Durante el Estado de Alarma, las residencias de mayores tuvieron que prescindir de algunos servicios sanitarios externos importante como la logopedia, podología u odontología. No era ni más ni menos que el reflejo de lo que estaba ocurriendo en la sociedad. El inconveniente, en este caso, es que las personas mayores son más susceptibles de deterioro cuando se suprimen terapias o se retrasan la atención de ciertas molestias.

En estos meses, la recomendación se limitaba a las urgencias. Una vez restablecidos estos servicios, las personas mayores institucionalizadas están recuperando sus tratamientos y mejorando su bienestar, pero este hecho ha puesto de manifiesto el valor de esta atención complementaria que los centros ofrecen a sus residentes.

Las residencias cuentan con multitud de servicios sanitarios y no sanitarios. En la mayoría de los casos, los profesionales forman parte de los equipo multidisplinares de los centros, pero también existe servicios externos significativos, como por ejemplo la podología, logopedia o odontología, incluso peluquería. Todos ellos contribuyen a complementar las prestaciones que ofrece la residencia y favorecen una atención más completa e integral a las personas mayores. Según explica la directora Sanitaria de Orpea, Victoria Pérez, “este tipo de servicios y terapias son un valor añadido. Además, están muy demandados y valorados por los residentes y sus familias. De hecho, son considerados a la hora de tomar la decisión de que el mayor viva en una de nuestras residencias”.

Sin embargo, durante el Estado de Alarma, estos servicios tuvieron que suprimirse por seguridad. Las autoridades sanitarias y los propios colegios profesionales recomendaron intervenir solo en los casos urgentes. Por lo tanto, pacientes crónicos y personas mayores, al igual que el resto de la sociedad, solo tuvieron acceso en casos de extrema necesidad. Y ese parón en las terapias ha tenido consecuencias.

¿Cómo afectó el cambio de rutinas?

Según comenta la doctora Pérez, “con el cambio de rutinas, se observó un ligero empeoramiento en las personas mayores. Se procuró suplir con servicios internos que redujeran el impacto de la falta del servicio habitual, pero está claro que esta situación ha afectado a toda la población y también a las personas mayores que viven en las residencias”.

Un ejemplo ha sido la salud bucodental. Sara Guisado, directora de Sermade, empresa que ofrece servicio odontológico a las personas que viven en las residencias, a través de sus unidades móviles, asegura que la salud bucodental de las personas mayores se vio resentida durante el confinamiento. 

Prótesis dentales extraviadas o fracturadas, falta de higiene o caries son algunos de los problemas que se han agudizado tras la crisis sanitaria provocada por el COVID-19. Así lo indica Guisado: “Hemos detectado procesos infecciosos avanzados por no haberlos tratado a tiempo. La falta de higiene ha provocado la acumulación de sarro. También se han producido pérdidas de prótesis dentales en este tiempo, sobre todo en personas que han sido ingresadas en centros hospitalarios”.

Sermade solo estuvo marzo y abril sin atender a los mayores de las residencias por la situación tan compleja que se estaba viviendo. Y la desescalada fue complicada y desigual, afirma su directora.

Este tipo de servicios y terapias son un valor añadido para las residencias. Además, están muy demandados y valorados por los residentes y sus familias

Durante el Estado de Alarma, los podólogos tampoco han intervenido, a pesar de que  “con las medidas y medios adecuados hemos podido prestar servicio en todo momento”, especifica el vocal del Colegio de Podólogos de Madrid (COPOMA), Juan Carlos Montero, que opina que esta parada en los servicios ha afectado a los pacientes. “Es posible que muchos ancianos no hayan podido recibir una atención apropiada y a tiempo,  y que esto haya podido derivar en complicaciones”. Al igual que el resto de estos servicios, solo han atendido urgencias. Entre ellas, problemas de uñas que se clavan y que pueden infectarse, pie diabético para evitar una sepsis o traumatismos por golpes, “porque son situaciones que deben resolverse con premura”, apunta Montero. Pero “otras molestias, como un callo, que no han sido atendidas, han podido limitar a largo plazo la funcionalidad de la persona”, sostiene el vocal del COPAMA.

