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Higiene como reto de seguridad del paciente


La higiene es el conjunto de acciones que permiten una mejor defensa frente a las enfermedades, a proporcionar el aseo corporal y la comodidad del paciente. Entendemos, por tanto, que al hablar de higiene nos estamos refiriendo a todos los procedimientos de higiene y limpieza corporal y mucosas externas del paciente. Estos procedimientos deben tener como objetivo último la seguridad del paciente pero sin olvidar otros aspectos importantes también como el confort del enfermo, mejorar su calidad de vida prestando especial atención a todo aquello que pueda indicar cuál es su estado, y evitar las enfermedades. Pero si esas labores de higiene no se realizan siguiendo los protocolos adecuados pueden producirse contagios microbianos que repercutirán en la salud del paciente. Ahí radica su importancia que tienen muy presentes los diferentes profesionales sanitarios encargados del cuidado e higiene del paciente.



Por Juani Loro

La higiene es clave para conseguir una mejora en la calidad de vida del paciente, para alcanzar su mayor seguridad y para evitar infecciones que son las causantes de complicaciones importantes en su estado de salud. Esta circunstancia no conforma hechos aislados ya que, a tenor de las últimas cifras sobre el asunto, las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria afectan a entre el 5 y el 10 % de los pacientes ingresados en los centros hospitalarios. En los últimos años, los centros sanitarios han comprobado las ventajas del uso de algunos métodos de higiene diferentes a los actuales. El concepto de higiene ha cambiado, porque también lo ha hecho la evidencia científica, y se ha pasado de centrarlo en la higiene con agua y jabón a una higiene sin agua. También, en los últimos años, ha cambiado no sólo la higiene a realizar en el paciente, también la ambiental señalando la importancia del entorno para evitar contagios e infecciones, tal como avalan las últimas evidencias científicas. Todos los cambios ponen en el centro al paciente y su seguridad. Para abordar estos asuntos se celebró en Madrid, el 9 de marzo, la I Jornada Científica AMEG-AMEP bajo el título Higiene del siglo XXI, un reto para la enfermería. Encuentro patrocinado por Arion en el que los profesionales pudieron conocer las novedades en protocolos de higiene que ya se están llevando a cabo en muchos centros hospitalarios de nuestro país y cómo esos cambios han traído ventajas notables tanto en limpieza como en seguridad. Encuentro que se justificó en el hecho de que la higiene es “uno de los mayores retos que se presentan para la enfermería, por lo que formarse, actualizar los conocimientos y compartirlos con otros profesionales” es esencial, según afirmó Javier Sebastián, del Colegio de Enfermería de Madrid. 
 

La presidenta de la Asociación Madrileña de Enfermería Preventiva (AMEP), Mª Luisa Rodríguez, recordó que 25.000 personas mueren por infecciones bacterianas multiresistentes cada año en Europa, lo que indica que “estamos ante un problema mundial de salud pública”. En España contamos con el Plan Estratégico y de acción PRAN (Plan Nacional Resistencia Antibióticos) que se estructura en seis líneas estratégicas: vigilancia, control, comunicación, prevención, investigación y formación. La presidenta puntualizó que el objetivo de la enfermería es “fomentar la calidad asistencial, exenta de daño, como seguridad del paciente”, recordando que la infección relacionada con la atención sanitaria es el segundo efecto adverso de la atención. Por su parte, el presidente de la Asociación Madrileña de Enfermería Geriátrica (AMEG), Juan Manuel Cuñarro, se mostró convencido de la necesidad de “aprender ya que nuestro fin último es garantizar la seguridad de nuestros pacientes y usuarios”. 
 

Lavado sin agua

Se ha producido el cambio de paradigma en lo que a higiene se refiere, pasando a utilizar métodos novedosos como el lavado sin agua. El enfermero, miembro de la Junta Directiva de AMEG y director de la residencia Monte Carmelo de Madrid, José Antonio García, explicó cuáles son las repercusiones de ese cambio en un centro sociosanitario. La técnica utilizada para atender al paciente encamado no ha avanzado demasiado en los últimos 150 años. Ya en el siglo XIX se consideraba necesario ofrecer higiene al paciente para contribuir a su curación y controlar la propagación de las infecciones y para proporcionar bienestar. La forma más habitual de proporcionar ese aseo es con agua, jabón y palangana, y se utilizan los mismos materiales aunque los protocolos varíen en función de cada centro. 
 

