Depresión en las personas mayores

Atención a la depresión en las personas mayores

La depresión es una de las patologías más frecuentes y discapacitantes que afectan a las personas mayores. Un abordaje temprano y un tratamiento adecuado son determinantes para revertir la situación cuanto antes y evitar la aparición de complicaciones. Por ello, es importante que los profesionales sociosanitarios que se dedican al cuidado de estas personas conozcan los signos de alerta específicos, cómo se desarrolla la enfermedad, sus posibles causas y consecuencias, así como las opciones terapéuticas más eficaces.

La salud mental de la ciudadanía, y en concreto de las personas mayores, ha tomado gran relevancia como consecuencia de la crisis provocada por el COVID-19, pero lo cierto es que siempre ha sido una cuestión relevante en el campo de la geriatría.  Los últimos datos publicados de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ponen de manifiesto que la depresión será el principal problema de salud de la población. Entre los más vulnerable se encuentran las personas mayores. De hecho, el grupo de edad con más prevalencia de diagnóstico de depresión son las personas entre los 75 y 84 años, según el Instituto Nacional de Estadística. A pesar de ello, los profesionales de geriatría insisten en que la depresión no es propia del envejecimiento y, por tanto, el desánimo a estas edades no puede normalizarse y quedar condenado a la inacción. Todo lo contrario, deben buscarse soluciones cuando aparecen los primeros signos de alerta para prevenir complicaciones en el estado de salud mental y físico.

El inconveniente es que la sintomatología de la depresión en las personas mayores se manifiesta de manera diferente a como lo hace en el caso de los adultos jóvenes. Esto se debe a que, en esta etapa vital, “confluyen factores muy diversos respecto a la historia clínica y personal que pueden, incluso, dificultar el diagnóstico”, explica la psicóloga Raquel López de la Torre, miembro del Grupo de Psicología del envejecimiento de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). De hecho, el infradiagnóstico de la depresión en las personas mayores es un importante desafío.  

Además, López de la Torre indica que el estado de ánimo bajo o los sentimientos de tristeza en personas mayores no son tan evidentes ni se manifiestan con tanta claridad. En estos casos, la sintomatología de la depresión puede darse con quejas físicas inespecíficas, preocupación por la salud, ansiedad, irritabilidad, alto grado de indefensión. “También es frecuente que normalicen su estado y atribuyan sus sensaciones o sentimientos a circunstancias externas que le rodean. A veces, a la pregunta ‘qué te hace estar triste’, nos contestan con ‘no me acuerdo’ o ‘no lo sé’”, sostienen esta especialista.

Esta situación es bastante habitual en personas con deterioro cognitivo de moderado a grave. Según López de la Torre, “en estos casos, la expresión de tristeza prevalece sin recordar el motivo, lo que hace que tratar esa tristeza o depresión sea muy resistente a la terapia psicológica o farmacológica. No se puede profundizar sobre los motivos causantes de la tristeza, dando lugar a una alexitimia (la incapacidad para identificar las emociones propias), y se queda de forma residual en el estado de ánimo y de forma casi permanente. De hecho, no es raro encontrar más delirios o alucinaciones, fabulaciones y evasión de la realidad en casos de depresión en personas mayores”, subraya esta psicóloga.

La falta de verbalización complica el diagnóstico. Para suplir esta barrera, López de la Torre aconseja  “conocer y construir la historia de vida de cada persona (junto con el testimonio de la persona mayor en sí como de su familia o contexto socioafectivo) hasta favorecer un trato digno y cercano en los modelos asistenciales de las personas institucionalizadas”. Esta especialista también incide en la importancia de realizar una historia clínica exhaustiva y hacer un seguimiento de las personas mayores desde todos los ámbitos sociales porque la depresión  se puede presentar con otros síntomas que no son los habituales.

Causas principales de la depresión en personas mayores

Los expertos consideran que las causas de la depresión o la sintomatología depresiva son multifactoriales. “Influye el cambio de roles respecto a la vida anterior y el afrontar los cambios vitales en el proceso de envejecer.  Se abandona la zona de confort para afrontar una etapa nueva llena de prejuicios acompañados de sentirse útil o inútil, la ocupación o desocupación del tiempo libre, las limitaciones físicas y psíquicas del proceso de envejecimiento, etc.”, cuenta la psicóloga Estefanía del Barrio, también miembro del Grupo de Psicología de la SEGG.

El padecer enfermedades crónicas muy prevalentes en este grupo de edad, como puede ser la diabetes, la enfermedad cardiovascular y las limitaciones que pueden causar en la vida, son otros factores desencadenantes. También la medicación indicada para estas patologías.

