El número de plazas residenciales para personas mayores en España no se ha incrementado al ritmo que exige el crecimiento de la población mayor de 65 años, que ha pasado de 8 millones de personas en 2010 a 9,2 millones en 2020. Sin embargo, en este mismo tiempo las plazas residenciales solo se han incrementado en 20.226, según el informe recientemente publicado por el Imserso. En consecuencia, la ratio de plazas residenciales por cada 100 personas mayores se ha reducido pasando de 4,56 a 4,22, alejándose del objetivo del 5 % que aconsejan los organismos internacionales. Del total de 389.031 plazas residenciales para personas mayores en 5.542 centros (1.435 centros públicos y 4.107 privados), el 62 % (242.206) son de financiación pública y el 38 % (146.825) privada.

“Las plazas de financiación pública, que son las que garantizan el acceso a este servicio de todas las personas que lo necesiten, sólo constituyen 2,6 por cada 100 mayores de 65 años. Hay que recordar que unas 100.000 personas, que tienen reconocido actualmente grado II y III de dependencia, están a la espera de recibir alguna de las atenciones a las que tienen derecho. Se puede estimar que más de la mitad de los grandes dependientes y dependientes severos solicitan una residencia o una prestación económica vinculada para ser atendidos en un centro residencial”, informan desde la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales.

La situación muestra diferencias muy significativas entre comunidad autónomas. Solo 5 comunidades (Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón, Extremadura y Asturias) alcanzan la ratio de 5 plazas por cada 100 personas mayores de 65 años, y solo dos de ellas (las dos Castillas) alcanzan también esta ratio con plazas de financiación pública. En este sentido, es necesario destacar el aumento en plazas de financiación pública de Aragón. Cantabria se queda a solo 5 centésimas de alcanzar la ratio definida por la OMS.

Los principales déficits de plazas residenciales para alcanzar al menos la ratio de 5 plazas por cada 100 mayores de 65 años, se encuentran en Andalucía (28.457), Comunidad de Valencia (21.900), Galicia (14.902), Cataluña (9.045), Comunidad de Madrid (8.283), Canarias (7.574), Región de Murcia (6.502) y País Vasco (6.074).

En términos relativos, sólo cuatro comunidades autónomas no superan el 3 % de plazas residenciales por cada 100 personas mayores: Murcia (2,27 %), Comunidad Valenciana (2,77 %), Galicia (2,83 %) y Canarias (2,84 %).

Las diferencias también alcanzan a la proporción entre plazas de financiación pública y las de financiación privada, destacando en este sentido comunidades como Galicia, Canarias y Madrid, donde existe un número mayor de plazas residenciales de financiación privada que pública.

Precios de las plazas

De la misma manera, las diferencias alcanzan a los precios en las plazas residenciales de financiación pública, tanto en centros propios como en los concertados y, especialmente, lo que abonan los propios usuarios en estos centros. En este aspecto, encontramos una horquilla que va desde cuantías inferiores a los 7.000 euros anuales en comunidades como Comunidad de Valencia, La Rioja, Andalucía, Comunidad de Madrid o Cataluña, hasta más de 8.000 euros anuales en Aragón, Murcia, Navarra o País Vasco; en estas dos últimas comunidades con cuantías que superan los 10.000 y los 11.000 euros, respectivamente.

“Resulta así que en algunas comunidades los usuarios abonan más del 40 % del precio de las plazas públicas, mientras que en otras apenas superan el 30 %, incluso una de ellas, La Rioja, el 25 %. A la vista de estos datos, resulta evidente el esfuerzo que deben realizar algunas comunidades para promover la construcción y/o concertar nuevas plazas residenciales para personas mayores y, en especial, para incrementar las plazas de financiación pública, que son las que aseguran el derecho efectivo a disfrutar de una plaza cuando se precise”, subrayan desde la Asociación.

Ubicación plazas

Asimismo, señalan que hay otros debates pendientes, como es el de la ubicación de las plazas residenciales en el territorio, “ya que su carencia se centra en las grandes urbes, mientras que en los medios rurales, en ocasiones excedentarios en plazas, no se adecúan a las características y necesidades de estos territorios y de sus habitantes de más edad, constituyendo un factor que agudiza el vaciamiento de estas zonas, con una gran carga de sufrimiento para quienes a una edad muy avanzada se ven obligados a abandonarlos”.

Por otro lado, en grandes urbes como Madrid, donde la demanda de plazas residenciales es mayor, las plazas de financiación pública se están alejando de los grandes núcleos poblacionales donde son mucho más rentables las plazas privadas, con los perjuicios en desplazamientos y tiempos de visitas que esto ocasiona para las familias y los propios mayores.

COVID-19 en residencias

Las residencias para mayores han sido lugares donde el COVID 19 ha hecho estragos. La edad de quienes las habitan (en su mayoría más de 80 años), la fragilidad de su salud y la convivencia en un mismo entorno, con ausencia de dormitorios individuales, hacen que hayan constituido uno de los escenarios más expuestos a la enfermedad y a su contagio, y que sus consecuencias hayan sido más letales. “Este hecho nos impele a reabrir antiguos debates como el de las ratios de plantillas con las que cuentan los centros residenciales de mayores, especialmente pensando en la necesidad de incrementar la ratio de gerocultores y reformular sus funciones y su remuneración. Es, además, necesario un debate en profundidad sobre el modelo residencial, para superar el modelo asistencialista y sobreprotector que todavía impregna estos centros, avanzando hacia modelos que ofrezcan entornos íntimos, evitando la masificación y facilitando la convivencia y el desarrollo del proyecto vital de cada persona desde la perspectiva de que estos centros son lugares para vivir y convivir-sustituyen a los hogares familiares- y no centros sanitarios”, concluyen.

Gráficos de detalle sobre la cobertura en el conjunto de España y en cada una de las comunidades autónomas, y su evolución en los últimos diez años.

Gráficos