¿Es posible la eliminación total de sujeciones en centros residenciales?

¿Es posible la eliminación total de sujeciones en centros residenciales?

La Fiscalía General del Estado ha aprobado la Instrucción 1/22 que aborda la utilización de la contención mecánica o farmacológica, tanto en centros residenciales y/o sociosanitarios como en unidades psiquiátricas. Su publicación ha despertado cierta controversia en el sector sociosanitario sobre el uso de las sujeciones: ¿es posible su eliminación total?, ¿cuándo pueden considerarse excepcionales?, ¿es necesario certificarse como centro libre de sujeciones? En este reportaje, profundizamos en la Instrucción de la Fiscalía y sus implicaciones, así como en los diferentes puntos de vista respecto al uso de sujeciones. Hay profesionales que aseguran que es posible la atención centrada en la persona con cero sujeciones en centros residenciales. Sin embargo, otros matizan que no lo es porque, en ocasiones, los residentes presentan patologías o desórdenes conductuales que suponen un peligro para sí mismos y para otros residentes. En cualquier caso, la formación y capacitación del personal de atención directa es imprescindible.

Según indica Fiscalía General del Estado, la finalidad de la Instrucción 1/22, publicada el pasado mes de enero, es salvaguardar la dignidad de las personas y promover su autonomía ante el uso de sujeciones, porque implica mayor control y evita un uso abusivo. De esta manera, la Instrucción encomienda a los fiscales, en coordinación con los servicios de inspección autonómicos, la supervisión y control de la utilización de las sujeciones para garantizar que los centros cumplen con los principios básicos de necesidad, que se resumen en prescripción facultativa, excepcionalidad, proporcionalidad, provisionalidad y prohibición de exceso.

La mencionada Instrucción ha generado reacciones diversas en el sector de atención a las personas mayores y en situación de dependencia que, actualmente, se encuentra inmerso en un proceso encaminado a la racionalización e, incluso, eliminación de sujeciones en centros residenciales.

El director médico del programa Desatar de Ceoma, Antonio Burgueño, entiende que la Instrucción responde a la preocupación de la Fiscalía General del Estado respecto al uso de sujeciones en residencias, “pero no será capaz de transformar la realidad actual sin otros cambios normativos y más recursos”. En su opinión, la Instrucción se limita a “comprobar que hay prescripción facultativa, consentimiento informado y que el centro cuenta con un protocolo de sujeciones, algo que ya vienen haciendo muchos servicios de inspección de diferentes comunidades autónomas sin que haya derivado en un uso menor”.

Por tanto, Burgueño señala que las repercusiones en las residencias se concretan en más burocracia o papeleo y más incertidumbre de la que ya existe, “ya que las inconcreciones, generalizaciones y divagaciones éticas de la Instrucción dejan a los inspectores libertad para la interpretación”.

En definitiva, este experto considera que no mejorará la prevalencia del uso de sujeciones en las residencias de personas mayores: “Se seguirán utilizando prácticamente las mismas que en la actualidad, porque los centros han aprendido a justificar aquellas que consideran necesarias”.

En la misma línea, la presidenta de la Fundación Cuidados Dignos, Ana Urrutia, asegura que en España se sujeta desde siempre “mucho y mal”, en unas condiciones de “indignidad” y con “falta de seguridad”. “La legislación española no prohíbe sujetar, pero sí pide que se sujete bien y bajo prescripción médica, lo que diluye el carácter de excepcionalidad. Por tanto, los centros españoles no necesitan esforzarse para aprender a no sujetar”, expone Urrutia. Sin embargo, insiste en que “si se va a sujetar”, al menos, “hay que hacerlo bien. Con elementos homologados”.

En su opinión, la Instrucción de la Fiscalía está diseñada para que los centros no sujeten, pero realmente permite seguir sujetando con carácter excepcional. Por tanto, los centros seguirán haciéndolo. “Pero como tienen que cumplir una serie de requisitos muy concretos y estrictos, resultará más complejo sujetar. Unas exigencias que puede conducir a que algunos centros se planteen sujetar menos e incluso dejar de hacerlo. Por tanto, esta Instrucción aporta una legislación nacional que, si bien no conducirá a dejar de sujetar definitivamente, los criterios que establece contribuirán a que los centros sujeten bien. En ese sentido, bienvenida sea”, asegura.