García reconoció que antes de implantar el sistema de lavado sin agua, desde el centro se plantean algunos interrogantes: ¿qué posibilidades de mejora hay en este procedimiento?, la palangana, ¿está suficientemente desinfectada en cada uso?, ¿cuántas veces se utiliza?, ¿cuántas veces se limpia?… Con respecto al agua que se utiliza en el lavado: ¿se cambia?, ¿cuántas veces?, ¿qué repercusiones puede llegar a tener su uso para el paciente en la generación de dermatitis o infecciones de orina?... “Nos planteamos más preguntas sobre si el jabón se aclaraba suficientemente en el paciente con agua limplia, o sobre el tiempo que necesitaría el profesional para realizar una técnica exquisita, para secar la piel, para hidratarla”. 
 

La técnica del lavado sin agua no es nueva, ya se utiliza en Estados Unidos desde los años 90 y está muy extendida en países nórdicos, donde registra buenos estándares de calidad. Y aunque García reconoció que la técnica no les gustaba a priori y que tenían varios miedos al implementarla, hoy están convencidos de su eficacia. 
 

Ellos utilizan toallitas en paquetes, cada una de las cuales se dedica a una parte concreta del cuerpo y luego se desecha. Unas toallitas que pueden calentarse en el microondas para conseguir un mayor confort del paciente. La ventaja más clara de su uso es “que en una sola pasada, limpiamos, reconfortamos e hidratamos”. Entre los parámetros de calidad que monitorizaron tras la implantación del lavado sin agua, reconocen que mejoró el estado de la piel del paciente, no se incrementaron las úlceras por presión, no había un mayor olor (el paciente está limpio), bajaron las infecciones del tracto urinario, los síndromes diarreicos no aumentaron, buena aceptación de todo el equipo, agilización del tiempo, menos esfuerzo para el profesional, y calidad para el paciente. Este lavado sin agua no exime del aseo en ducha que se realiza una vez a la semana. 
 

Este procedimiento de higiene sin agua también ha demostrado su eficacia en ámbitos tan especiales y concretos como la UCI. Rosario Burgos, enfermera de la UCI del Hospital Universitario Príncipe de Asturias, explicó su experiencia con un enfoque preventivo de infecciones. El paciente es el reservorio principal de microorganismos en el hospital, de él parten y contaminan al personal sanitario y a él llegan también esos microorganismos, pero, como aseguró Burgos, “el problema es mayor cuando hablamos de que se trata de un reservorio de patógenos multiresistentes, ya que muchos pacientes se mueren por estos patógenos en UCI, que no son la causa del ingreso”. Resaltó la importancia de prestar una atención especial a la higiene de los pacientes críticos, porque éstos están sometidos a diferentes procesos invasores que facilitan la entrada de microorganismos, rodeados de aparataje que también son reservorios de patógenos, por lo que es más susceptible a las bacteriemias, la infección nosocomial por patóneos multiresistentes, lo que incrementa los índices de mortalidad. 
 


El principal instrumento de trasmisión de microorganismos son las manos, de ahí la necesidad de que el profesional realice una higiene de manos correcta


Según datos de 2015, el 8,7 % de los pacientes adquieren una o varias infecciones dentro de la UCI. Aunque se ha mejorado mucho en los últimos años estas cifras son muy significativas”, explicó. Para dar respuesta a este problema surge el proyecto Resistencia Zero de la Sociedad Española de Medicina Intensiva Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC), con el objetivo de prevenir situaciones de emergencia o disminuir los casos de bacterias multiresistentes en los pacientes críticos. El proyecto se articula en torno a diez medidas de intervención que persiguen unos objetivos claros: “reducir las tasas de patógenos multiresistentes en infecciones adquiridas en UCI, facilitar el uso apropiado y racional de los antimicrobianos (antibióticos), la detección temprana y prevención de la colonización cruzada de patógenos multiresistentes (PMR) y la eliminación de los reservorios. Una de esas medidas (la número nueve) especifica la necesidad de incluir la higiene diaria de pacientes colonizados o infectados por bacteriasmultiresistentes con productos que contengan clorhexidina (al 4%)”. Burgos confirmó que existen evidencias científicas de que el baño con clorhexidina reduce las bacteriemias relacionadas con catéter en UCI (aunque no hay evidencia de que disminuya otro tipo de infección). 
 

En la UCI del Hospital Universitario Príncipe de Asturias utilizaban agua y un jabón que contenía clorhexidina al 4 %, pero ahora utilizan toallitas con clorhexidina al 2 %. Han realizado el cambio del baño tradicional con agua al baño con toallitas sin aclarado, en respuesta a las evidencias científicas que lo refrendan. 
 

