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La sexualidad en los mayores es una cuestión de derecho


La expresión de la sexualidad es un derecho que tenemos todas las personas, independientemente de la edad, así como un aspecto importante que complementa nuestra salud física, mental y emocional, pero que parece anularse cuando se llega a la vejez, especialmente si se padece alguna enfermedad o discapacidad. El tabú social que gira en torno a este tema, así como el desconocimiento profesional y el paternalismo de los cuidadores, provoca que este grupo de personas sufra una discriminación, que les limita y les impide desarrollarse de manera plena. Los expertos apelan a un cambio de visión en el cuidado y consideran fundamental la formación para transformar una realidad limitante no sólo en derechos sino incluso en sentimientos.



De sexualidad en los mayores se habla poco y mal. Son muchos los prejuicios y falsos mitos que existen en la sociedad a este respecto. Y estas ideas erróneas eclipsan las necesidades reales de este colectivo, amputándole parte de sus derechos. Para visibilizar esta cuestión en el ámbito profesional y poner sobre la mesa algunas herramientas que conciencien y orienten a los profesionales, la Fundación Pilares, en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid, organizó a finales de septiembre la Jornada El derecho a la intimidad y la expresión de la sexualidad de las personas mayores. Eso también es buen trato. 

Durante la inauguración, la presidenta de esta organización, Pilar Rodríguez, hizo hincapié en que la sexualidad es una dimensión del ser humano que nos acompaña durante toda nuestra vida y que no se acaba con el paso de los años ni debe perderse cuando se vive en una residencia. Sin embargo, siempre ha sido un tema tabú para la sociedad y para los profesionales que atienden a estas personas. En este sentido reivindicó: “Es hora ya de levantar este velo y de preguntarnos cómo hacer para no reprimir por más tiempo a las personas mayores,  y favorecer que puedan desarrollarse de una manera integral”.

El interés por mejorar la calidad de vida de los mayores es creciente, también en lo referente a la preservación de su derecho a la intimidad y a la expresión sexual. “Los profesionales están deseosos de saber cómo intervenir para conseguir este objetivo, pero carecen de instrumentos que orienten sobre cómo actuar ante determinadas conductas o hechos”, aseguró la presidenta de Fundación Pilares.    

De ahí que la Fundación haya editado Sexualidad en entornos residenciales de personas mayores. Guía de actuación para profesionales, una publicación que puede resultar una herramienta útil para conocer en qué momentos se produce esa coerción de los derechos de la expresión de la sexualidad y cómo apoyar para que deje de producirse en las residencias.

En opinión de esta experta, estamos avanzando, pues esta visión tiene mucho que ver con el modelo de Atención Centrada en la Persona (ACP), lo que es una buena noticia, porque, según explicó, “solo con la colaboración de los profesionales vamos a poder seguir avanzando en la implementación de este modelo que hace que las personas sean felices”.

 

Madrid con la ACP

La Administración Pública cada vez está más concienciada con la necesidad de una atención integral y personalizada a los mayores. El Ayuntamiento de Madrid es un claro ejemplo. La directora general de Personas Mayores y Servicios Sociales, Soledad Frías, que acompañó a Pilar Rodríguez en la inauguración de las jornadas, indicó que el Consistorio está implantando el modelo de ACP en centros de día y teleasistencia, y esperan que se vaya adaptado a los demás servicios. “Nuestro reto es que entre en casa con el Proyecto En Casa Contigo”, afirmó. Y es que no se puede obviar que millones de personas mayores viven en su hogar, por lo que es imprescindible ofrecer apoyos y apostar porque el domicilio sea un centro de recursos.

Frías destacó la importancia que tiene el buen trato en cualquier aspecto de la atención para las personas. En concreto, sobre la sexualidad reconoció que “preservar la expresión de la sexualidad, la afectividad y las emociones y respetar el pudor y la forma en la que cada uno quiere manifestar lo que siente es una manera preciosa de buen trato”. 

 

Derechos humanos y mayores

Carmen Mormeneo, adjunta al Departamento de Programación, Evaluación y Desarrollo del Ayuntamiento de Madrid, apuntó que las personas mayores son más proclives a sufrir una violación de sus derechos humanos y a ser discriminados, no porque sean vulnerables,  sino porque el resto de la sociedad los colocamos en una situación de vulnerabilidad como consecuencia de una actitud negativa hacia el colectivo. “La discriminación a la persona mayor está muy normalizada y aceptada. Con frecuencia, y sin darnos cuenta, despojamos a las personas mayores de su capacidad de autogobierno. No tenemos en cuenta sus preferencias, no les dejamos decidir y acudimos, con una facilidad pasmosa a proponer incapacitaciones”, sostuvo. 