Otra crítica de Burgueño a la Instrucción es que mezcla la atención en psiquiatría con la atención en residencias, como si el fenómeno del uso normalizado de sujeciones fuera el mismo “y no tienen nada que ver”.

Por otra parte, como los fiscales van a depender, en gran medida, de las acciones de los servicios de inspección de servicios sociales de la comunidad autónoma, Burgueño destaca que la aplicación será también distinta en función de la dotación de esos servicios de inspección y su capacidad de actuar sobre las residencias. “En algunas comunidades puede pasar más de año entre una inspección ordinaria y otra. Mientras que en otras comunidades, los servicios de inspección solo acuden a un centros cuando se produce una reclamación por una falta grave”, apunta.

A este respecto, la presidenta de la Fundación Cuidados Dignos añade que aunque la Instrucción es más estricta que normas anteriores, no plantea sanciones concretas. “Simplemente dice que si se produjera una situación punible pasaría a un órgano sancionador. Entiendo que serán las inspecciones de servicios sociales y, en cualquier caso, debería ser una sanción importante y dura, porque estamos hablando de la dignidad de las personas”, afirma.

Por todo lo expuesto, y para evitar generar incertidumbre, Antonio Burgueño sugiere que “sería necesario contar en España con una normativa específica, que deje claro en qué circunstancias o por qué razones no se admite el uso de sujeciones, y cómo se va a comprobar o detectar ese uso no admitido”. Además, subraya que la normativa “debería obligar a que los centros permitan que se hagan públicos sus datos de prevalencia de uso de sujeciones, lo que podría tener un efecto incentivador sin tener que tomar medidas punitivas”.

A este respecto, Ana Urrutia añade que en España “necesitamos leyes que le den al ciudadano, a la persona, el derecho a decidir que quiere ser cuidado sin sujetar con seguridad y las mismas garantías de atención”. Y cuando el estado de salud de esa misma persona empeore, “el centro sea capaz de adaptarse y resolver la problemática sin necesidad de sujetar. Esto significa que se está capacitando a la persona y dotándola del derecho a elegir cómo quiere ser cuidada”.

Diferencia entre uso y abuso de sujeciones en centros residenciales

El director médico del programa Desatar de Ceoma asegura que la existencia de centros totalmente libres de sujeciones ponen en evidencia que “es posible prescindir totalmente de su uso. Pero eso no convierte necesariamente a las sujeciones que se utilizan en otros centros en un manifiesto abuso, ya que un abuso implica una intencionalidad o un abandono del cuidado debido o una negligencia, que no está detrás de la mayoría de sujeciones que se siguen usando”. En su experta opinión, lo que realmente  hay detrás del uso de sujeciones es una sumatoria de factores como déficits estructurales y ambientales, déficits organizativos y déficits de conocimientos y algunos aspectos de mentalidad, “que cuando se corrigen es posible prescindir de las sujeciones con unas cuotas de seguridad razonables”.

De la misma manera, Ana Urrutia afirma que si bien es cierto que cualquier uso de sujeciones, en principio, es un abuso de la libertad de las personas, matiza la afirmación: “No en todos los casos, como los considerados excepcionales. Se trataría de casos agudos, de patologías muy concretos y absolutamente temporales. En el resto de caso, sería un abuso, porque los motivos por los que, en general, se sujeta en este país pueden resolverse sin sujeción”.

¿Qué se entiende por sujeción en un centro residencial?

Existe un consenso internacional que define una sujeción física de la siguiente manera: “Limitación de la libertad de movimientos de una persona, o su actividad física, o el normal acceso a cualquier parte de su cuerpo, con cualquier método físico aplicado sobre ella, o adyacente a ella, del que no puede liberarse con facilidad”.

Existe una gran variedad de formas de sujetar físicamente a una persona, tales como los cinturones pélvicos para aplicarlos en sillas o sillones, donde también se emplean arneses de pecho o una mezcla de arnés de pecho y cinturón pélvico en una misma pieza, a los que se suman los cinturones que se utilizan en la cama. También hay muñequeras y tobilleras de todo tipo e, incluso, las barandillas se pueden considerar sujeciones. Este tipo de sujeciones son fáciles de ver cuando se visita una residencia, ya que son difíciles de ocultar.