En cuanto a los factores sociales, los expertos destacan la pérdida de seres queridos, la pareja, amigos, hermanos…etc. ya que, además, puede ser visto como una anticipación de su propia muerte. Así como el cambio de domicilio, sobre todo cuando no es algo en lo que se esté totalmente de acuerdo, como traslado a domicilio de hijos, ingreso en una institución… Y cambios en las relaciones sociales.

Diferencias entre los mayores que viven en casa o en residencias

La prevalencia de depresión en la población mayor varía entre el 5 y el 20 %, en las personas que viven en su domicilio;  entre 11 y el 45 %, en los mayores hospitalizados, y entre un 11 y el 15% en población institucionalizada, es decir que viven en las residencias.

La psicóloga Estefanía del Barrio confirma que existen diferencias también en los motivos que desencadenan  una depresión en personas que viven en sus casas y en las residencias:   “Las personas mayores que viven en su hogar sufren más la soledad; en cambio, las personas que viven en residencias sufren más despersonalización y desconexión, al no conocer el entorno por no ser su hogar ni tratarse de un espacio familiar”.

Por otro lado, existen diferencias en el tiempo en que se tarda en diagnosticar la aparición de los síntomas. Así lo constata Del Barrio: “Cuando la persona vive en su domicilio, el principal vínculo con el sistema sanitario es el médico de atención primaria y, al ser un profesional que se vista de forma ambulatoria, puede retrasar la detección de síntomas y el diagnóstico.  En el caso de las personas que viven en una institución, el seguimiento de su estado emocional puede ser más continuado por parte de los profesionales del centro, que pueden detectar pequeños cambios en sus hábitos, carácter y en su estado de ánimo, lo que favorece la detección de los primeros síntomas y el diagnóstico”.

Importancia de la prevención y el abordaje

La prevención de la depresión es una cuestión personal, pero también debe ser un compromiso social. La prevención pasa por “el abordaje educativo, el cambio del concepto constructo social de lo que significa envejecer, promoviendo el envejecimiento activo, cambiando esos roles estereotipados, se pueden prevenir bastantes aspectos claves para que no se agraven los signos de depresión en el futuro”, recomienda Raquel López de la Torre.

Esta especialista también hace hincapié en el empoderamiento de las personas mayores en general en la sociedad, en los medios de comunicación, en la familia, en el sistema de sanidad, en los servicios sociales, dentro de las instituciones para que no aparezcan esos sentimientos de minusvalía, soledad e inutilidad que en ocasiones son la base de la sintomatología de la depresión. “Hay que plantearse qué hacer para envejecer de forma saludable y cómo afrontar los cambios que se producen en su vida”, especifica De la Torre.

En cuanto al abordaje, los profesionales consideran que debe ser integral desde todos los servicios de atención: sanitario, salud mental y servicios sociales. Y el tratamiento individualizado, teniendo en cuenta las circunstancias y la historia clínica de cada persona. Debe contemplarse tanto el tratamiento farmacológico, si se precisa, como psicológico.

“Cualquier tratamiento, tanto el farmacológico como el psicológico, siempre tiene que tener en cuenta las características individuales de las personas mayores. No se puede dar cualquier fármaco antidepresivo a una persona mayor, ya que los cambios que se producen a nivel fisiológico pueden afectar a su tolerancia y provocar sintomatología adversa. Además, puede interferir con otros medicamentos que tome. Por eso, la elección siempre debe realizarse de forma individualizada y, tras una valoración exhaustiva de cada caso”, sostiene Estefanía del Barrio.

Lo mismo ocurre para el tratamiento psicológico. Para poner en marcha ciertas técnicas de intervención, es preciso conocer diferentes factores como el nivel educativo, la motivación o la presencia de deterioro cognitivo. Algunas técnicas, especialmente diseñadas para la población mayor, han mostrado eficacia en el tratamiento de la depresión. Entre ellas se encuentran la psicoterapia individual, cognitivo conductual, sistémica, terapia de reminiscencia, mindfulness, terapia de resolución de problemas, terapia con animales, terapia psicosocial, musicoterapia, estimulación multisensorial  Snozelen.

A la hora de realizar la intervención contra la depresión en mayores, estas psicólogas del Grupo de Trabajo de Psicología de la SEGG insisten en tener muy presente la historia de la persona, conocer su contexto vital y comprender antes de juzgar. “En el caso de población mayor, construir su historia es clave para poder hacer tratamientos y acompañamientos significativos y personalizados; en la población adulta, se debe prevenir mediante recursos como el envejecimiento activo, y, en el caso de la población joven, educación para cambiar los estereotipos y prejuicios sociales que acompañan el envejecimiento”.