Dependencia y discapacidad - proveedores, residencias, sector sociosanitario,
Balance Sociosa Balance Sociosa

Síguenos en:
Facebook
Twitter
YouTube




Fragilidad: reto y oportunidad


El envejecimiento de la población puede considerarse un éxito de las políticas de salud pública, así como del desarrollo social y económico. Sin embargo, añadir años a la vida no significa necesariamente vivir mejor. El principal objetivo de los profesionales sociosanitarios que cuidan de las personas mayores es favorecer el aumento de la esperanza de vida en buena salud o libre de discapacidad. Al respecto, la prevención y actuación temprana en fragilidad se ha convertido en uno de los mayores retos del sistema de bienestar para evitar la dependencia. Lo más significativo de esto es que la fragilidad es un estado de prediscapacidad, prevenible y tratable. La clave está en el ejercicio físico.



Por Esther Eugenio

La pérdida de salud es la principal preocupación de las personas mayores, y lo es por sus consecuencias en términos de discapacidad y pérdida de autonomía. Las personas mayores tienen un mayor riesgo de volverse frágiles y de desarrollar discapacidad asociada al envejecimiento, con la consiguiente pérdida de calidad de vida que ello conlleva. Este hecho impacta en el bienestar social y en la sostenibilidad de los sistemas de salud, por lo que afrontar la fragilidad de manera adecuada proporciona más años de vida al paciente, asegura una mayor calidad de vida y conlleva también una mayor eficiencia en el uso de los recursos sociosanitarios. 

La fragilidad es, actualmente, un importante reto de salud pública. Se estima que entre un 7 y un 12 % de los mayores de 65 años (alrededor de un millón) están en una situación de fragilidad que les hace más vulnerables a sufrir accidentes. Una situación que es más frecuente en las mujeres y que aumenta con la edad. Esta condición también está relacionada con otros resultados adversos, tales como: caídas, polifarmacia, uso de consultas médicas, hospitalización e institucionalización. La parte positiva es que la fragilidad tiene solución. Diversos estudios demuestran que ésta es reversible en muchos casos y, por tanto, es el principal factor sobre el que actuar para promover un envejecimiento libre de discapacidad.

Para el doctor Nicolás Martínez Velilla, jefe del Servicio de Geriatría del Complejo Hospitalario de Navarra, “es tan evidente la importancia de la detección de los ancianos frágiles, que lo primordial es realizar intervenciones que permitan revertir o, al menos, paliar dicha situación clínica”. Lo mismo opina el doctor Javier Martínez Peromingo, geriatra del Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles (Madrid) y coordinador del Programa del Paciente Frágil: “Dada la alta prevalencia y la gravedad de los efectos adversos asociados a la fragilidad, la detección debe ser una prioridad, especialmente en Atención Primaria, aprovechando cualquier posible contacto entre el paciente y el Sistema Nacional de Salud”. Martínez Peromingo advierte, además, sobre las señales de alarma que obligan a actuar: “Muchas veces los primeros signos son la incapacidad para realizar actividades que antes hacíamos o el hecho de encontrarnos cansados con frecuencia”.

¿Por qué es tan importante?
En primer lugar, como explica el doctor Martínez Peromingo, “debemos distinguir entre los cambios que se producen con el envejecimiento normal de lo que es patológico”. En este sentido, señala que “la fragilidad es un proceso dinámico, pero una transición a un nivel de fragilidad mayor es más común que una mejora, por ello es tan importante la prevención con hábitos de vida saludables y la práctica de ejercicio físico regular. Todos conocemos la historia del paciente mayor que está bien y comienza a entrar en esa espiral de catástrofe”. Entre los principales factores asociados con la fragilidad se encuentran la edad, el sexo femenino, el grupo étnico, la educación, las enfermedades cardiovasculares, el número de comorbilidades, la incapacidad funcional, la mala autoevaluación de la salud, los síntomas depresivos, la función cognitiva, el índice de masa corporal y el consumo de tabaco y alcohol. 