Otros servicios tardaron más en recuperarse. La logopeda Sofía de la Fuente, miembro de la Junta Directiva del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid (CPLCM), manifiesta que estuvieron sin dar servicio a las residencias aproximadamente seis meses, ya que “era necesario tomar medidas de seguridad efectivas, dado que se trataba de un grupo poblacional de alto riesgo y la intervención del logopeda requiere de un acercamiento”, pero reconoce que la detención de las terapias ha repercutido negativamente en las personas mayores. En concreto, apunta que se ha apreciado un retroceso tanto físico como cognitivo en su estado de salud: “La falta de movilidad, en este tiempo, ha producido más dificultades en la deglución, tanto a nivel motor como sensitivo”. Una de las alteraciones más preocupantes que tratan los logopedas en las personas mayores institucionalizadas es la disfagia y, en algunos casos, esta función ha sufrido una merma importante. También ocurre con aquellos tratamientos de la voz y el habla. Con la intervención logopédica se rehabilitan los músculos que intervienen en funciones esenciales como la comunicación y la alimentación y, debido a la falta de ejercitación, han perdido funcionalidad.

Precisamente la disfagia y la disfonía (pérdida de voz) son secuelas que se ha observado en los pacientes con COVID-19 que han estado ingresados en la UCI y han sido intubados. Asimismo, en estos pacientes, “se han visto otras secuelas relacionadas con el habla y el lenguaje, como la afasia, apraxia o disartria”, refiere Sofía de la Fuente.

Interrupción de las terapias por miedo

Además de por las recomendaciones de la autoridades sanitaria, en muchos casos, el retraso en los tratamientos también se ha debido al miedo al contagio de los usuarios y familiares. Tras el Estado de Alarma y la desescalada, las terapias se podían restablecer tomando las medidas de seguridad oportunas. Sin embargo, estos profesionales están de acuerdo en que el miedo al contagio ha supuesto un dilema y un factor disuasorio para las personas mayores y sus familias. Y esto ha podido demorar la intervención y provocar ciertas complicaciones.

Estamos viviendo una situación compleja, que cada individuo afronta según sus prioridades y miedos y no siempre es fácil medir y decidir qué es lo más acertado. Pero los profesionales insisten en que están preparados para atender de manera efectiva y segura.

Atención con seguridad

En este sentido, Sara Guisado apunta que la práctica odontológica siempre ha resultado muy segura ante enfermedades contagiosas porque los odontólogos siempre han ido protegidos para ejercer su profesión con total seguridad, tanto por ellos mismos como por sus pacientes. Pero, evidentemente, esta pandemia ha hecho que los protocolos sanitarios sean reforzados.

Además, la directora de Sermade apunta que, en su caso concreto, “el hecho de que acudamos nosotros con nuestras unidades móviles a los centros residenciales brinda la oportunidad al paciente de minimizar los riesgos ante el coronavirus, ya que evitamos traslados, minimizamos el contacto con otras personas y trabajamos en absoluta coordinación con el personal sanitario del centro”.

En la misma línea, Juan Carlos Montero asegura que los podólogos pueden prestar servicios de podología en las residencias, siempre y cuando tengan un lugar habilitado para ello. Como ocurre con los centros de mayores del Ayuntamiento de Madrid, con quién el COPOMA tienen un convenio desde hace años. En estos centros, las salas donde se practican cuidados podológicos cuentan con una acreditación de la Comunidad de Madrid. Por lo demás, las medidas de protección ya existían antes de la pandemia y, ahora, se han intensificado.

Este especialista explica que las tres medidas básicas que se han establecido para combatir el contagio por COVID, ya las mantenía en consulta: “El lavado de manos es obligatorio para los sanitarios, los podólogos usamos mascarillas mientras trabajamos y el distanciamiento social en nuestro caso está asegurado porque al tratar los pies la distancia real a la que nos encontramos de la cara del paciente es más de un metro”.

Pero con esta situación “nos hemos vuelto más escrupulosos aún” y, a estas medidas básicas, han añadido otras como el empleo de EPIs, bata de aislamiento, careta y gorro. Asimismo, desde el punto de vista de los pacientes, es obligatorio que usen mascarilla, gel hidroalcohólico, alfombras desinfectantes, etc.

