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La autonomía del paciente potencia la humanización en la asistencia sanitaria


La humanización es uno de los grandes retos de la sanidad. Conseguir que la persona esté en el centro del sistema y que toda la asistencia gire en torno a sus necesidades supondría un gran cambio en el modelo de atención y un logro para los pacientes. Pero esta transformación requiere de una modificación de perspectiva, no sólo por parte de los profesionales, sino también de la población, que debe conocer sus derechos y deberes e implicarse de lleno en su salud. En este sentido, la autonomía del paciente juega un papel clave, porque puede potenciar la humanización, pero los expertos aseguran que existen controversias de carácter ético que deben resolverse para actuar de forma segura y que contribuya al progreso hacia una atención de calidad en la que el paciente tenga libertad de elección.



Carmen Moreno

El X Seminario Internacional de Biomedicina, Ética y Derechos Humanos, celebrado en la Universidad CEU San Pablo de Madrid los días 28 y 29 de noviembre, se convirtió en el foro ideal para conversar, reflexionar y debatir sobre cuestiones relevantes para el ámbito sanitario como la humanización, y en concreto la autonomía del paciente, un tema que no está exento de controversias en su concepto y aplicación. 

Así lo dejo entrever durante su exposición el médico especialista en Medicina Interna y director del Instituto de Ética Clínica Francisco Vallés de la Universidad Europea, Benjamín Herreros. Este experto aseguró que el modelo de atención sanitaria a la que se tiende actualmente en España es el de la autonomía. Frente al modelo paternalista instaurado hasta casi finales del siglo XX (y que todavía no ha terminado), en el que el médico decide y escoge la que cree que es la mejor decisión para el enfermo, aparece otra forma de relación basada en la autonomía del paciente, en la que éste toma la iniciativa y concreta decisiones. 
Este cambio supone una evolución en la relación entre el médico y el paciente, pero para eso, sobre todo el paciente debe estar dispuesto a adquirir nuevos roles fundamentales para tomar las riendas de su salud. Es lo que se conoce como paciente activo. Dos de los requisitos esenciales para convertirse en tal son la información en la implicación. 

Cuando la persona enferma se interesa por estar informada y conocer todas las opciones a su alcance tendrá mayor capacidad para tomar una decisión con criterio. Por su parte, el médico debe facilitarle toda la información oportuna y resolver las dudas que tuviera, así como acompañarlo en la toma de decisiones. 

No obstante, en la práctica clínica, la realidad es otra. Como explicó Benjamín Herreros, para que el paciente pueda ejercer su autonomía o pueda tomar decisiones de manera autónoma se tienen que cumplir dos presupuestos: capacidad y competencia. El paciente tiene que tener capacidad legal (término legal que se adquiere a los 16 años en Sanidad, salvo para decisiones graves que se adquiere a los 18 años) y competencia clínica, es decir, tiene que encontrarse bien (no estar desorientado, con insuficiencia respiratoria…) para poder tomar decisiones. 

Si se da estos dos condicionantes, los profesionales pueden administrarle información completa, y de tal manera que el enfermo entienda y comprenda sus implicaciones. Una vez informado, el paciente tienen que ejercer su voluntad sin que haya una presión externa sobre la misma y, con las opciones disponibles, tomar la mejor decisión. 

La autonomía está sobrevalorada, más que autonomía hay decisionismo

¿Hasta dónde informar?
Durante su intervención, el director del Instituto de Ética Clínica Francisco Vallés de la Universidad Europea planteaba otro dilema que se presenta en esta relación basada en la autonomía: ¿hasta dónde debe informar el profesional? 

Clásicamente prevalece la idea de que dar “información dura”, malas noticias sobre la salud, es perjudicial para los enfermos, porque añaden problemas psicológicos a los físicos: van a llevar peor la enfermedad, se pueden deprimir, etc. Pero, tal y como lo entiende el doctor Herreros: “Esta relación actual basada en la autonomía ha roto este esquema y se sabe que hay que informar, y que la información es buena a largo plazo para los enfermos”. Sin embargo, para informar, los profesionales también deben estar formados y tener ciertas habilidades porque “informar sobre malos noticias es duro para el enfermo, pero también para el profesional”, confirmó este médico. 

En cuanto a hasta dónde informar, existe división de opiniones. Según el modelo norteamericano, se debe informar de todo y en poco tiempo, y que sea el enfermo el que decida. Pero también hay una visión más europea, que sostiene que la información tiene que ser adaptada al enfermo, porque hay enfermos que no lo quieren saber todo, incluso que prefieren no saber. El doctor Herreros insistió en la idea de “verdad tolerable”. 

Esta última fórmula resulta más moderada, pero presenta algunas dificultades a los profesionales que deben saber previamente hasta dónde quiere ser informado el paciente y una disyuntiva importante desde un punto de vista de la autonomía. ¿Cómo va a ser un paciente autónomo para decidir si no tiene en su poder toda la información necesaria?

El doctor Herreros también razonó sobre si los profesionales deben intentar convencer a un paciente cuando consideren que ha tomado una decisión que claramente va a perjudicar su salud. Según aseveró hay dos visiones: aquella que mantienen que no se tiene que persuadir sino solo informar, dar los datos para que el enfermo decida sin violentar su voluntad y apuesta por la persuasión para intentar proporcionar argumentos al enfermo con el fin de que tome la mejor decisión para su salud. Este especialista se decanta por esta última: “Yo pienso que la persuasión no solo es una opción sino una obligación. Debemos intentar convencer a los enfermos sobre lo que es mejor para ellos, pero es un debate abierto en el campo de la ética y de la autonomía”.

Según Herreros, por éstas y muchas otras cuestiones, se puede concluir que hay muy poca autonomía en medicina. “La autonomía está sobrevalorada, más que autonomía hay decisionismo. La mayoría de las decisiones no se consultan con los enfermos, se les dan hechas”, reflexionó.



Jueves, 4 de Enero 2018

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