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La persona: el centro de la organización




A día de hoy, existe consenso (y evidencias) que fundamentan la necesidad de aplicar un modelo de intervención en discapacidad, envejecimiento y dependencia basado en una atención integral y centrada en la persona, que exige cambios organizativos en los servicios sociosanitarios. El modelo AICP, que impulsa y defiende la Fundación Pilares, promueve la autonomía de la persona, salvaguarda su dignidad y sus derechos, y garantiza su participación en la elaboración y seguimiento de sus planes de atención y apoyo al propio proyecto de vida. Se trata, por tanto, de superar el modelo actual basado en la satisfacción de necesidades y provisión de cuidados, fundamentalmente asistenciales y sanitarios, y ofrecer respuestas más acordes a la creciente necesidad de atención de la población mayor.

Al igual que el resto de la población, las personas que requieren atención y apoyos aspiran también a continuar desarrollando sus propios proyectos vitales conforme a sus propias preferencias y manteniendo el control de su vida, tanto en decisiones coyunturales de envergadura (dónde y con quién vivir, por ejemplo), como en aspectos de sus rutinas cotidianas (decidir horarios para levantarse, comer, cómo arreglarse, cuándo ir al servicio…). Es decir, las personas demandan cada vez con mayor claridad el derecho a que los apoyos que se incluyan en su plan de atención contemplen objetivos no sólo dirigidos al tratamiento de sus enfermedades y/o a reducir su situación de dependencia, sino que también planteen actuaciones para la promoción de su autonomía personal y su inclusión activa en la comunidad.

La Atención Integral y Centrada en la Persona (AICP), modelo que impulsa y defiende la Fundación Pilares, contempla, desde su propio enunciado, dos características que son consustanciales al mismo. Por una parte, la atención ha de ser integral, lo que requiere el desarrollo de una serie de servicios e intervenciones que van más allá de la prestación clásica de los servicios sociales y que, por tanto, debe articularse con los apoyos necesarios para permitir el desarrollo de los proyectos de vida de las personas en su entorno. “A lo que se refiere es que necesitamos, además de atención sanitaria y social, otros elementos que contribuyen a nuestro bienestar”, puntualiza la presidenta de la Fundación Pilares y vicepresidenta de Gerontología de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), Pilar Rodríguez. De esta forma, el modelo AICP apela a la cooperación de distintos ámbitos implicados en la vida de las personas (formación, empleo, vivienda accesible, atención social, sanitaria, acceso a los bienes culturales y de ocio, participación social y comunitaria, nuevas tecnologías...).

Por otra parte, la atención ha de estar centrada en la persona, lo que significa ir más allá de la atención individualizada clásica, ya que además de satisfacer las necesidades detectadas en la persona adaptándose a sus características individuales, el modelo AICP estimula y apoya que la persona participe activamente en su proceso de atención, cuyo objetivo final es siempre el apoyo para el desarrollo de los proyectos de vida a los que aspire cada persona. Para ello, desde este modelo resulta imprescindible conocer su biografía, preferencias y deseos e identificar las capacidades personales, incluso cuando se trate de casos con importante deterioro. De esta forma, se pone en el centro de la intervención a la persona y la garantía de sus derechos, frente a la primacía de otros intereses legítimos como son los de la organización o los de los profesionales.

En síntesis, el modelo de Atención Integral y Centrada en la Persona (AICP) “lo que preconiza es que la persona sea tenida en cuenta y se la conozca bien para organizar la atención alrededor de ella. Es decir, el hecho de que una persona tenga una situación de dependencia no quiere decir que deje de controlar su vida”, explica Rodríguez. Y, en este sentido, las exigencias del nuevo modelo comportan un cambio de paradigma que afecta tanto al diseño y planificación de los servicios y programas a desarrollar, como a la intervención y la praxis profesional, para lo que resulta imprescindible la elaboración de planes personalizados que promuevan itinerarios hacia la autonomía y el bienestar de las personas a lo largo de su proceso de discapacidad, dependencia, inclusión social, etc. 

No obstante, el concepto de Atención Integral y Centrada en la Persona viene de lejos. Concretamente, fue el psicólogo estadounidense Carl Rogers, uno de los teóricos, terapeutas e investigadores más influyentes en psicología, quien en 1942, en su libro Counselling and Psychotherapy, funda las bases del enfoque centrado en la persona, piedra angular de la Psicología Humanista. Rogers llama cliente y no paciente a las personas que van a su consulta porque, en contraposición al término paciente, relacionado con la patología y que evoca dependencia y pasividad, un cliente es una persona activa y participativa que tiene la responsabilidad y libertad para dirigir su propio camino de desarrollo personal. 

Por Esther Eugenio



Martes, 15 de Marzo 2016

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