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¿El párkinson tiene tratamiento definitivo?




¿El párkinson tiene tratamiento definitivo?
El párkinson se produce porque las neuronas encargadas de fabricar dopamina comienzan a desaparecer. Esta falta de dopamina, hormona y neurotransmisor que entre otras funciones coordina el movimiento, provoca la enfermedad. Aunque se sabe el proceso, se desconocen las causas de la desaparición de estas células neuronales, lo que impide que se realice un diagnóstico más certero y una solución definitiva al problema.

El origen es multifactorial. Se están estudiando distintos factores, pero actualmente hay una que cobra especial importancia: la genética. No obstante, la causa genética solo explicaría un 3 % de los casos. El resto se achaca a agentes medioambientales y a hábitos de vida. Por ejemplo, hay estudios que vinculan la exposición continuada a pesticidas con esta patología.

A día de hoy, esta patología degenerativa y crónica no tiene curación, pero existen tratamientos muy eficaces que retardan su desarrollo y permiten a los pacientes tener una vida normal durante, al menos, cinco años (hay personas que prolongan esta etapa). Luego pasarán a una fase en la que se producirán fluctuaciones, es decir, habrá momentos del día en que se encuentren mejor y otros peor. Pero paliar este desequilibrio se está investigando en nuevos tratamientos alternativos a la terapia convencional.

Entre ellos se encuentran los siguientes:

Cirugía. Mediante esta técnica se colocan unos electrodos en el cerebro, que conectados a un sistema (parecido a un marcapasos), emiten una frecuencia predeterminada con el fin de programar las neuronas del núcleo subtalámico para que funcionen de forma ordenada. Si esto se consigue, los síntomas de la enfermedad se controlan. Según el doctor Linazasoro, “la cirugía se indica a pacientes menores de 70 años, que estén cognitivamente bien, que no tengan ninguna enfermedad general y que hayan agotado los recursos farmacológicos”. La cirugía tiene un 1 o 2 % de riesgo de que ocurra una hemorragia, por eso se reserva para personas que van a mejorar mucho y que ya no van a conseguir grandes progresos con los fármacos.
Infusión subcutánea con apomorfina. La apomorfina es un fármaco dopaminérgico que actúa aumentando la dopamina en el cerebro y reduciendo los síntomas.
Administración de un gel con levodopa, a través de una sonda que va directamente al estómago y al intestino. La levodopa es el fármaco más potente y eficaz que existe para el párkinson. La neuróloga Rosario Luquín aclara que tanto la infusión con apomorfina y la administración del gel de levodopa proporcionan un estímulo constante para que el cerebro no se quede sin dopamina.

Actualmente, se buscan mejores formulaciones de levodopa, porque a pesar de su eficacia la duración de su efecto es corta y tiene efectos secundarios, uno de los más frecuentes, el trastorno del control de impulsos, pero también ludopatía, adicción al sexo, a las compras... (niveles altos de dopamina se relacionan con las adicciones).

Asimismo, se están aunando esfuerzos para encontrar un tratamiento que sea protector y frene la progresión de la enfermedad. “A día de hoy no existe un fármaco que sea protector de la enfermedad 100 %. Existen algunas evidencias, como un fármaco que se llama rasagilina, que lo utilizamos mucho, que puede hacer que la enfermedad vaya más despacio, pero son evidencias no contribuyentes”, explica Linazasoro.

Por otro lado, están las terapias experimentales asociadas con experimentación con células madre, con terapia génica. En este campo se está avanzando a buen ritmo, por tanto se espera que, en unos años, forme parte del arsenal terapéutico contra el párkinson. Actualmente, los investigadores que trabajan en este ámbito, como es el caso del doctor Linazasoro, intentan obtener neuronas dopaminárgicas a partir de células madre, que pueden ser embrionarias o reprogramadas. Para ello, extirpan un pedacito de piel al paciente y a esas células de la piel le insertan cuatro genes (cuatros factores de transcripción) que actuarán engañando el reloj biológico de esa célula adulta y llevándola a un estadio que se parece mucho al estadio embrionario o pruripotente; de ahí que se llamen células HPS (células Somáticas Pluripotentes Inducidas). Esas células pluripotentes se ponen en condiciones de cultivo y se les va conduciendo hacia la formación de neuronas dopaminérgicas, que son las que faltan en el párkinson. La ventaja de trabajar con células madre es que esas neuronas dopaminérgicas que se han obtenido tienen la información genética del paciente y no va a haber rechazo.

De momento, se encuentra en fase experimental, “hay que mejorar mucho la tecnología y la eficiencia antes de que se pueda aplicar a pacientes”, manifiesta este experto. Pero es un paso más. E insiste en que “la cirugía de colocar células es menos arriesgada que la de poner el estimulador, porque se sitúan en una parte del cerebro que es mucho más accesible que el subtálamo”.

En cualquier caso, lo que queda claro es que el campo que se abre por delante es muy esperanzador.


Jueves, 11 de Abril 2013

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