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La Salud Mental protagoniza las XVI Jornadas Estatales de Terapia Ocupacional


¿Es posible tratar, desde la Terapia Ocupacional, a las personas con diagnóstico mental de otro modo? ¿Es posible poner en el centro de la atención la mirada y los sentimientos del otro? Estas son sólo algunas de las preguntas que han tenido respuesta durante la celebración de las XVI Jornadas Estatales de Terapia Ocupacional que se han celebrado en la sede del Imserso en Madrid y que, en esta ocasión se se ha dedicado a la Salud Mental y al papel que estos profesionales deben desarrollar en este ámbito “Resignificando paradigmas”.



Por Juani Loro

Bajo el lema 50 años creando oportunidades desde la función y la emoción, la Asociación Profesional Española de Terapeutas Ocupacionales, (APETO), ha celebrado sus XVI Jornadas Estatales de Terapia Ocupacional. Una celebración que este año, además, ha tenido como aliciente el 50 Aniversario de la Terapia Ocupacional en nuestro país. Un encuentro que, un año más, ha reunido a profesionales de primer orden para centrarse en el ámbito de la Salud Mental e intentar ofrecer alternativas, diferentes modos de enfrentar el acercamiento, el cuidado de las personas diagnosticadas psiquiátricamente, más allá de los cuidados tradicionales.

Sobre su experiencia personal, su lucha y sus reivindicaciones como persona polidiagnosticada por la psiquiatría, versó la exposición de Patricia Rey. Ella es activista en salud mental que está trabajando en la lucha de los derechos humanos en salud mental, y es miembro docente de APETO. Además, forma parte de Entrevoces, red que investiga sobre la escucha de voces, un movimiento que ha demostrado que “la mejor terapia para las personas diagnosticadas es estar con gente que aprecia, porque las relaciones humanas de calidad son las que nos cura”. Un movimiento que ha demostrado que sí es posible hacer algo creativo con el sufrimiento. 

Patricia Rey reflexionó, e hizo a todos reflexionar, sobre cómo todos caminamos un poco sobre la “cuerda floja, cuerdos y locos”. Rey dibujó una clara fotografía de la realidad en la que se ven inmersas las personas que tienen algún diagnóstico psiquiátrico, personas que viven en un entorno dibujado por el mundo de la ciencia, en el que “la industria farmacéutica empuja a la persona en tratamiento, y la psicoeducación inculcaba en el dispositivo de salud mental la conciencia de enfermedad”. Señaló, también, que existe un problema con el lenguaje ya que los términos psiquiátricos se utilizan como calificativos, configurando un lenguaje violento. 

Ante esta realidad, las personas diagnosticadas empezaron a formarse y a juntarse y descubrieron los grupos de apoyo mutuo, gracias a los cuales confirmaron que las enfermedades mentales no son sólo una cuestión médica. También son “una cuestión política”, por lo que Rey asegura que habría que reivindicar sus derechos, como “el derecho a medicarse menos y a tener un proyecto de vida”. Consiguieron que su lucha llegara a la calle y a las redes sociales, lo que facilitó que todo el mundo pudiera opinar. 

Patricia Rey aseguró que “un salto importante a veces solo requiere de un compañero”, de ahí la necesidad de tejer redes, “vínculos a través de grupos de apoyo mutuo”. Porque las personas con enfermedad mental “somos la medida de la atención que necesitamos”.  Empezaron a vivir su locura abiertamente, juntándose, tejiendo vínculos con otros movimientos sociales y constituyeron sus propios grupos de aprendizaje y editando sus propias materiales. 

 

Haciendo del deseo tarea

Bajo este título se reunieron tres profesionales vinculados desde diferentes disciplinas con el cuidado de las personas con diagnóstico mental: el psiquiatra Fernando Colina, el terapeuta ocupacional Sergio Guzmán, y el terapeuta laboral Pedro Pibernat. 

Colina se centró en la importancia del deseo al hablar de enfermedad mental, porque tal y como aseguró “un enfermo mental es una persona que ha fracasado en sus estrategias de deseo”, por lo que todas las tareas que deben realizar con él deben ir encaminadas a recuperar en actividad y deseo “lo máximo posible”. El psiquiatra recordó que el deseo básico es el de la seducción, es decir, desear que el otro nos quiera y romper con la soledad. Pero, cuando ese deseo fracasa, la persona se queda parada y se aisla. 

Ante esas afirmaciones, Colina aseguró que “el trabajo a realizar como profesional con estas personas es ver cómo a través de la actividad se puede despertar el deseo”. Así, cuando falta el deseo la solución es la actividad porque “cualquier dolencia psiquiátrica es una defensa contra la melancolía, la soledad y la inhibición”. 

