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Resiliencia: Volver al principio




Silvia Resa López. Coach en Diga Coaching

Cuando quieras parar, piensa en lo que te hizo empezar” reza el popular aforismo, que resume la habilidad no innata que llegamos a tener los humanos para volver al estado inicial, tras sufrir una situación adversa. Se denomina resiliencia y nos impulsa a seguir, a continuar con la función para la que nos sentimos preparados. En el caso de los trabajadores del sector sociosanitario, los sentimientos de desmotivación, desgaste y enfado les llevan, en ocasiones, a padecer lo que ya se conoce como “síndrome del trabajador quemado”, con graves consecuencias tanto para ellos como para las personas a su cargo, especialmente si se trata de mayores.

Aunque pueda parecer obvio, la realidad es que el trabajador es un ser humano con condicionantes personales relacionados con la familia o la situación económica y condicionantes profesionales, como el grado de formación o especialización. Hay factores emocionales que tienen que ver con el nivel de autoestima, o la confrontación de la tristeza, la melancolía, el control de la ira o la tolerancia a la frustración, que tienen una incidencia directa con las personas mayores a cargo del profesional.

También hay que tener en cuenta las situaciones que puedan presentarse, tales como un exceso de residentes a su cargo, la respuesta agresiva de los mismos por padecimiento de enfermedades relacionadas con el deterioro cognitivo, las exigencias de los familiares de los residentes o la propia relación entre el trabajador y sus compañeros. Día a día ese cansancio puede acumularse, haciendo que el profesional pierda no solo la ilusión, sino hasta la motivación para levantarse cada mañana y acudir a su puesto de trabajo.

Desde el coaching, el planteamiento se centra en una primera pregunta: ¿qué puedo hacer frente a esta situación? Y en una invitación para aplicar el siguiente decálogo de herramientas pro-resiliencia:

1. Aceptación de la realidad. Lo que ocurre sucede para algo.
2. Adaptación al nuevo escenario tras el cambio (el que sea).
3. Actitud positiva: casi todo tiene un aspecto que nos lleva hacia algo mejor.
4. Medir las propias fuerzas. Conocer hasta dónde podemos llegar en el entorno laboral sin forzar nuestro propio bienestar.
5. Evitar los juicios, tanto a uno mismo como a los demás. Al no juzgar, se supera el afán por el perfeccionismo, que a nadie beneficia.
6. Quedarse con la mejor versión de los demás. Si la familia del residente a nuestro cargo exige demasiado, se puede pensar que es por el cariño que le profesa, que le lleva a buscar su bienestar.
7. Asertividad. El lenguaje neutro y la comunicación tranquila nos faculta para demandar lo que necesitamos.
8. Confrontar las propias emociones: enfado, tristeza, miedo. Preguntarnos qué hay detrás. Al comprender nuestras emociones, podremos entenderlas en los demás con mayor facilidad.
9. Duelo. Entrenar la actitud ante la pérdida, especialmente si presenciamos la muerte de alguno de los residentes a nuestro cargo.
10. Autocuidado: organizar nuestro tiempo para disponer de una franja generosa del mismo y destinarla a “hacer otra cosa”. Proporcionará bienestar emocional y nos servirá para recargar nuestra energía.
11. Entrenar, entrenar y entrenar. La resiliencia no es una habilidad innata, pero se puede aprender.
 


Jueves, 2 de Enero 2020

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