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"Estamos trabajando en Desatar 2.0, un programa que permite que los centros sean más amigables para las personas con demencia”


Esta año, el Premio SENDA al Profesional del Sector ha sido para Antonio Burgueño, médico internista que hace más de 15 años observó que las sujeciones físicas en las personas mayores y con demencia se había convertido en un fenómeno de gran prevalencia en España (era el país donde más se empleaban). Motivado por la idea de que un cambio de paradigma en el cuidado era posible, inició el programa Desatar, bajo el paraguas de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (Ceoma). A pesar de reconocer que los comienzos no fueron tan fáciles como suponía, “pensé que moriríamos de éxito en los cinco primeros años”, sostiene que el programa Desatar “ha sido una revolución transformadora; el disparador de una reflexión, que antes de su existencia no se daba”. Además, Burgueño no se ha rendido ante las dificultades y sigue creyendo que se puede vivir bien con demencia. Para ello, ha emprendido un nuevo reto: Desatar 2.0, un programa que permite que los centros sean más amigables para las personas con demencia. Por su labor y esfuerzo en la atención a las personas mayores o en situación de dependencia, ¡enhorabuena por este premio!



Por Carmen Moreno

ENTREVISTA
Antonio Burgueño Torijano. 
Director técnico del programa “Desatar al Anciano y al Enfermo de Alzheimer” de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (Ceoma).


¿Qué supone para usted recibir un premio de estas características?

Me dijeron que fueron profesionales del sector los que eligieron mi candidatura para el premio, lo que me llena de orgullo como profesional, y especialmente porque es un reconocimiento a lo que hago, y muestra que ese trabajo ha calado en el sector. Es de agradecer que SENDA incentive a los profesionales y muestre interés por sus trabajos.

Hace 16 años que se puso en marcha el programa Desatar al Anciano y al Enfermo de Alzheimer. ¿Con qué objetivos nació esta iniciativa?
Nació con un objetivo principal de “morir de éxito”, un objetivo que no se ha alcanzado. El éxito hubiera sido la erradicación total del uso de sujeciones en la atención a las personas mayores en general y en las personas con demencia en particular y, por tanto, que a estas alturas todos los centros fueran libres de sujeciones. Que no se haya logrado nos enseña que el uso de sujeciones es un fenómeno muy complejo, y no solo una cuestión estrictamente técnica.

¿Cómo valora su evolución?
Hemos aprendido mucho sobre el fenómeno de las sujeciones en España, y se han sumado muchos profesionales al empeño, así como representantes de la sociedad. De hecho, la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (Ceoma) ha sido la promotora del Programa Desatar desde su origen. Y hoy día se puede decir que todas las organizaciones de mayores de España y todas las asociaciones de familiares de personas con demencia, se han sumado a la exigencia de erradicar esa práctica del ámbito asistencial. 

Comenta que, en sus inicios, pensó que sería más fácil conseguir este objetivo. ¿Cuál cree que ha sido el inconveniente o inconvenientes principales?
Al principio pensaba que era una cuestión técnica, y he aprendido que es una cuestión sobre todo de mentalidad y actitudes, con muchos conflictos de intereses asociados. En un contexto cultural proteccionista, como es el español, los miedos han sido determinantes de las resistencias que se han encontrado. 

Para conseguir que los centros libres de sujeciones se extiendan por España, en los últimos años han surgido dificultades nuevas, y es que se comenzó a certificar a centros por el simple hecho de trabajar para reducir el uso de sujeciones, e incluso se dan puntos para los conciertos por lo mismo, y todo ello se ha equiparado al mérito de lograr ser un centro libre de sujeciones, cuando el mérito no es el mismo, y no es igual la transformación que se produce. 

¿Cómo ha avanzado el sector sociosanitario en este aspecto? La atención centrada en la persona ¿es ya una realidad?
La atención centrada en la persona es el modelo a seguir, si bien es cierto que su aplicación efectiva está siendo lenta. Y eso, en gran medida, se debe a que la proporción de personas con demencia en las residencias es muy alta, y que las demencias suponen una dificultad técnica seria para aplicar ese modelo, no solo por la demencia en sí, sino por las aproximaciones dominantes para manejar los retos de seguridad y de conductas desafiantes que las personas que las padecen nos plantean, como es el caso del uso de sujeciones físicas y el uso de sujeciones farmacológicas. Las restricciones extremas son una barrera insalvable para la aplicación de la atención centrada en la persona, así como los déficits que se acumulan en los centros donde esas aproximaciones han sido las dominantes durante mucho tiempo.

