Dependencia y discapacidad - proveedores, residencias, sector sociosanitario,
Balance Sociosa Balance Sociosa

Síguenos en:
Facebook
Twitter
YouTube




La prevención de la demencia




Lucía Utrera-Martínez. Neuropsicóloga y responsable del Área Clínica de Más que Mente

La evidencia ha mostrado que la patología característica de la enfermedad de Alzheimer (acúmulos anormales de placas seniles y ovillos neurofibrilares en el cerebro), no siempre provoca un menoscabo intelectual significativo. Por tanto, cabe preguntarse ¿qué puede proteger de la demencia? Aunque queda un largo camino para poder responder a esta pregunta con exactitud, la investigación científica ha ofrecido resultados significativos que abren una puerta a la prevención. En primer lugar, el riesgo de sufrir demencia se asocia tanto a factores genéticos como ambientales. A diferencia de los primeros, los factores ambientales pueden modificar el riesgo de demencia por su influencia sobre el momento de la expresión clínica de los síntomas, aunque no influyan sobre la presencia o ausencia (Hughes et Ganguli, 2010). Además, en ausencia de otra patología, el cerebro podría soportar, hasta cierto punto, el impacto del daño neuronal causado por un proceso neurodegenerativo. Sin embargo, cuando otras alteraciones están presentes, es más probable que la enfermedad de Alzheimer se manifieste como deterioro cognitivo o demencia, ya que la carga de la enfermedad no permite mantener la función cognitiva normal (Henderson, 2014). Otro aspecto importante es que la patología neurológica subyacente se desarrolla durante años antes de hacerse notar los primeros síntomas. 

Teniendo en cuenta lo anterior, es razonable considerar que el síndrome demencial se podría prevenir, si las estrategias preventivas se llevaran a cabo en el momento adecuado. Se ha descrito que el periodo más efectivo para poner en práctica determinadas estrategias (tratamientos, reducción de los factores de riesgo y adherencia a los protectores) tendría lugar años ‒o incluso décadas‒ antes de que se manifieste el deterioro cognitivo en el anciano, pudiendo empezar a actuar antes de las edades medias de la vida (Bermejo-Pareja, 2010). Esta posibilidad comporta enormes ganancias; se sugiere que si una intervención fuese capaz de retrasar cinco años la aparición de la demencia el número de afectados se reduciría en un 57 % (Sperling et al., 2011). Lo anterior, no solo reduciría el gasto económico, sino también podría paliar el desgaste emocional de los afectados. 

En relación a las estrategias preventivas, la evidencia disponible ofrece apoyo, principalmente, a las siguientes: 1) Mejorar la salud cerebral, reduciendo los factores de riesgo cerebrovascular mediados por la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y la obesidad, entre otros. 2) Aumentar la reserva cognitiva, mecanismo que permitiría compensar las dificultades. En este sentido, se pone especial énfasis en la estimulación mental, las actividades de ocio y el compromiso social. 3) Reducir la carga de la patología de la enfermedad de Alzheimer mediante la práctica regular de ejercicio aeróbico (Henderson, 2014).

En definitiva, aunque la eficacia de las estrategias para prevenir el deterioro cognitivo debido a la enfermedad de Alzheimer todavía no están fundamentadas por pruebas sólidas, las posibilidades con mayor potencial pasan por reducir los factores de riesgo modificables desde la mediana edad, a fin de elevar el umbral clínico para la aparición de síntomas cognitivos y reducir la dependencia asociada a la demencia.


Lunes, 6 de Agosto 2018

Nota




Nuevo comentario:
Twitter

Balance de la Dependencia no se hace responsable de las opiniones y comentarios
de sus lectores.

Lea las condiciones generales de uso completas AQUÍ.


En la misma sección...
< >

Jueves, 12 de Julio 2018 - 09:17 “Somos para todos”