en las escuelas de acupuntura y se establecen unos protocolos de ciclos, frecuencias y suele ir bien a los pacientes.

 

¿Se deriva a los mayores a las Unidades del Dolor?

Sí, cuando el dolor es refractario se derivan a hospitales con servicios de geriatría potentes y con Unidades del Dolor adecuadas. Asimismo, también se llevan a  al campo de paliativos, cuando el enfermo tiene una expectativa de vida de entorno a los seis meses o cuando precisa cuidados continuos, es decir, cuando el paciente está en fase final de su enfermedad, no se sabe cuánto va a sobrevivir, por ejemplo una demencia, y esa demencia no se puede curar, por lo que se tiene que paliar, aplicando tratamiento para aquellas complicaciones que van surgiendo. 

 

¿Cree que se está suficiente concienciado con respecto a la eliminación del dolor?

Cada vez son más los profesionales, sobre todo médicos y enfermeras, que somos los que nos enfrentamos el problema día a día, que estamos concienciados sobre la importancia de controlar el dolor. Sabemos que es necesario pringarse bien en el tratamiento del dolor; si el dolor es refractario derivar a la unidad del dolor y si, aún así, no se controla recurrir a la sedación. La sedación es una medida efectiva cuando el tratamiento farmacológico habitual no responde. 

 

¿En las residencias se cuenta con todas las herramientas suficientes?

En las residencias lo que falta, aunque se va corrigiendo poco a poco, es el acceso a determinados medicamentos que son de uso exclusivo hospitalario.

 

En su opinión, ¿qué debería mejorarse en el tratamiento del dolor?

Es fundamental ser consciente de que el dolor es la principal causa de empeoramiento de calidad de vida de las personas mayores, por lo tanto, es una prioridad absoluta tratarlo, no debe haber ninguna excusa para no tratarlo. Por otra parte, debe haber una sincronización, que ya la está empezando a haber, entre hospitales y residencias para que el tema se agilice, para que se den soluciones eficaces a los problemas de los pacientes.

Por Carmen Moreno



Martes, 7 de Marzo 2017

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