¿Y qué cree que ha supuesto el programa Desatar para el sector?
Creo que ha sido una revolución transformadora. Ha sido el disparador de una reflexión, que antes de su existencia no se daba. Ha supuesto un cambio de mentalidades y está suponiendo un cambio de actitudes. Ha supuesto hablar abiertamente de un asunto que hace 15 años era un tema tabú. Los centros libres de sujeciones, que son decenas, repartidos por toda la geografía española, permiten ver para creer, y nos enseñan las ventajas de trabajar sin sujeciones, y que el esfuerzo de erradicarlas, supone beneficios, no solo para las personas objeto de atención, sino también para los profesionales y para las organizaciones. “Todos ganan”, ese era uno de mis lemas al principio, y se ha comprobado que es cierto. 

¿Cómo describiría la situación actual en el cuidado de las personas mayores y dependientes?
Desde mi punto de vista, la situación actual es de profunda transformación, en un sector en que dicha transformación es muy necesaria, no solo por las deficiencias acumuladas, sino porque la realidad de las necesidades y de la demanda asistencial también están cambiando rápidamente. En el año 2010, según mis datos, la proporción de personas con demencia en residencias era de un 40 %, y hoy día supera el 60 %, y en muchos casos el 70 %, lo que ha incorporado retos de transformación especiales.

El sector de residencias está viviendo un fenómeno interesante, que hay que ver cómo afectará a la calidad asistencial de las personas mayores. Me refiero a la entrada de capital extranjero adquiriendo cadenas enteras de centros. Ahora, al frente de algunas grandes cadenas antiguas españolas me encuentro con nuevos gestores, cuya actitud es diferente a la de los anteriores en materia de algunos aspectos de calidad asistencial y mejoras de las condiciones de vida de las personas mayores en las residencias. Por ejemplo, algunas han perdido el interés por seguir logrando centros libres de sujeciones, y no aprecian ese estándar, cuando era algo que había calado en la cultura de los gestores anteriores. Estaremos expectantes con esas actitudes, y los resultados que puedan tener.

¿Es necesaria más concienciación y formación? 
Yo creo que la concienciación no es necesaria, ya existe suficiente. Pero sí es cierto que, para salir de las deficiencias que se han acumulado y la aún pobre adaptación a la realidad de la demanda, es necesaria formación especial, con enfoque estratégico, en términos de poner el énfasis en aquello que ayudará a la transformación. Nosotros ahora estamos trabajando en lo que llamo el Desatar 2.0, un programa denominado “centros más amigables para las personas con demencia”, que pone el foco en la transformación necesaria para adaptar los centros y las organizaciones a las necesidades de la casuística dominante en ellos, y para que sean capaces de abandonar las aproximaciones dominantes negativas prevalentes.

¿Hay suficientes inspecciones que valoren este aspecto del cuidado? 
Los servicios de inspección suelen estar pobremente dotados, hasta el punto de que en muchas comunidades autónomas solo inspeccionan centros que han sido objeto de una reclamación, y además no cuentan con un marco legal suficiente para poder entrar a examinar ciertas prácticas. Este es un problema que se debe ir solventando, y ya se comienzan a ver algunos cambios.

No atar a la persona mayor y/o dependiente tiene importantes beneficios demostrados. ¿Cuáles destacaría?
No atar a una persona mayor significa que puede preservar más tiempo sus funciones, significa que no será víctima de los efectos deletéreos del inmovilismo excesivo, significa que mantendrá una mayor sensación de control sobre su propia vida, con el impacto que ello pueda tener en preservar la dignidad hasta el final, y también significa que podrá ser objeto de una atención centrada en la persona real. 

El uso de sujeciones no solo tiene efectos negativos sobre la persona sujetada, 



Lunes, 25 de Noviembre 2019

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