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TRABAJO EN RED: Más allá de la coordinación sociosanitaria


La nueva realidad sanitaria se caracteriza por el envejecimiento y la cronicidad. El nuevo perfil de paciente está cambiando la forma en que los profesionales deben encarar la asistencia a las personas. Conseguir el bienestar y autonomía de los usuarios durante el mayor tiempo posible es un objetivo que precisa de equipos multidisciplinares bien coordinados y compuestos por agentes de distintos ámbitos como son el sanitario y el social, pues sin ese aspecto social la continuidad de los cuidados que se pretende potenciar no será posible. Se trata de un reto complejo, pero sobre el que hay que trabajar si se quiere lograr una atención de calidad. Este nuevo modelo a seguir sienta sus bases sobre lo que se conoce como trabajo en red, y en él tienen mucho que decir los trabajadores sociales.



Por Carmen Moreno

No es ninguna novedad que los sistema sanitario y social, unidos, son más fuertes y efectivos de cara a asistir a una parte de la población que precisa de su integración para afrontar o superar de manera adecuada su estado de vulnerabilidad permanente o temporal como consecuencia de una enfermedad. De ahí la necesidad de una coordinación sociosanitaria de la que se lleva hablando años, pero que no termina de despegar. 

Los profesionales consideran que ambos sistemas son complejos y hablan lenguajes distintos, por lo que no siempre es sencillo trabajar conjuntamente. Pero la realidad es que han surgido nuevas demandas que requieren soluciones prácticas y de la implicación de todos los actores (Administración, instituciones, profesiones, pacientes y familiares) para conseguir mayor calidad de vida y bienestar social de la población. La salud es uno de los factores indiscutibles, y teniendo en cuenta que, en España, hay alrededor de 20 millones de pacientes crónicos, se deben centrar esfuerzos en garantizar una atención de calidad que mantenga la autonomía de los pacientes, lo que pasa por alcanzar la continuidad asistencial entre los diferentes niveles y recursos del sistema (público, privado, Atención Primaria, especializada…). 

Como respuesta a esta exigencia, algunos expertos proponen el trabajo en red, pues este modelo conlleva colaboración, apoyo y negociación entre las partes implicadas. “Trabajar en red supone trabajar juntos, construir con el otro, no sólo prácticas sino significados y sentido de la intervención”, asegura Concepción Vicente, trabajadora social del Hospital Universitario de La Princesa. En su opinión, estas prácticas están fundadas en las posibilidades de creatividad, eficacia y, paradógicamente, en la tecnicidad que llevan aparejadas. Van mucho más allá de la coordinación.

Así lo cree también Alfonsa Rodríguez, profesora de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que indica: “El trabajo en red es más que la simple coordinación interinstitucional y más que un protocolo de actuación compartido intra o interorganizacional, es colaborar, es decir, trabajar juntos en el diseño de los programas y proyectos, bosquejar las actuaciones conjuntas, compartir recursos y resultados; y un largo etcétera”. 

Según explica la presidenta del Consejo General del Trabajo Social, Ana Lima,  el trabajo en red es una metodología que estudian los trabajadores sociales y que aplican en todos los ámbitos de intervención que abordan, incluido el sanitario. “El valor añadido que aporta un trabajador social al equipo multidisciplinar es que va más allá de la coordinación con los profesionales y con los distintos sistemas, pues no solo trabaja con el caso y el paciente, sino también con su entorno social, su familia y sus redes sociales, aspectos importantes para mejorar su salud y bienestar y evitar la exclusión”, sostiene esta experta, que reclama incluir la parte social en el ámbito sanitario.

No pocos estudios e investigaciones avalan la importancia de la red social en los procesos de salud-enfermedad: mejora de los hábitos de cuidado de la salud, capacidad de adaptación frente a una crisis, etc. Por lo que “incorporar la red social del sujeto forma parte de la perspectiva metodológica y epistemológica del enfoque de redes”, confirma Alfonsa Rodríguez.

Por eso, bajo su punto de vista, trabajar en red ha de implicar pensar en redes, es decir, “apuntar a prevenir, cuando no paliar, la vulnerabilidad relacional que sufren las personas”, sugiere.
Trabajar en red supone trabajar juntos, construir con el otro, no sólo prácticas sino significados y sentido de la intervención

¿Una simple moda?
Concepción Vicente mantiene que trabajar en red es necesario y esencial para una buena práctica y atención a las necesidades de la ciudadanía. “Y eso se reconoce políticamente. Los manuales del Ministerio de Sanidad o de la Consejería de la Comunidad de Madrid, hablan ya de las prácticas en red como equivalente a calidad”, apunta.

Por su parte, Alfonsa Rodríguez añade que, en la actualidad, no hay política sociosanitaria ni organización que se precie que no apele al trabajo en red: “Todos los servicios están en red, poseen protocolos de derivación, estructuras formales de coordinación, canales de comunicación e información, funciones, etc. ya sea que estemos hablando de salud mental, atención a la infancia, o violencia de género”. 

Según afirma, estos protocolos apuntan a una buena práctica, a una forma eficiente de proveer a la ciudadanía servicios de calidad y ponen de manifiesto que ningún problema o situación de sufrimiento puede ser abordable desde una única organización, o desde un sistema (salud, educación, servicios sociales, protección a la infancia…).  

Beneficios 
Son muchos los beneficios que aporta el trabajo en red. La profesora de Trabajo Social de la UCM los resume en los siguientes: 
  • Plantea nuevas alternativas asistenciales en situaciones de cronicidad, y también en la prevención de las mismas.
  • Ayuda a optimizar los recursos asistenciales de los diferentes contextos que conforman la identidad y la problemática de los sujetos (clínicos, educativos…).
  • Facilita los procesos de comunicación entre las redes familiares, sociales y asistenciales.
  • Evita situaciones de solapamiento, confrontación, en determinada situación entre las organizaciones asistenciales.
  • Previene el burnout en los profesionales.
  • Ayuda a ajustar las expectativas entre servicios.



Jueves, 11 de Octubre 2018

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