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PÁRKINSON, Avances tecnológicos y sociales que responden a las necesidades de los pacientes


El 11 de abril se conmemora el Día Mundial del Párkinson, una fecha en la que toda la sociedad, y en especial los profesionales sanitarios y sociosanitarios, deberían dedicar algún momento a pensar cuáles son las necesidades de los afectados y sus familiares y cómo se puede mejorar su calidad de vida. Desde el ámbito científico se consiguen los desarrollos tecnológicos más influyentes y mediáticos en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad, pero también se están logrando importantes avances en la atención y cuidado, gracias a las nuevas técnicas de rehabilitación. Te mostramos algunas de las principales innovaciones en párkinson y cómo pueden influir en el bienestar de estas personas cuyo mayor miedo es la dependencia absoluta y el deterioro físico y cognitivo.



PÁRKINSON, Avances tecnológicos y sociales que responden a las necesidades de los pacientes
El párkinson es una enfermedad degenerativa y crónica del sistema nervioso que conlleva problemas motores porque afecta a zonas del cerebro que se encargan del control y coordinación del movimiento y el equilibrio. Uno de los principales síntomas por la que es reconocida son los temblores. Pero, aunque es un signo que está presente en muchos pacientes, “hay alrededor de un 20 % que nunca tendrán temblores”, asegura la coordinadora del Grupo de Estudio de Tratamiento de Movimiento de la Sociedad Española de Neurología (SEN), Rosario Luquín. Además, en contra de lo que se suele pensar, el temblor en estas personas no ocurre cuando mueven las manos o los brazos (las zonas más afectadas), sino cuando están en reposo. Además, casi siempre sucede en un lado del cuerpo, derecho o izquierdo, no en ambos a la vez.

Otros dos síntomas típicos son la bradicinesia, que es la lentitud para realizar cualquier tipo de movimiento, tanto para iniciarlos como para desarrollar su ejecución, y la rigidez muscular. No obstante, a pesar de ser los más clásicos, no son los únicos. Estos pacientes suelen tener problemas con el equilibrio y la postura, sobre todo cuando la enfermedad está más avanzada. Asimismo, es frecuente que sufran depresión, ansiedad, apatía o nerviosismo, incluso antes de que aparezcan síntomas motores característicos. Así lo constata la doctora Luquín: “En un 40 % de los casos, la primera manifestación de la enfermedad de Parkinson es la depresión”.

Estos y otros síntomas preclínicos están siendo estudiados desde hace años porque se piensa que, a partir de ellos, se puede establecer un diagnóstico precoz de la enfermedad. Y es que se sabe que, antes de que se manifiesten los temblores, la rigidez y la lentitud de movimiento, se producen ciertos cambios en el cerebro que provocan una serie de signos específicos como la pérdida de olfato, el estreñimiento, la depresión y el trastorno de conducta en sueño REM, que podrían estar relacionados con el párkinson.

Concretamente, el trastorno de conducta en sueño REM, se está analizando como una de las primeras manifestaciones posibles de la enfermedad, ya que más del 80 % de las personas que lo sufren acaban desarrollando una patología neurodegenerativa aproximadamente 10 años después. Este trastorno se caracteriza porque el paciente sufre movimientos enérgicos provocados por pesadillas en esta fase del sueño, en la que lo normal es que la persona esté quieta porque el cerebro manda una orden para paralizar los músculos.

Desde la Sociedad Española del Sueño sostienen que, para analizar la relación entre este trastorno y la neurodegeneración, se deben tener en cuenta otros marcadores como la hiposmia (perdida de olfato) o el SPECT cerebral (técnica que mide si existe poca o mucha dopamina en la sustancia negra del cerebro). Se ha comprobado que el paciente con trastorno de conducta en sueño REM que sufre hiposmia y tiene un nivel de dopamina bajo es más proclive a presentar párkinson.

A pesar de ello, el neurólogo experto en párkinson y presidente de la Fundación Inbiomed, Gurutz Linazasoro, aconseja ser cautelosos con el mensaje para no hacer saltar las alarmas, ya que “todavía no tenemos suficientes elementos para poder confirmar que una persona con un trastorno del olfato o con estreñimiento va a acabar sufriendo párkinson”. Es cierto que existen pruebas (SPECT, la ecografía de la masa negra del cerebro...) que sirven como complemento para apoyar esta sospecha, pero no deja de ser una suposición que no se puede verificar al 100 %. De hecho, Linazasoro explica que estas pruebas se deben utilizar para la investigación, pero no en la práctica clínica. “Todavía estamos lejos de tener una prueba sencilla como un análisis de sangre para diagnosticar la enfermedad de Parkinson del mismo modo que se hace con la diabetes”, asiente.

Pero se sigue avanzando en este sentido. De hecho, una reciente investigación, presentada en la LXV Reunión Anual de la Academia Americana de Neurología, sugiere que las pruebas de una parte de la glándula de la saliva pueden ser una manera de diagnosticar esta enfermedad. Se ha observado que las proteínas anormales relacionadas con el párkinson se encuentran consistentemente en las glándulas salivales submandibulares, debajo de la mandíbula inferior. Este descubrimiento puede ser de gran utilidad sobre todo cuando se considere la necesidad de realizar al paciente ciertos tratamientos invasivos (cirugía de estimulación o terapia génica).


Jueves, 11 de Abril 2013

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