 
­FRAGILIDAD 
Síndrome fisiológico caracterizado por la disminución de las reservas y reducción de la resistencia a los estresores, resultado de una declinación acumulativa de sistemas fisiológicos que provoca vulnerabilidad para resultados adversos de salud”




En opinión del doctor Martínez Velilla, la complejidad clínica del síndrome de fragilidad se debe, “por un lado, a la inexistencia de una definición universal y, por otro, a los numerosos factores fisiopatológicos que la condicionan. La influencia de la fragilidad es bidireccional en muchísimas entidades clínicas, favoreciendo tanto su aparición como, por otro lado, aumentando la vulnerabilidad con las patologías asociadas”. Si hablamos de números, “la prevalencia de este síndrome aumenta de manera exponencial a medida que se envejece, desde un 3,2 % a los 65 años a un 16,3 % en los mayores de 80 años y un 23,1 % a los 90 años”, subraya este experto. “Y como este síndrome va ligado a la edad y la población está envejeciendo es lógico pensar que estos datos no van a hacer más que aumentar”, agrega Martínez Peromingo.

El impacto del envejecimiento en el gasto sanitario también es importante. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima una media de crecimiento del gasto público asociado al envejecimiento, en sanidad y cuidados de larga duración, de unos 3,5 puntos de PIB para 2050. Según esta misma estimación, en España estas cifras se situarían en 1,6 y 0,9 puntos más del PIB, respectivamente. En concreto, el doctor Leocadio Rodríguez Mañas, jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Universitario de Getafe y director del Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Fragilidad y Envejecimiento Saludable (CIBERfes), resalta que “aproximadamente un sujeto frágil o prefrágil viene a suponer en costes para el sistema entre 3.500 y 5.000 euros por persona y año”. Para reducir este coste, el crecimiento en la esperanza de vida en buena salud debería de ser proporcional al crecimiento de la esperanza de vida media.

Y es que, como declara el doctor José Viña Ribes, director del Grupo de Investigación en Envejecimiento y Ejercicio Físico del Incliva y catedrático de Fisiología de la Universitat de València, “durante el transcurso del siglo XX, hemos pasado de una esperanza de vida que no llegaba a los 35 años a casi 100. por eso, lo más importante ahora es que nos centremos en aumentar la calidad de esa vida”. Para ello, es fundamental la detección precoz mediante la realización de pruebas tan sencillas como medir la velocidad de la marcha, la pérdida involuntaria de peso, la fuerza de prensión de la mano o test más completos como el SPPB (Short Physical Performance Battery o Test de Guralnik), que permite monitorizar a lo largo del tiempo la evolución del sujeto y predice significativamente el desarrollo de dependencia, tanto en las actividades de la vida diaria como en la movilidad a cuatro años.


La atención en el sistema sanitario español
El Documento de consenso sobre prevención de fragilidad y caídas en la persona mayor, aprobado por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud el 11 de junio de 2014, señala a Atención Primaria como el medio asistencial idóneo para la detección y manejo de la fragilidad, en coordinación con los recursos especializados geriátricos y hospitalarios oportunos. Y en esta línea se expresa el doctor Martínez Velilla: “La mayor parte de los pacientes permanecen en el ámbito de la Atención Primaria y, por tanto, es quien debe detectar y manejar inicialmente dichas situaciones de fragilidad, discapacidad o dependencia. Además, debe existir coordinación con los especialistas de geriatría para coordinar y optimizar el manejo diagnóstico-terapéutico. De hecho, muchas de las premisas que se necesitan se basan en los conocimientos que ha aportado la medicina geriátrica a lo largo de los últimos años, por lo que deberían de ser los líderes en marcar la transición clínica”.

El doctor Martínez Peromingo va un paso más allá, asegurando que “se necesitan nuevas investigaciones para desarrollar métodos más eficientes para detectar y evaluar la fragilidad como parte de la práctica clínica habitual, sobre todo en Atención Primaria. Esta información nos permitirá saber, por ejemplo, qué personas mayores tolerarán mejor determinados procedimientos o medicamentos invasivos y sería la base de un cambio de paradigma en el cuidado de las personas mayores frágiles hacia una atención dirigida más adecuada. Nuevas super- especialidades como la Oncogeriatría o la Cardiogeriatría han surgido como respuesta a esta necesidad”. 