Pero existen otras formas más sutiles de restringir físicamente a una persona, que también son más difíciles de evidenciar, como sillas y sillones colocados de tal manera que impiden que la persona se levante; o las sábanas fantasma en las que se introduce a la persona en la cama y de la que no puede salir sin ayuda. “Sigue prevalente el afán de restringir la movilidad de la persona como forma dominante de proveerle seguridad, y hasta que esa mentalidad no cambie o no se vea la seguridad desde otra perspectiva, será difícil frenar la creatividad a la hora de sujetar”, afirma Burgueño.

En cuanto a la sujeción química, también llamada farmacológica, no existe consenso. El Programa Desatar se suma a la definición de la ley federal americana (USA) sobre sujeciones químicas: “Any drug used for discipline or convenience and not required to treat medical symptoms”. En la misma línea, la presidenta de la Fundación Cuidados Dignos incide en el uso inadecuado de fármacos psicotrópicos para manejar o controlar una conducta inadecuada o molesta, que no suele tener un desorden psiquiátrico diagnosticado y que, además, podría ser tratada con terapias no farmacológicas o actuando sobre el entorno. “Los fármacos anulan muchas de las capacidades de las personas, pero no todos los psicofármacos son sujeciones químicas. Algunos forman parte de la terapia”, explica Urrutia.

Las sujeciones químicas son más fáciles de camuflar, “sobre todo cuando los fármacos que se utilizan se dice que son tratamientos médicos de enfermedades o síntomas”, asegura Burgueño. Detectarlas es posible, pero requiere de una especial capacidad técnica de quienes las tienen que buscar. Igualmente, Urrutia añade “que un ojo técnicamente preparado detecta los signos indirectos que indican que un centro utiliza sujeciones químicas. Solo hay que observar el trato que prestan a los mayores, cómo abordan los problemas e incluso la disposición de los usuarios. No siempre se ve fácilmente, pero alguien con mucha experiencia, como es nuestro caso, sí lo detecta. Por eso, los inspectores tienen que prepararse bien”.

Cero sujeciones en centros residenciales: ¿es posible?

Antonio Burgueño lo tiene Claro: “Sí, está demostrado. Es posible y lo recomendable es ir hacia el objetivo cero sujeciones para evitar los vicios e ideas erróneas que pueden surgir cuando el planteamiento inicial es reducir sujeciones, manteniendo cierto grado de tolerancia”.

Desde su experiencia, el simple hecho de tolerar algunas sujeciones conduce a justificarlas y, por lo tanto, “la actitud y mentalidad necesarias para erradicarlas completamente no se llega a alcanzar. Quienes trabajan con el objetivo de reducir su uso, piensan que no es posible erradicarlas totalmente, y es lógico que piensen así. Yo he llegado a leer justificaciones éticas de las sujeciones con bastante criterio, pero que no dejan de ser aberrantes”.

Urrutia también lo tiene claro: “Sí, es absolutamente posible. Y ya hay muchos centros que lo han demostrado sin aumentar los costes ni las ratios de personal. Simplemente con formación y capacitación de los equipos para prevenir situaciones que conducen a la sujeción, mediante un abordaje de atención centrada en la persona”.

Pero no es lo mismo hablar de una residencia de personas mayores que de un centro de salud mental. “En las residencias se puede ir poco a poco, implementando herramientas que se centren en el cuidado para que el equipo aprenda a resolver los problemas de manera natural sin necesidad de recurrir a las sujeciones. Sin embargo, en los centros de salud mental puede suceder que, con independencia del esfuerzo que haya hecho el equipo o del trabajo de prevención, un paciente puede seguir estando tan agitado que sea necesario utilizar una sujeción, fundamentalmente química”, afirma Urrutia.

Cuándo una sujeción se considera excepcional

Burgueño se centra en el ámbito de las residencias para personas mayores, “que es donde nosotros proponemos que sean erradicadas”. “Le damos mucha importancia a la posibilidad de hacer una excepción a la regla de no utilizar sujeciones, algo que importa sobre todo a quienes están haciendo excepciones frecuentemente. Pero en los centros en los que se ha consolidado la atención sin sujeciones no se da esa necesidad excepcional”, explica Antonio Burgueño.