El método de higiene con toallitas con GCH sin aclarado contempla, entre otros puntos, el lavado del paciente una vez al día (para descolonizarlo), si hay residuos orgánicos abundantes primero limpiar con agua y después aplicar las toallitas, utiliza toallitas calientes que se presentan en paquetes de seis unidades que cubre todo el territorio corporal, y cuando se han de recoger muestras para saber si el paciente está colonizado, se deben tomar previas a esta higiene. Burgos aseguró que este método “es muy confortable para el paciente ya que no se queda húmedo ni frío, es rápido y cómodo para el personal de enfermería, ha dado buenos resultados en el cuidado de la piel, no reseca ya que lleva incluida solución hidratante”. 
 

Ahondando en esas ventajas, la supervisora de calidad de enfermería y heridas crónicas del Hospital Universitario La Paz, Gema Yagüe, explicó que antes de implantar el proceso de higiene sin agua y sustituir el procedimiento tradicional, se pasaron dos cuestionarios a los pacientes y a los profesionales como paso necesario para elaborar un estudio que está en proceso. “Hoy contamos con dos opciones de lavado en cama: el tradicional (que según muchos estudios requiere de un tiempo de 45 minutos para recuperar el pH de la piel, un tiempo que implica un posible prejuicio para llevar a cabo su función protectora), y el realizado sin agua, utilizando toallitas que ha demostrado ser más rápido, más cómodo y con beneficios en los costes”, reconoció. El estudio que su centro está llevando a cabo se plantea diferentes objetivos como “comparar el grado de hidratación y el pH de la piel, disminuir la intensidad del dolor del paciente durante la higiene, comparar la calidad percibida del paciente y del profesional, y comparar los costes. Para realizar este estudio se ha utilizado una muestra de 102 pacientes de la primera y la tercera planta de traumatología y de la planta 5ª Diagonal de cuidados paliativos”. Hasta ahora, las conclusiones extraídas de esta experiencia hablan de que el control del confort, los cuidados para controlar el dolor y prevenir lesiones son significativamente más elevados en el procedimiento de higiene sin agua, y que “la satisfacción del profesional en cuanto al tiempo y comodidad del procedimiento de higiene sin agua es mayor respecto al convencional”. 
 

Higiene de manos 

La higiene de las manos del profesional sanitario es esencial para ofrecer un cuidado de calidad que no implique riesgos de contaminación bacteriana para ninguna de los dos partes. Es determinante para hacer frente a la microbia resistente, como aseguró la enfermera del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario Infanta Elena, Isabel Adillo. Son dos los métodos para realizar la higiene de manos: con agua y jamón, y por fricción con solución hidroalcohólica, aunque “siempre que haya suciedad visible hay que eliminarla con agua y jabón”. La higiene con solución hidroalcohólica tiene importantes ventajas para el profesional, como que reduce el tiempo que se emplea en realizar la higiene de manos. “Si con agua y jabón la higiene tiene una duración de entre 40 y 60 segundos, la solución hidroalcohólica reduce ese tiempo a los 20-30 segundos”, afirmó Adillo. Además, las manos se secan antes, por fricción. 
 

La Organización Mundial de la Salud considera cinco momentos en los que es imprescindible realizar la higiene de manos: antes del contacto con el paciente, antes de realizar una tarea aséptica (para prevenir el riesgo de inoculación), después del riesgo de exposición a líquidos corporales (para prevenir el riesgo de diseminación), después de tocar al paciente 


Las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria afectan a entre el 5 y el 10 % de los ingresados e incrementa la estancia hospitalaria en una semana


El estudio que su centro está llevando a cabo se plantea diferentes objetivos como “comparar el grado de hidratación y el pH de la piel, disminuir la intensidad del dolor del paciente durante la higiene, comparar la calidad percibida del paciente y del profesional, y comparar los costes. Para realizar este estudio se ha utilizado una muestra de 102 pacientes de la primera y la tercera planta de traumatología y de la planta 5ª Diagonal de cuidados paliativos”. Hasta ahora, las conclusiones extraídas de esta experiencia hablan de que el control del confort, los cuidados para controlar el dolor y prevenir lesiones son significativamente más elevados en el procedimiento de higiene sin agua, y que “la satisfacción del profesional en cuanto al tiempo y comodidad del procedimiento de higiene sin agua es mayor respecto al convencional”. 
 