 

El doctor Martínez Peromingo va un paso más allá, asegurando que “se necesitan nuevas investigaciones para desarrollar métodos más eficientes para detectar y evaluar la fragilidad como parte de la práctica clínica habitual, sobre todo en Atención Primaria. Esta información nos permitirá saber, por ejemplo, qué personas mayores tolerarán mejor determinados procedimientos o medicamentos invasivos y sería la base de un cambio de paradigma en el cuidado de las personas mayores frágiles hacia una atención dirigida más adecuada. Nuevas superespecialidades como la Oncogeriatría o la Cardiogeriatría han surgido como respuesta a esta necesidad”. 

Martínez Peromingo denuncia, además, que “antes del diagnóstico completo de fragilidad por parte del especialista clínico, se necesita un consenso sobre a quién examinar. Los posibles enfoques incluyen la detección de todas las personas mayores de cierta edad que entran en contacto con el SNS, como ocurre en el sistema de salud inglés, o detección basada en criterios seleccionados como edad, condiciones médicas seleccionadas, trastornos psicosociales, caídas o discapacidad funcional, uso elevado del sistema y cambio en una situación de vida, como pasar de un alojamiento independiente a un alojamiento asistido”. Por eso, “el objetivo para el futuro es conseguir un sistema sostenible capaz de integrar necesidades médicas y sociales, porque no basta con vivir más, eso ya lo hemos conseguido. Ahora debemos centrar nuestros esfuerzos en vivir mejor”.


Ejercicio físico: la mejor terapia
Las principales intervenciones que han demostrado su eficacia para prevenir e, incluso, revertir el síndrome de fragilidad son el ejercicio físico y la valoración geriátrica multidimensional, seguida de la intervención sobre los principales síndromes geriátricos, con énfasis en el estado nutricional (asegurando una ingesta proteica suficiente), la hidratación y un ajuste adecuado de la medicación. Centrándonos en el primero, en los últimos años, los beneficios del ejercicio físico en el envejecimiento y, específicamente, en la fragilidad han sido objeto de múltiples estudios y ensayos clínicos. Tanto es así que recientemente una de las revistas médicas más prestigiosas comentaba que los médicos deberían prescribir el ejercicio físico como si fuese un fármaco, sobre todo porque su impacto sobre la salud supera muchos de los fármacos que se prescriben habitualmente.

De manera más concreta, el tipo de ejercicio físico más beneficioso en el anciano frágil es el denominado multicomponente. Este tipo de programas combina entrenamiento de fuerza, resistencia, equilibrio y marcha y es el que ha demostrado más mejorías en la capacidad funcional, que es un elemento fundamental para el mantenimiento de la independencia en las actividades básicas de la vida diaria de los ancianos. Y así lo indica el doctor Viña Ribes: “El ejercicio físico programado, individualizado y controlado por personas expertas es una herramienta con un enorme potencial en el manejo de la fragilidad”. Como ejemplo, un reciente ensayo clínico desarrollado en colaboración con el doctor Francisco José Tarazona, geriatra del Hospital de La Ribera, que ha logrado disminuir en un 45 % el número de visitas a los centros de salud. “Un dato muy relevante por el ahorro en gasto sanitario que puede representar”, apunta.

En la misma línea, se pronuncia el doctor Rodríguez Mañas, quien asegura que “nadie puede discutir que la práctica regular de ejercicio físico es la principal arma de la que ahora disponemos para mejorar, atacar y prevenir la fragilidad. Ya hay estudios que confirman que las estrategias dirigidas a tratar la fragilidad mediante programas de ejercicio son no sólo efectivas, sino coste-efectivas, es decir, cuestan muy poco y producen una ganancia muy grande”. Sin ir más lejos, los primeros resultados del proyecto Frailclinic, coordinado por el Hospital Universitario de Getafe, señalan que el ejercicio físico disminuye, aproximadamente, en un 30 % el riesgo de desarrollar deterioro funcional a un año. Por tanto, “la promoción de la actividad física es una herramienta de primerísima orden si queremos luchar contra la discapacidad, si no lo hacemos así tenemos la batalla perdida”, concluye este experto. 