Por ello, el director médico del programa Desatar de Ceoma señala que solo se consideran necesarias las sujeciones en centros donde aún no han sido capaces de prescindir de ellas en su totalidad y, en esos centros, es donde prevalece la discusión sobre qué se debe considerar excepcional y por cuánto tiempo se puede hacer la excepción. “Exagerando la deliberación, en una residencia puede surgir una situación de grave amenaza a una vida, en la que hay que actuar restringiendo a una persona”, apunta.

Ana Urrutia coincide en señalar que las situaciones que podrían justificar el uso de una sujeción están relacionadas con la existencia de una amenaza real para la integridad física de la persona o de terceras personas, que debe resolverse en un periodo de tiempo muy corto. En estos casos, las sujeciones están, básicamente, orientadas a tratar problemas de salud mental y otros procesos agudos. “Por eso, se trata de situaciones muy puntuales y poco frecuentes. Además, cuanto mejor sea la atención centrada en la persona y con un adecuado trabajo preventivo de la persona y su entorno, menos uso sujeción temporal se necesitará”, detalla.

Por eso, Burgueño destaca que uno de los efectos perversos de mezclar sujetos objeto de la Instrucción es que las sujeciones excepcionales y limitadas en el tiempo, que sí que pueden darse en el ámbito de la psiquiatría, lleve a pensar que también pueden normalizarse en una residencia.

Principales motivos para usar sujeciones en centros residenciales

En las residencias de personas mayores, los motivos más frecuentes son, en primer lugar, el riesgo de caídas. “Pero no se puede plantear evitar caídas con sujeciones excepcionales y limitadas en el tiempo, pues no sabemos cuándo la persona puede sufrir una caída”, apunta Burgueño. Otro motivo habitual para el uso de sujeciones es la necesidad de mantener tratamientos médicos o sondas de alimentación.

Ana Urrutia también señala la agresividad, cuadros de agitación, agresividad y trastornos conductuales como causas que hace que los centros sujeten. Pero, en su opinión, no pueden considerarse motivos suficientes para indicar una sujeción, “ya que la organización tiene que aprender a abordar ese tipo de problemáticas sin sujetar”.  

En ocasiones, el desconocimiento hace que las familias soliciten las sujeciones y amenacen con demandar al centro si no sujetan. Por tanto, Urrutia subraya la importancia de “enseñar a las familias que se puede trabajar sin sujeciones, que hay otras maneras de abordar las problemáticas. Las familias no deben interferir y deben dejar trabajar a los equipos de profesionales, porque son quienes saben cómo hacerlo”. Y Burgueño añade: “Los más valientes admiten que, en muchos casos, recurren a las sujeciones por miedo legal a las familias”.

Si se hace un análisis más profundo de los motivos poniendo, por ejemplo, el foco en quienes son objeto de sujeciones en una residencia, Antonio Burgueño indica que son personas con demencia, normalmente en etapas avanzadas, “lo que nos lleva a deducir que es el comportamiento de esas personas lo que está detrás del uso”.

Y para dejar de usarlas…

Para dejar de usarlas, Burgueño precisa que las razones son claras: “Las consecuencias del uso para las personas que son objeto de sujeciones físicas. La principal consecuencia física es el inmovilismo inducido, mientras que las consecuencias psicológicas abarcan desde traumas psicológicos hasta reacciones de rechazo extremo y lucha por zafarse. Y cuando la persona acepta que se tiene que resignar, se retira y adquiere una actitud de apatía, después de haber pasado miedo al abandono e incluso vergüenza”.

En el caso de las sujeciones farmacológicas o químicas, las consecuencias van más allá de los efectos secundarios descritos en el prospecto: “Los efectos también afectan a la seguridad física de la persona, porque reducen el nivel de atención y la velocidad de reacción, lo que afecta a la coordinación de los movimientos y, por tanto, provoca un mayor riesgo de caídas con consecuencias graves”.