Higiene de manos 

La higiene de las manos del profesional sanitario es esencial para ofrecer un cuidado de calidad que no implique riesgos de contaminación bacteriana para ninguna de los dos partes. Es determinante para hacer frente a la microbia resistente, como aseguró la enfermera del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario Infanta Elena, Isabel Adillo. Son dos los métodos para realizar la higiene de manos: con agua y jamón, y por fricción con solución hidroalcohólica, aunque “siempre que haya suciedad visible hay que eliminarla con agua y jabón”. La higiene con solución hidroalcohólica tiene importantes ventajas para el profesional, como que reduce el tiempo que se emplea en realizar la higiene de manos. “Si con agua y jabón la higiene tiene una duración de entre 40 y 60 segundos, la solución hidroalcohólica reduce ese tiempo a los 20-30 segundos”, afirmó Adillo. Además, las manos se secan antes, por fricción. 
 

La Organización Mundial de la Salud considera cinco momentos en los que es imprescindible realizar la higiene de manos: antes del contacto con el paciente, antes de realizar una tarea aséptica (para prevenir el riesgo de inoculación), después del riesgo de exposición a líquidos corporales (para prevenir el riesgo de diseminación), después de tocar al paciente y después del contacto con el entorno del paciente (para prevenir el riesgo de diseminación). La higiene correcta de manos en cada uno de esos momentos es la garantía de una asistencia limpia y segura. 
 

El principal instrumento de trasmisión de microorganismos son las manos, de ahí que el enfermero del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario La Paz, Daniel Abad, insistiera en la necesidad de realizar una higiene de manos correcta. Una higiene a medias o mal realizada puede tener consecuencias muy importantes para el paciente, puede originar que desarrolle infecciones. Las cifras son claras en este sentido, aclaró Abad, “las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria afectan a entre el 5 y el 10 % de los ingresados e incrementa la estancia hospitalaria en una semana”. El enfermo recordó, también, que la principal vía de trasmisión son las manos del personal sanitario y que entre el 10 y el 70 % de esas infecciones son evitables. Concretamente, en España, y según datos del estudio Eneas, son evitables el 56 % de ellas. 
 

El medio más eficaz de prevención es el conocimiento de la cadena epidemiológica por parte del personal sanitario. En los hospitales madrileños ya trabajan con el Plan de Prevención y Control frente a infecciones por Enterobacterias productoras de Carbapenemasas (EPC), una directiva de la Comunidad de Madrid del año 2013 con anexo actualizado de 2015. 
 

Limpieza y desinfección del instrumental, mobiliario y entorno del paciente 

También hay que vigilar la limpieza que se produce tanto en el instrumental médico como en el mobiliario, es decir, en el entorno del paciente que está ingresado en el hospital, para evitar las infecciones. Ana Belén Arredondo, enfermera del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario Fundación Alcorcón, recordó que “la higiene, la limpieza y la desinfección son considerados elementos críticos de calidad asistencial y de la seguridad del paciente”, definiéndolos como elementos imprescindibles y de primera necesidad para combatir las IRAS, porque “la reducción de microorganismos presentes en superficies y espacios hospitalarios influye sobre la probabilidad de adquirir infecciones”. Es por eso que para cuidar al paciente, hay que “trabajar en la cadena epidemiológica”. 
 

Arredondo aclaró que la primera intervención que se realizó en nuestro país en esta materia fue el proyecto Resistencia Zero (en UCI). Es vital, aseguró, monitorizar la limpieza para conseguir un mayor control sobre ella, sobre cada uno de los elementos que intervienen en la asistencia al paciente.
 


Precauciones estándar en prevención de infecciones en la atención sanitaria

  • Higiene de manos, a realizar en los cinco momentos que recomienda la OMS. 
  • Uso de guantes (que no reemplaza a la higiene de manos), cuando existe el riesgo de exposición al fluido corporal del paciente. Hay que cambiárselos tras cada procedimiento y entre paciente y paciente. Y siempre hay que quitárselos tras su uso. 
  • Mascarilla, protección ocular y facial. Se deben usar gafas y mascarillas cuando se prevea que pueden surgir salpicaduras de sangre o secreciones, o cuando el profesional esté resfriado, por ejemplo. 
  • Uso de batas: desechables y limpias para evitar que la ropa se manche. La bata sucia ha de quitarse lo antes posible y, después, realizar higiene de manos.
  • Equipo para el uso clínico: todo el equipo que esté en contacto con el paciente, con fluidos corporales, ha de ser esterilizado. Utilizar material de un solo uso y el reutilizable debe ser limpiado y desinfectado. 
  • Platos, vasos y utensilios de cocina: agua caliente y detergente para eliminar los microorganismos. 
  • Ropa sucia y la de los pacientes ha de ser transportada con cuidado y procesada adecuadamente. 
  • Manipulación de objetos cortantes y punzantes: no encapuchar agujas ya utilizadas y eliminar el material punzante/cortante.

Fuente: Daniel Abad.



Jueves, 4 de Mayo 2017

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