Cuidar el cuerpo es muy importante y mantener la salud bucal debería ser una prioridad continua, especialmente en la tercera edad, un período durante el cual los dientes pueden volverse un tanto más frágiles.

La salud bucal requiere de mucha atención, especialmente durante la tercera edad. Como es sabido, con el transcurso de los años los dientes pueden deteriorarse y, por lo tanto, es necesario mantener una rutina de higiene y mantenimiento. Aunque exista la creencia de que, eventualmente, los dientes comenzarán a caerse y que esto es algo inherente a la senectud, esto no es estrictamente cierto.

Los dientes en la tercera edad
Existe un número grande de cuidados que deben destinarse al cuerpo y que, muchas veces, se pasan por alto. Aún las partes más resistentes del organismo eventualmente comienzan a deteriorarse y es muy importante prestar atención a los signos, aspecto y demás variables que podrían indicar este proceso. Una de las partes más olvidadas es la boca, por lo que a menudo los médicos y odontólogos insisten en la importancia de mantenerla saludable. Especialmente durante la tercera edad, un período en el cual es normal que el deterioro se haga más notorio.

La vejez es inevitable y es común que el cuerpo deje de tener la rapidez y la resistencia propias de la juventud. Sin embargo, eso no significa que se deba descuidar ni que sea en vano tomar medidas preventivas. Mantener bajo observación la salud del organismo puede modificar considerablemente la calidad de vida y ocuparse de la salud bucal, en específico, podría ayudar a evitar problemas aún mayores, así como también colabora a cuidar el aspecto y por consiguiente, el autoestima. Por ello, a menudo se recomiendan carillas dentales para recuperar la sonrisa.

Las carillas dentales consisten en una suerte de fundas, cuyo propósito es mejorar la posición de los dientes, su forma, su tamaño o su color, para que se vean más armoniosos al sonreír y abrir la boca. Se hacen a la medida de cada paciente, es decir, de forma personalizada, y se utiliza un software mediante el cual el profesional a cargo puede ver una proyección del resultado posible.

Además, las carillas pueden ser de porcelana o de composite, dependiendo de las necesidades y deseos particulares del paciente. Cada una de ellas tiene sus ventajas y será el odontólogo quien determinará (teniendo en cuenta qué necesita la persona) cuáles son las más adecuadas.

Las carillas de porcelana se fabrican en el laboratorio utilizando los datos de las mediciones bucales efectuadas al paciente. Están pensadas para personas que necesitan corregir un mayor número de piezas o que esperan resolver defectos un tanto más graves. Por ejemplo, en el caso de querer corregir diastemas (espacios entre los dientes), dientes astillados, decoloraciones, entre otros. Suelen ser un poco más resistentes y tienen una mayor durabilidad. Por otra parte, están las carillas de composite, que implican un menor tiempo de tratamiento por lo que obtienen resultados más rápidos.

Estas se utilizan en casos menos graves, que no suponen la corrección de irregularidades tan significativas. No se suele requerir más que una sesión para colocarlas, así que en muy poco tiempo es posible obtener los resultados esperados. Además, el material del cual están hechas es muy fino, logrando así ser casi imperceptibles para los demás. Esto es muy efectivo para aquellas personas que no tienen los dientes dañados, pero que aún así quieren corregir un par de defectos, sin tener que atravesar un procedimiento incómodo tanto físico como estéticamente.

Para adultos mayores, ambas opciones representan una buena oportunidad para corregir algunos problemas comunes del desgaste en los dientes, tales como la decoloración, la aparición de manchas o la pérdida de su forma natural. Las carillas dentales ayudan a mejorar la sonrisa, por lo que es muy positiva también para conservar una buena apariencia de los dientes y así colaborar con un autoestima elevado, en tiempos en los cuales esto puede llegar a ser un asunto delicado. Prestar atención a la salud siempre será un factor influyente en el sentido de la valoración personal.

Mantener la salud bucal
Además del mismo desgaste físico, muchas veces existen otros agentes que pueden colaborar con el deterioro de los dientes, tales como ciertos medicamentos, bebidas o alimentos en particular. En ocasiones, es posible corregir los defectos de forma superficial, mientras que en otras se requiere de otro tipo de tratamientos. Un implante dental se convierte en una de las mejores alternativas cuando falta una pieza que se desea reponer. Estudiando atentamente la boca del paciente, el odontólogo será capaz de determinar si es, en efecto, necesario este procedimiento.