Además, Mormeneo defendió que los estereotipos y su invisibilización mina el respeto de su condición humana y hacen necesario reclamar un trato con más dignidad. En este sentido, la propuesta de una filosofía integral de la atención centrada en la persona está obligando a las entidades y Administraciones a reflexionar. 

Esta especialista subrayó la necesidad de trabajar con un enfoque basado en derechos, sin olvidar que los derechos humanos no caducan con la edad y que las personas mayores tiene el derecho y la obligación de participación.

Protección de la intimidad

En su intervención, la doctora en Psicología y Ciencias de la Salud, Teresa Martínez,  trató el tema de la intimidad para luego relacionarlo con la sexualidad de las personas mayores. Desde su perspectiva, el buen trato parte del reconocimiento y de la protección de la dignidad por el hecho de ser humanos. “Con independencia de sus características, las personas requieren respeto. El reto está en cómo lo desarrollamos y concretamos en acciones que protejan derechos y que constituyan buenas prácticas contemplando la dimensión técnica pero desde un marco ético”, afirmó.

El modelo de Atención Centrada en la Persona, por el que se está apostando actualmente, es un buen ejemplo, porque basa la intervención en el buen trato, que tiene que tener como punto de partida la dignidad. “Y el respeto a la dignidad lleva implícito la protección de la privacidad y la intimidad”, destacó Martínez. 

Esta especialista recordó que la intimidad es un derecho de todas las personas y también una obligación para los profesionales: “La intimidad es un derecho que en los profesionales que cuidamos se convierte en una obligación profesional”.

Desde el punto de vista ético, Martínez señaló que la autonomía personal es la base de la intimidad porque “la protección de la intimidad parte del reconocimiento de que cada persona es dueña de su vida y, por tanto, de su cuerpo y su intimidad. Además, la intimidad es necesaria para que las personas podemos decidir en libertad (en temas de centros, espacios, rutinas…)”. Asimismo, insistió en la importancia de las relaciones de confianza: “Si no se establece una relación de confianza, de buen trato, la persona cuidada se puede sentir agredida, invadida y amenazada”.

Para proteger la intimidad en el cuidado cotidiano, profesionales y cuidadores familiares deben tener en cuenta las siguientes premisas:

•    Intimidad física y corporal (baño, vestido, atención a la incontinencia…).

•    Intimidad espacial (disfrute de espacios privados, acceso a las pertenencias y enseres).

•    Intimidad informativa. Confidencialidad. 

•    Trato cálido. Evita que, con ciertas atenciones o intervenciones que entran de lleno en la intimidad de las personas, se puedan sentir invadidas o amenazadas y, en consecuencia, experimenten malestar y sufran.

Reconocer estas situaciones y potenciar modelos que protejan estos derechos son clave en la atención. Por tanto, según Teresa Martínez, “es preciso generar espacios de reflexión vinculados a la formación”. 

Por otra parte, la sexualidad es la gran olvidada. Y a este olvido se unen las dificultades de las familias (parejas y sobre todo hijos) y los profesionales, en la comprensión de las expresiones afectivo-sexuales. Martínez alertó sobre que este olvido y los temores, así como la falta de conocimiento, son mayores en personas con demencia y diversidad sexual.  

 

Sexualidad y vejez

Ya inmersos en la sexualidad en las personas mayores, el profesor de Psicología de la Universidad de Barcelona Rodrigo Serrat concluyó que un porcentaje importante de personas mayores continúan siendo sexualmente activas, pues ser mayor no implica necesariamente que desaparezca el interés sexual ni la capacidad sexual. No obstante, existen cambios físicos en la respuesta sexual y en la salud que pueden afectar la sexualidad en la vejez. Los principales factores limitadores son de tipo psicosocial.

Por su parte, la profesora de Psicología de la Universidad de Barcelona Montserrat Celdrán mostró los resultados de la investigación Actitudes profesionales frente a la sexualidad de personas mayores en residencias, que pone de manifiesto la existencia de ciertas barreras en la expresión sexual de las personas que viven en residencias y que tienen que ver con el entorno físico, la filosofía de los cuidados (marca el día a día), la actitud de los profesionales, el perfil de los residentes (reacción de otros compañeros) y las familias, la suya y la de los otros usuarios.

El objetivo del estudio es conocer la actitud de los profesionales ante las conductas sexuales...
 

 


Miércoles, 25 de Octubre 2017

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