Dependencia y discapacidad - proveedores, residencias, sector sociosanitario,
Balance Sociosa Balance Sociosa

Síguenos en:
Facebook
Twitter
YouTube




Nutrición, hidratación y situación terminal (I)


José Manuel Ribera Casado

Académico de Gerontología y Geriatría de la Real Academia Nacional de Medicina (RANM)



Nutrición, hidratación y situación terminal (I)
El manejo médico del paciente terminal, especialmente si se trata de una persona de edad avanzada, constituye un reto para el profesional. Un reto que se extiende al entorno sociofamiliar más inmediato del paciente y que desborda el ámbito médico para alcanzar a diversos problemas bioéticos habituales en estas situaciones, cuando no a su judicialización, tal como pone de relieve de manera creciente la prensa general a partir de distintos casos concretos cada vez más habituales. 

Mi primer comentario tiene que ver con la inexistencia de una formación reglada específica del médico (y del enfermero) durante el pregrado para conocer algunas de las claves de actuación cuando llega el problema. Sólo el tiempo y la experiencia acaban –no siempre- por cubrir este vacío. En paralelo, segundo comentario, el conjunto de la sociedad actual cabe decir que asume una especie de principio de inmortalidad, en virtud del cual la muerte representa un fallo del sistema y, más en concreto, un fallo del profesional de turno. El tercer comentario tiene que ver con el ambiente de tensión y de excepcionalidad que habitualmente preside estas situaciones y que dificulta tanto la comunicación entre las partes como la toma de decisiones con la frialdad que la ocasión requiere.
Aparece, a continuación, una larga lista de problemas complejos que exigen decisiones inmediatas no siempre fáciles. La primera asegurarnos si estamos realmente ante una situación final e irreversible. A partir de ahí, cuestiones como el manejo de los síntomas (dolor, disnea, estreñimiento, incontinencias, inquietud, etc.), decisiones relativas al lugar (domicilio, hospital...), a la posibilidad de una atención religiosa, al respeto o no a unas eventuales directrices anticipadas que, aún careciendo de un vínculo legal, pienso que deben ser tomadas en consideración, y otras aún más difíciles en torno a la posible sedación terminal o a las diversas formas de eutanasia. No me voy a detener ahora en estos puntos. Tan sólo llevaré a cabo en este número de Balance y en el siguiente unos breves comentarios en torno a la alimentación y nutrición de este tipo de pacientes, uno de los apartados donde la ignorancia de la sociedad en su conjunto y, a veces, hasta de los propios profesionales suele plantear más problemas.  

Los ensayos controlados al respecto no evidencian que los protocolos de alimentación orientados a nutrir y/o a remplazar la alimentación oral en pacientes críticos generen beneficios clínicos. En todo caso se recomiendan más estudios de intervención nutricional en esta situación. Un cuestionario dirigido a todas las enfermeras que trabajan en “programas de hospicios” en Oregón (USA) concluía que los pacientes que rehúsan de modo voluntario alimentos y fluidos son de más edad y no encuentran mucho sentido a su vida. Además, suelen tener una “buena muerte” durante las dos semanas siguientes.

Con la alimentación a través de un tubo enteral lo que se busca son posibles efectos positivos, al menos, en alguno de los siguientes puntos: prolongar la vida, mejorar el estado nutricional, mejorar la calidad de vida y/o reducir los problemas de deglución. En la práctica, los estudios al respecto no han demostrado ninguna de estas eventuales ventajas. 

La evidencia muestra que la falta de nutrición e hidratación no tiene las mismas consecuencias en sujetos sanos que en los terminales; que las personas moribundas no tienen dolor o disconfort cuando estás deshidratadas o malnutridas; que los suplementos nutricionales o la hidratación no son obligatorios en estas circunstancias; que los pacientes terminales avanzados no sienten hambre ni sed y que la hidratación artificial no prolonga la supervivencia, ni tampoco mejora los síntomas.

En relación con la sed es importante saber que su presencia depende de la hidratación de la mucosa bucal y no de la cuantía de fluidos administrados. La sed puede tener muchas causas, entre ellas el empleo de algunos fármacos, las infecciones por hongos, la mera administración de oxígeno o el hecho de respirar por la boca. Su prevención y tratamiento deben orientarse a evitar y corregir la sequedad de la boca, ya que dar fluidos en pacientes terminales no reduce la sensación de sed. Las recomendaciones serían evitar, si es posible, determinados fármacos, así como el limón, la glicerina y el oxígeno. También aplicar localmente agua o hielo y, en algunos casos, dar saliva artificial. Además, reducir o suprimir la administración de sueros tiene algunas ventajas: limita el riesgo de vómitos; también el de retención fluida con la posible aparición de edemas periféricos o pulmonares, ascitis, derrame pleural, etc. Además, es posible que con ello se ayude a controlar el dolor.

Todas estas observaciones constituyen principios básicos que deben tenerse en cuanta ante este tipo de pacientes. En el próximo número, intentaré complementar estos comentarios resumiendo algunas de las recomendaciones oficiales de diferentes sociedades científicas y de grupos de expertos en torno a estas cuestiones.


Martes, 19 de Enero 2016

Nota



Nuevo comentario:
Twitter

Balance de la Dependencia no se hace responsable de las opiniones y comentarios
de sus lectores.

Lea las condiciones generales de uso completas AQUÍ.


En la misma sección...
< >

Lunes, 29 de Julio 2019 - 13:32 Beneficios de la botánica artística