Si la actividad es tan importante también lo es el trabajo, porque para las personas con enfermedad mental “es un normalizador social”. Entre las ventajas que Colina relaciona sobre el trabajo, cabe destacar que genera placer, dibuja parte de la identidad, añade matices a esa identidad, “es un lugar de relaciones sociales por excelencia, un lugar donde el respeto y la dignidad está comprometido. Si algo necesita un psicótico es el reconocimiento. Es decir, están enfermos porque no están reconocidos”. 

Por su parte, Sergio Guzmán, insistió en una idea clara: “Hay que humanizar la atención”. Para Guzmán, la terapia ocupacional tiene que realizar una práctica creativa e innovadora, “basada en el placer, el disfrute, la conciencia del potencial y las ocupaciones”. De ahí que para este profesional los elementos esenciales de la terapia ocupacional sean sentir y creer, hacer y razonar, “y es a raíz de esos elementos de los que surgen la esperanza, ilusión, contribución y vidas con sentido”.  

Guzmán refirió que la felicidad, el placer y el disfrute hay que ponerlo en valor en la actividad de cada día, en los procesos de exploración y en la escucha de la persona. Por eso, la atención del profesional hay que centrarla en la mente, los sentidos y el cuerpo, “hay que buscar la experiencia óptima en cada persona, porque a través de la práctica aprendemos los límites de nuestros desafíos”. De este modo, la propuesta de intervención con las personas con enfermedad mental debe ser dinámica y variada ya que “los sentidos son puertas de acceso a nuestros pensamientos, deseos y placeres”. O dicho de otro modo, los programas de trabajo deben tener felicidad instantánea y memoria de felicidad, porque la visión del terapeuta “marca la realidad, y si cambiamos la forma de ver las cosas, las cosas cambian de forma”. 

Pibernat, basándose en su larga experiencia desde la Fundación Agustín Serrate y desde el centro Arcadia, explicó cómo hay que diseñar las diferentes actividades con las que crear espacios comunitarios que tengan que ver con la salud mental. En esta tarea, el profesional no debe olvidar que el enfermo mental “ha perdido el deseo de ejercer” y no debe perder el estímulo. Reclamó la necesidad de no olvidar los proyectos de vida de los enfermos a la hora de diseñar los programas de capacitación, porque existe el peligro “de no dejar espacio suficiente para que la persona pueda expresarse”. El profesional tiene que estimular su escucha, aseveró. 

Pedro Pibernat concluyó afirmando que “hay que hacer, pero no de cualquier manera”, porque no hay que olvidarse de las personas centrándose solo en los síntomas o en los datos médicos. 

 

 

 


Llegando a la magia del ser 

También fueron varios los profesionales que ahondaron en la necesidad de mirar al otro, al enfermo mental, de otra manera, de diseñar el plan de cuidado con ellos poniendo en primer término su escucha y su proyecto de vida para descubrir su esencia, la raíz del problema. 

La terapeuta ocupacional argentina Mariel Pellegrini destacó la fuerza de la identidad ocupacional como herramienta que el profesional ha de conocer y trabajar para conseguir ese objetivo. La identidad ocupacional es la imagen que uno tiene de sí mismo como ser “que hace cosas. Es lo que pienso de mí y es algo que se va construyendo desde el nacimiento”. Pellegrini afirmó que la terapia ocupacional puede transformar, orquestar ocupaciones para que las personas sigan construyéndose de la forma más adecuada para cada uno, porque desde la terapia “podemos ser especialistas en la vida cotidiana”. Y como la identidad se muestra a través de un rol, es esencial dar la importancia que tiene a los proyectos de vida. 

Esta experta considera que los elementos que conforman esa identidad ocupacional son: el propio sentido de capacidad y eficacia para hacer, las metas ocupacionales, reconocer el estilo de vida ocupacional deseado, aceptar responsabilidades, reconocer habilidades y limitaciones personales, reconocer qué cosas interesan y son satisfactorias, identificar las obligaciones de los roles, tener compromisos y darle sentido a las rutinas familiares de vida. 

Pellegrini concluyó asegurando que el mayor desafío del terapeuta es “integrar en el proceso las dimensiones de la ocupación, la ciencia y el arte”. Éstas, dijo, son las claves para llegar a la magia del ser. 

La directora del Centro de Rehabilitación Laboral Hortaleza, en Madrid, Belén Arambilet, reconoció que las instituciones también necesitan espacios de reflexión “porque también enferman”. Reclamó la necesidad de mirarse en el otro, porque “a través de la mirada del otro uno descubre cómo siente y cómo ...


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Jueves, 7 de Diciembre 2017

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