Al final, estos profesionales siguen y se adaptan a las normativas y protocolos de las residencias. En este sentido, la directora Sanitaria de las residencias Orpea argumenta que a día de hoy, se han restablecido todos los servicios “respetando los protocolos y medidas frente el COVID-19 para cualquier personas experta que acceda al centro, ya se trate de familiares como de trabajadores y servicios externos”.

Y destaca que se han establecido planes de contingencia en cada uno de los centros, que permiten garantizar la seguridad de usuarios y empleados. “Se garantiza la distancia física necesaria en el puesto de trabajo, medias de higiene personal y de zonas comunes, controles de aforo, y hemos dotamos a todos los empleados, ya sean internos o externos, de los materiales EPIs necesarios”, mantiene la doctora Pérez.

Servicios esenciales y de continuidad

Estos servicios externos que suelen ofrecer los centros a las personas mayores son imprescindibles no solo para tratar posibles afecciones sino también para prevenirlas y favorecer una mejor salud y calidad de vida.

El logopeda es una figura imprescindible en las residencias para ayudar a la retrasar la evolución de algunos procesos muy relacionados con el envejecimiento y con las enfermedades neurodegenerativas, como por ejemplo las alteraciones del lenguaje, habla, voz, audición y deglución. Se trata de mantener estas capacidades funcionales en condiciones óptimas durante el mayor tiempo posible. Todas estas funciones son esenciales en el ser humano e influyen en la comunicación, alimentación y socialización, factores claves para un en mayor bienestar físico y mental de las personas mayores.

En concreto, Sofía de la Fuente aclara que “el logopeda actúa en las fases de prevención, detección valoración y rehabilitación del paciente. Por eso, el CPLCM considera que es necesario que los logopedas formen parte de los equipos multidisciplinares que atienden a los pacientes con disfagia y trastornos del habla, la comunicación, el lenguaje y la audición”.

También la podología juega un papel clave en el bienestar de las personas mayores. “Los pies son la estructura porque la que empieza el equilibrio en nuestro cuerpo. Y, en las personas mayores, esta estructura está muy debilitada por el exceso de kilómetros y por otros problemas asociados, como la artrosis o la artritis. Por tanto, si no existe una correcta atención podológica, el equilibrio se verá afectado y favorecerá otro tipo de complicaciones en las caderas, rodillas, etc. Incluso podría estar relacionado con un aumento de las caídas”, razona Juan Carlos Montero. 

En el aspecto odontológico, Sara Guisado, defiende que mantener una salud bucodental adecuada en las personas mayores es muy importante por varios motivos. A nivel sanitario, para evitar posibles infecciones y dolencias, ya que “la boca es una entrada para multitud de bacterias que pueden poner en peligro nuestra salud general; y ciertos tipos de bacterias bocales pueden ser causa de riesgo en problemas cardiacos y musculares en caso de que pasen al torrente sanguíneo”, advierte esa especialista. Pero, además, es frecuente que las personas mayores tomen medicamentos para su bienestar que pueden alterar su salud bucodental. Por todo ello, Guisado recomienda hacerse revisiones semestrales o anuales.

Servicios reforzados

Esta pandemia ha obligado a los profesionales sanitarios a adaptarse a las nuevas necesidades de los pacientes. Y estos servicios no solo han salido reforzados en lo que a seguridad se refiere, los métodos de trabajo, en algunos casos, han tenido que modificarse, mejorando la atención.

La directora de Sermade destaca que una de las ventajas ha sido que se ha generado mayor comunicación y coordinación tanto con el centro como con los familiares: “Hemos reforzado los canales de comunicación con el centro para mantener una coordinación y coherencia sanitaria y mantenemos una comunicación estrecha con los familiares del paciente. Ahora no pueden estar presentes durante la valoración o tratamiento y, en ocasiones, esto les crea incertidumbre. Para evitarlo,  hacemos videollamadas para que el trato sea más cercano, conozca a los profesionales que van a atender a sus familiares y les explicamos el protocolo anti COVID que llevamos a cabo”.