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LA IMAGEN DEL MAYOR


José Manuel Ribera Casado, Catedrático Emérito de Geriatría de la Universidad Complutense de Madrid



Estaba yo preparando una conferencia sobre el tema de la discriminación por edad cuando he tenido ocasión de ver en la televisión el anuncio-propaganda de la lotería de Navidad de este año 2016, promovido desde el Ministerio de Hacienda, desde la mismísima Administración pública del país. La cosa venía muy a cuento porque ese anuncio constituye un buen ejemplo de la idea que nuestros conciudadanos y quienes los representan tienen acerca de lo que viene a suponer la vejez. Dada la enorme difusión que ha tenido, no creo que haya que explicarlo demasiado, pero, en esencia, lo que se nos dice es que una señora de edad avanzada, afable, con aire inocente, vestida y peinada a la moda de hace dos siglos, no se entera de la misa la mitad y es fácilmente engañada hasta hacerla creer que ha sido agraciada con el premio gordo, cuando ni siquiera se ha llegado aún a la fecha del sorteo. La contraparte positiva que nos venden es que la mujer, generosa ella, está dispuesta a compartir el premio con el resto de la humanidad.
 

El anuncio me ha sumido en la indignación. Transmite algunas de las ideas contra las que más activamente luchamos quienes nos dedicamos a estos temas, y va radicalmente en contra de las campañas de integración establecidas por Naciones Unidas cuando se pretende promover la solidaridad y lograr el objetivo de “una sociedad para todas las edades”. Pone de manifiesto el papel, ridículo y negativo, con el que la ciudadanía contempla y da por normal lo que se supone son las fases finales de estas edades. La “tierna” imagen de una viejita bondadosa, medio ida y que no se entera de nada se supone que constituye un estereotipo “gracioso”, con la capacidad de enganche suficiente como para poder vender cuantos más boletos de lotería tanto mejor. Si desde nuestras Administraciones públicas se transmite esa idea, cabría decir aquello de “apaga y vámonos”.
 

Lo peor es que, al parecer, el anuncio no sólo ha tenido un gran éxito social sino, también, un reconocimiento profesional y, por lo que parece, hasta puede optar a algún que otro premio dentro de su género. Todo ello no hace sino constatar la imagen absolutamente negativa que nuestros compatriotas y sus representantes otorgan a la vejez y a sus protagonistas, en sintonía con lo que se refleja en esta película. Son tópicos que contribuyen a fijar roles en función de la edad y a ensanchar la grieta de lo que debiera ser un camino común entre todos los ciudadanos.
 

"La discriminación por edad es un hecho en el día a día de nuestra sociedad"

La otra parte, el hecho de que haya sido desde la propia Administración General del Estado desde donde se nos venda esta imagen de la vejez contribuye a agravar el caso. La pregunta sería si es ésta la imagen que se quiere transmitir de lo que representa ser una persona mayor. Una imagen donde la ignorancia, el deterioro atribuible a la edad y la burla, por más bondadosa que pretenda ser, constituyen el eje central del mensaje, más allá del carácter benévolo con el que se quiera adornar el mismo. 
 

Yo no cuestiono la buena voluntad de los autores y difusores del vídeo. Al revés considero que ello agrava el problema. Supongo que se les ha pedido algo que impacte, que pueda vender; y que, de acuerdo con ello, unos y otros –promotores y realizadores- no se han parado en ningún otro tipo de consideración a la hora de llevarlo a cabo. Mi objeción va contra el mensaje en sí mismo. Cuestiono lo que representa. También su oportunidad y, sobre todo, la frivolidad con la que patrocinadores y ejecutores han abordado el tema. Doy por supuesto que si, en lugar de una viejecita, se hubiera tomado como modelo a otros colectivos igualmente discriminados como la mujer en cuanto tal o a cualquier minoría étnica o religiosa, las asociaciones correspondientes habrían puesto el grito en el cielo y la difusión del anuncio se habría detenido de forma inmediata. En el caso de la edad, parece que vale todo.
 

La discriminación por edad es un hecho en el día a día de nuestra sociedad. Un hecho tan extendido como ignorado sea cual sea la perspectiva desde la que lo contemplemos. Cubre desde los comportamientos paternalistas hasta el rechazo del mayor y su postergación a la hora de afrontar todo tipo de participación social. Afecta, igualmente, a la esfera de la salud, en aspectos como el acceso a los programas de prevención o a la alta tecnología. También cuando se trata de aplicar los correspondientes protocolos establecidos por la comunidad científica en materia de diagnóstico o tratamiento. La lucha contra la discriminación por edad a cualquier nivel debe ser algo con lo que todos nos sintamos comprometidos. Tanto más cuanto mayor sea el nivel social o el grado de responsabilidad que se tenga. Ciertamente, anuncios como el que ha dado origen a estos comentarios retratan a quienes los promueven y constituyen la antítesis de lo que cabe hacer en este terreno.



Jueves, 26 de Enero 2017

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