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¿QUÉ HA PASADO CON EL LLAMADO “ESTATUTO DEL MAYOR”?




José Manuel Ribera Casado. Catedrático Emérito de Geriatría de la Universidad Complutense de Madrid

Este mes mi comentario es una pregunta. Una pregunta dirigida a “quien corresponda”, pero a la que me gustaría, y supongo que también a otras muchas personas y colectivos, que se diera una respuesta. Vayamos con los antecedentes. Creo que fue mediado el año 2012 cuando el Imserso tomó la iniciativa y decidió elaborar un documento que, bajo esa denominación, recogiese algunos de los derechos y aspiraciones de las personas de más edad en nuestro país, así como de las instituciones que las representan.
 

A tal efecto, el propio Imserso estableció un grupo de trabajo restringido, constituido sobre todo por expertos de su propio ámbito, al tiempo que nominaba a una serie de personas y asociaciones, también comprometidas en el tema como una especie de colaboradores o asesores externos, responsables todos ellos de llevar a buen término la idea. Yo fui uno de ellos. Lo cierto es que durante bastantes meses, quizás un año y medio, se trabajó duro. Se redactaron y discutieron, al menos, dos borradores sucesivos, extensos –muy cerca de los 100 folios-, donde se desarrollaban una serie de ideas perfectamente encuadrables dentro del título genérico del proyecto. Desde esta publicación, yo mismo comenté en dos ocasiones los contenidos de esos borradores (Balance de la Dependencia nº  36 y 37, octubre y noviembre de 2013). Otras opiniones al respecto emitidas por voces autorizadas y por expertos en distintos campos con procedencias ideológicas diversas, fueron presentadas en aquellas fechas tanto en ésta como en otras publicaciones. Y ¿luego qué ha pasado? Nada. Silencio absoluto. Como decía un conocido humorista de los años cincuenta del siglo pasado del Estatuto del Mayor “nunca más se supo”. 
 

Los borradores que circularon incluían de entrada una especie de declaración de intenciones justificando la iniciativa, y más adelante recogían, comentaban y sugerían a lo largo de cuatro capítulos reflexiones y alternativas de mejora sobre lo que se consideraron principales problema que afectan a las personas de más edad. Cuatro grandes epígrafes centrados en otros tantos temas de un interés indudable. El primero de ellos era el empleo, donde se incorporaba un debate abierto acerca de cuál debiera ser la edad idónea para la jubilación, así como acerca de las posibilidades de mantener alguna forma de actividad laboral una vez jubilados. 
 

El siguiente capítulo trataba sobre la participación. La necesidad de promover, por todos los medios posibles, la participación de los ciudadanos de mayor edad en los diferentes campos que la sociedad ofrece. Se buscaba en este epígrafe que la integración social del colectivo fuese una realidad más evidente y visible. Incluía también este epígrafe una parte específica dedicada al tema del voluntariado y de las eventuales formas de ejercer esa posibilidad en una sociedad como la nuestra.
 

Un tercer punto venía referido a la “vida independiente”, centrado, sobre todo, en el tema del “envejecimiento activo”, lema que había sido el mensaje central de Naciones Unidas para el año 2012. Su desarrollo englobada una primer parte, extensa, dedicada a las cuestiones relacionadas con la salud y, más adelante, otras reflexiones, igualmente amplias que abordaban “la dependencia” comentando la situación en aquellos momentos de la Ley correspondiente.
 

Finalmente, el último gran capítulo estaba centrado en la discriminación por edad, un problema tremendamente extendido, tanto como ignorado, y que afecta de modo directo a la calidad de vida de las personas mayores y a sus propias posibilidades de integración en el sistema. Es un punto que he tratado repetidas veces en los últimos números de “Balance” y en el que ahora no voy a insistir.
 

Se pueden plantear muchas preguntas. Me centraré en dos. La primera es muy obvia ¿Es importante –tiene interés- que exista un “Estatuto del Mayor”? A mi juicio sí. Mucho. Ayuda a delimitar al colectivo a que hace referencia desde todos los puntos de vista.  Le da una presencia y una visibilidad ante la sociedad mucho más clara y positiva de la que ha disfrutado hasta ahora. Permite evidenciar en un marco muy apropiado las cuestiones que les afectan y favorece la discusión sobre los mismos. En último término, da carta de naturaleza a un problema –el que representan las personas mayores- que tiende a ser marginado, cuando no ignorado, por amplios sectores de nuestra sociedad. 
 

Le segunda pregunta sería conocer las razones que hicieron detener y dar marcha atrás a un proyecto positivo, que nació con entusiasmo, sobre el que se trabajó duro y que llegó a estar prácticamente culminado. Para responder a esto, salvo quizás la minoría absoluta de los principales dirigentes políticos implicados en el tema, sólo cabe abrir el libro de las especulaciones. La mía en concreto apunta a que alguien –en singular o en plural- dentro de las más altas instancias del gobierno del momento, se asustó con el tema, o bien tuvo miedo de las consecuencias que podría acarrear oficializar un “Estatuto” de este tipo. 
 

Es evidente que pueden existir otras muchas razones. Mi petición es que se nos expliquen; y, sobre todo, que se retome la idea. Buena parte del trabajo ya está hecho. La más laboriosa y la que podría generar más gasto, algo que políticos y gestores siempre utilizan como argumento para parar toda suerte de cuestiones. Abramos el cajón en el que se apolilla el documento y con ello reabramos también un debate que siempre es actual y que lo va a seguir siendo durante los años inmediatos.



Jueves, 15 de Junio 2017

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