 

 
PROYECTOS

Hospital Universitario de Getafe 
• FRAILCLINIC

El objetivo principal del estudio, ejecutado entre febrero de 2014 y marzo de 2018, ha sido la evaluación de la viabilidad y efectividad de un programa diseñado para diagnosticar y manejar ancianos frágiles en ambientes hospitalarios de alto riesgo (Cardiología, Oncología/Oncohematología, Nefrología, Cirugía general, Urología, Cirugía Cardiaca y Urgencias), con el fin de evitar el deterioro funcional y la progresión a la discapacidad, así como los diferentes eventos adversos asociados a la fragilidad que elevan el coste sanitario (caídas, delirium, infecciones, polifarmacia, estancia hospitalaria prolongada, reingresos, muerte, etc.). 


• FRAILOMIC
Trata de encontrar marcadores analíticos (“ómicos” y clásicos) y clínico-antropométricos del riesgo de padecer fragilidad, marcadores que sirvan para diagnosticar con la mayor precisión posible la fragilidad y marcadores que nos indiquen el riesgo de que las personas ancianas frágiles desarrollen dependencia funcional.


• FRAILTOOLS
El objetivo es evaluar la utilidad de las herramientas que tenemos en la actualidad para el diagnóstico del síndrome de fragilidad en el anciano, tanto a nivel clínico como en la esfera social. El proyecto se lleva a cabo en el ámbito hospitalario en el Servicio de Geriatría, en Atención Primaria y en residencias de mayores. A través de estas herramientas se diseñarán algoritmos diagnósticos secuenciales para utilizar en la práctica clínica.


Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA 
• El Grupo de Investigación en Envejecimiento y Ejercicio Físico de INCLIVA y de la Universitat de Valencia ha comparado en ratones y en términos de fragilidad el estilo de vida sedentario frente a un estilo de vida activo. Los resultados muestran que el ejercicio físico retrasa de forma muy significativa la aparición de este síndrome vinculado a la edad. En este estudio, con 100 pacientes frágiles, la mitad de ellos realizó un programa de ejercicio físico multicomponente, cinco días a la semana, durante seis meses. El programa no solo revirtió la fragilidad, sino que mejoró parámetros cognitivos, emocionales y sociales. Del mismo modo, redujo de forma significativa el número de visitas al Centro de Atención Primaria de los pacientes. 


Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz 
• PROGRAMA DEL PACIENTE FRÁGIL

Replicado igualmente en los hospitales Rey Juan Carlos (Móstoles), Infanta Elena (Valdemoro) y General de Villalba. El objetivo es evitar el deterioro funcional en los pacientes mayores ingresados durante su estancia hospitalaria por una enfermedad o problema de salud para que su situación funcional al alta sea lo más parecida posible a la que tenían en el domicilio de forma previa a su hospitalización. El programa se basa en tres pilares: la identificación precoz de los pacientes que más riesgo tienen de presentar deterioro, la aplicación de una estrategia específica para evitar el deterioro funcional en el paciente y la implementación de un plan de prevención del delirium para disminuir el riesgo de cuadro confusional. Hasta el momento, se está obteniendo una disminución de más de un día en la estancia hospitalaria y una mortalidad un 2 % menor.


Complejo Hospitalario de Navarra 
• PREVENCIÓN DEL DETERIORO FUNCIONAL Y COGNITIVO EN PERSONAS MAYORES HOSPITALIZADAS

El objetivo principal es comprobar si a través del entrenamiento multicomponente se pueden obtener beneficios en las personas hospitalizadas en el Servicio de Geriatría, lo que abriría las puertas a que este tipo de asistencia se instaure en la práctica clínica diaria. Pese a los riesgos que supone una hospitalización para una persona mayor, este periodo se considera una oportunidad para modificar su trayectoria vital y establecer pautas para prevenir el incremento de su fragilidad mediante una intervención multidisciplinar y multiprofesional. Este ensayo clínico viene demostrando que el ejercicio controlado en personas mayores enfermas reduce en más de un 50 % el riesgo de sufrir discapacidad y deterioro cognitivo vinculados al fuerte impacto que suponen los ingresos hospitalarios en edades tan avanzadas. Las dos características esenciales del programa son que se aplica en personas muy mayores (la edad media de los participantes es de 87 años) y que se trata de pacientes con un proceso agudo que ha originado su ingreso hospitalario, normalmente infecciones respiratorias (neumonía) o insuficiencia cardíaca.


Viernes, 22 de Junio 2018

Nota



En la misma sección...
< >

Jueves, 14 de Junio 2018 - 11:05 Primaria reivindica la mejora de la especialidad