Dependencia y discapacidad - proveedores, residencias, sector sociosanitario,
Balance Sociosa Balance Sociosa

Síguenos en:
Facebook
Twitter
YouTube




“No dejar atrás a nadie”


José Manuel Ribera Casado

Académico de Gerontología y Geriatría de la Real Academia Nacional de Medicina (RANM)



“No dejar atrás a nadie”
Este es el lema que Naciones Unidas ha elegido para celebrar, como cada 1 de octubre desde 1990, el “Día internacional de las personas mayores”. Un lema bonito, fácilmente comprensible y que continua en la línea de otros de años previos en los que se hablaba de envejecimiento activo o de solidaridad intergeneracional. Son mensajes atractivos dirigidos a las administraciones, al conjunto de la sociedad y, también, al colectivo de las personas de más edad. Con este motivo han tenido lugar en muchos sitios diferentes actividades promovidas por asociaciones de mayores, públicas y privadas, así como también una presencia más acusada de todo lo que rodea el fenómeno del envejecimiento ¡al menos por un día! en los medios de comunicación. Esto último es, también, siempre positivo. 

Uno de los hechos relevantes para el que se ha aprovechado esta efemérides ha sido la publicación por el Imserso de un documento titulado “Las personas mayores en España”, donde a lo largo de casi trescientas páginas se ofrecen datos actualizados, a fecha 2010-2012, sobre la realidad de la población española mayor de 65 años. Una documentación muy interesante que aborda desde cuestiones de pura demografía poblacional, hasta datos relativos a formas de vida y convivencia, cuestiones de índole económica, grado de utilización de los diferentes servicios sociales ofertados o cuestiones relacionadas con la introducción de los avances tecnológicos entre esta población. En muchos casos, esta información se complementa con tablas comparativas de otros países de nuestro entorno. Sin duda, supone una fuente de información actualizada de primer nivel, muy útil para quienes andamos interesados en estos temas. 

En la presentación del documento se nos recordó que la esperanza de vida al nacer en España en 2012 era de 82.29 años. La segunda del mundo tras Japón, varios años por encima de la media de la Europa de los 27 (UE-27), situada en 79.60 años. Los españoles que habían superado en 2013 los 65 años eran 8.346.959 y sobrepasarán los 15 millones en el año 2050. En términos relativos, el aumento poblacional será aún más acusado, ya que desde algo más del 17 % del total de españoles a día de hoy, se llegará a superar el 30 % a mitad de siglo. También se insiste en el papel de la “vida en familia”, destacando que viven solos un 21 % del colectivo (especialmente se trata de mujeres), una tasa muy alejada de la de nuestros vecinos del norte de Europa que rondan o superan ya el 40 %.

Cuando se analizan este tipo de datos, uno de los riesgos es el de caer en una cierta dosis de triunfalismo, que hasta puede llegar a alejarnos del mensaje de integración social propio del día que se conmemora y a devaluar los objetivos pretendidos. Se hacen juegos malabares para explicar que el porcentaje de PIB asignado a “lo social” ha crecido en España en los últimos años, aunque para entenderlo haya que decir que eso se consigue a expensas de una reducción en el denominador (la cifra absoluta del PIB) y no tanto, como sería deseable, por un aumento del numerador (recursos asignados a esta partida) y apenas se comenta que en este capítulo estamos 2-3 puntos por debajo de la media europea, incluso teniendo en cuenta que al hacer los cálculos se contabilizan datos de países del este europeo y de la antigua Unión Soviética lo que contribuye a bajar llamativamente esa media. El que España ocupe el puesto 21 del mundo en calidad de vida de los mayores tampoco es para estar especialmente orgullosos. 

Se nos dice –y es cierto- que durante las dos últimas décadas ha aumentado de manera mantenida la oferta y la utilización de los recursos sociales, otro parámetro que, pese a ello, se encuentra por debajo de la media de la UE-27. Por debajo también de las necesidades de un colectivo donde una tercera parte del mismo precisa de ayuda para llevar a cabo las actividades básicas de la vida diaria. Con las cifras en la mano vemos que disponen del servicio más utilizado, la teleasistencia, el 10.8 % de nuestros mayores, que la oferta de plazas residenciales es del 4,50 %, y que los programas de ayuda a domicilio alcanzan al 4.27 %. El resto de oferta social considerado de forma global no llega ni al 2 % de esta población. Junto a ello se destacan los pobres avances en la utilización de las nuevas tecnologías, así como en el interés por las mismas. Solamente un 15 % de los mayores de 65 años tienen acceso a un ordenador y son aún menos aquellos capaces de hacer uso del correo electrónico.  

Se pone énfasis en un hecho que cabe considerar positivo, la contribución de los mayores al bienestar económico del conjunto de la sociedad a través de su participación en los programas de viajes y en el “termalismo social”. Se trata de algo que, en términos económicos, se puede evaluar, entre el gasto directo generado y las contrataciones de personal para cubrir estos servicios, en unos 500 millones de euros al año. Eso está muy bien y creo que se debe seguir fomentando, pero ciertamente lo que hacen y viven sus protagonistas no dejan de ser formas pasivas de entretenimiento. Una especie de “ghetos” por edad que si se queda ahí va a estar muy alejada, tanto de los ideales proclamados de “envejecimiento activo”, como de los de integración en una “sociedad para todas las edades” donde los mayores contribuyan, codo con codo, con los más jóvenes a lo que podemos considerar tareas comunes.
En definitiva, que hay que seguir insistiendo. En todas partes. Ante las administraciones, en el mundo profesional, sobre la sociedad en general y con voces dirigidas a los propios interesados. Nos queda aún mucho recorrido para que “no nos dejen atrás” como se pide en el lema de este año. Más dotación económica, mayor compromiso de todos, un grado más alto de sensibilización social y, cómo no, mayor exigencia también desde los protagonistas. Que esta exigencia, vivida según cada cual se sienta capaz de hacerlo, sustituya como forma de conducta a la desidia, al dejarse ir y a la resignación.   


Martes, 25 de Noviembre 2014

Nota



Nuevo comentario:
Twitter

Balance de la Dependencia no se hace responsable de las opiniones y comentarios
de sus lectores.

Lea las condiciones generales de uso completas AQUÍ.


En la misma sección...
< >

Lunes, 29 de Julio 2019 - 13:32 Beneficios de la botánica artística