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Ventajas de la atención farmacéutica en centros sociosanitarios




El inminente envejecimiento de la población y el incremento progresivo de los pacientes crónicos supone un aumento de la demanda y del coste de la atención sociosanitaria. En este sentido, la prestación farmacéutica en las residencias constituye un punto clave para el ahorro y la calidad del servicio, por eso se intentó regular con el Real Decreto Ley 16/2012, de 20 de abril, pero aún hay comunidades que no se han ajustado a los modelos propuestos, ya sea por falta de coordinación administrativa o por intereses encontrados de los agentes implicados. 

Hace ya más de dos años que el Estado aprobó el Real Decreto Ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones. Una de las principales novedades para el sector de la dependencia que aporta esta normativa es el artículo 6, por el que se regulan las medidas relativas a la atención farmacéutica en las residencias. En concreto, especifica la obligación de establecer un servicio de farmacia hospitalaria en los centros de cien camas o más o la opción de implantar un depósito de medicamentos vinculados al servicio de farmacia hospitalaria de la red pública. El resto de residencias, es decir, aquellas con menos de cien camas, deben tener un depósito vinculado a una oficina de farmacia. 
Esta nueva situación legal obligaba a las comunidades autónomas a reestructurar su modelo de atención farmacéutica para conseguir mayor eficacia en base a estas premisas. Muchos gobiernos regionales ya se han acogido al reglamento y han creado un marco legal que lo regula, pero aún quedan algunas que no han tomado la iniciativa por distintos motivos.

En el 59º Congreso de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), celebrado en octubre, se exigía el cumplimiento de la Ley en relación a que los centros de más de cien camas incorporen un farmacéutico especialista en el equipo profesional. Para la jefa del servicio de Farmacia Hospitalaria del Hospital Fundación Alcorcón, Montse Pérez Encinas, la razón está clara: “El estado clínico de muchos de los residentes en estos centros se encuentra a medio camino entre el hospital y la atención primaria. Se trata de pacientes complejos, frágiles en los que una atención desde la farmacia comunitaria puede no responder en su totalidad a las necesidades de estas personas residentes”. Al respecto, esta profesional matiza que la oficina de farmacia está orientada principalmente a la dispensación de los medicamentos al paciente ambulatorio en la propia oficina y que estos pacientes tienen unas necesidades especiales. “Muchos de estos pacientes con frecuencia precisan medicamentos por vía intravenosa, medicamentos para administrar por sonda nasogástrica, nutriciones artificiales, determinadas formulaciones y adaptación de dosis que se saldrían de las competencias y posibilidades de una farmacia comunitaria”. Asimismo, asegura que estos pacientes presentan un mayor riesgo de eventos adversos por la farmacoterapia debido a factores relacionados con el propio paciente, con el tratamiento y con la institucionalización. “La polifarmacia incrementa el riesgo de presentar una reacción adversa desde un 13 % a un 82 % cuando se pasa de dos a siete o más fármacos como criterio definitorio”, puntualiza. 

Varios estudios demuestran que la integración del farmacéutico en el equipo asistencial reduce en un 47 % los efectos adversos, como recoge un reciente metaanálisis. Asimismo, dicha integración sitúa al farmacéutico especialista como eje de comunicación entre diferentes niveles asistenciales: sociosanitarios-especializada.

Por Carmen Moreno



Lunes, 17 de Noviembre 2014

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