Todo ello, indica que los dos tipos de sujeciones van muy de la mano. “Las sujeciones químicas llevan a utilizar sujeciones físicas, y las sujeciones físicas llevan a utilizar fármacos psicotrópicos para controlar los efectos psicológicos”, resume Burgueño.

Ahora bien, el principal motivo para dejar de utilizarlas son los beneficios para la persona mayor, pero también para la organización y los profesionales. “Los centros se vuelven más adecuados y la organización de las tareas se ajustan a las necesidades de las personas con demencia. Los profesionales se vuelven más expertos en su trabajo y más conocedores de los aspectos especiales de la casuística que atienden”, detalla Burgueño.

Formación de los profesionales

La formación de los profesionales es clave para la eliminación del uso de sujeciones porque, tal y como explica Burgueño, son quienes han de liderar el que se llegue a prescindir de esas prácticas en el ámbito asistencial algún día, si bien es cierto que necesitarán apoyo de quienes dirigen las organizaciones.

En este sentido, Ana Urrutia declara que sin una adecuada formación y capacitación de los profesionales, así como una transformación cultural, es imposible adoptar nuevas herramientas de trabajo. “Los equipos deben aprender a abordar los problemas sin sujeción, lo que requiere un cambio de mentalidad”, afirma. La presidenta de la Fundación Cuidados dignos va más allá y defiende que el uso de sujeciones no es un problema del paciente o del usuario, sino de los equipos. Cuando un centro es capaz de cuidar sin sujetar “es porque hay equipos que han aprendido a trabajar de otra forma y lo han hecho posible”.

Las familias también son un elemento clave en este proceso, ya que deben adquirir la concienciación necesaria para apoyar a los profesionales que apuestan por cuidar de un modo que no sea muy lesivo o perjudicial a medio y largo plazo, “aunque a corto plazo parezca que una sujeción es recomendable”.

Programa Desatar de Ceoma

El proceso que conlleva a la eliminación de sujeciones en una residencia de personas mayores requiere de una buena estrategia, que se diseña ad-hoc para la realidad de cada centro. Además, los equipos asistenciales deben adquirir conocimientos sobre seguridad física pasiva y el manejo de las caídas, así como conocimientos especiales en el cuidado de personas con demencia y, en especial, de prevención y manejo de sus síntomas psicológicos y conductuales reactivos. “Sobre esta base, se desarrollan las acciones de adecuar los entornos físicos y hacer los ajustes organizativos necesarios”, asegura Burgueño.

El proceso, que puede llegar a durar hasta un año, depende de la situación de partida. Cuando el centro logra ser totalmente libre de sujeciones y solicita la acreditación de Ceoma, es necesario realizar una comprobación con datos y visita al centro, que permita confirmar que, efectivamente, está libre de sujeciones. Por tanto, Ceoma acredita un centro libre de sujeciones comprobado y luego realiza un seguimiento que, si demuestra al año que sigue sin utilizar sujeciones, obtiene una acreditación definitiva. “Recientemente, hemos comenzado a comprobar centros que han cumplido más de cinco años libres y, en todos esos supuestos, se emite una acreditación Oro”, reconoce Burgueño.

19 años de Programa Desatar de Ceoma ha permitido otorgar la acreditación definitiva a 118 centros para personas mayores, de los que 60 llevan más de 5 años sin utilizarlas. En proceso de acreditación, Burgueño estima que hay decenas de centros.

Norma Libera Care

La norma Libera Care de la Fundación Cuidados Dignos es una filosofía y una manera de entender el cuidado sin sujeción centrado en la persona, pero también es una metodología que enseña a los trabajadores a cambiar la mentalidad y a cuidar sin sujeciones, y no solamente  en residencias de personas mayores. “Se trata de un proceso de mejora continua y, con el tiempo, las sujeciones van desapareciendo de manera natural. El enfoque que acaba calando en los profesionales”, afirma Ana Urrutia.

Respecto al proceso de implantación, la Fundación Cuidados Dignos imparte la formación que cada equipo necesita. “Hay centros que son capaces de generar el cambio en poco tiempo, mientras que otros necesitan más acompañamiento. También formamos un equipo líder, que es el que genera el cambio. Además, sensibilizamos a la organización y caminamos juntos en todo el proceso de implantación”, detalla Urrutia. Cuando trabajan con grupos residenciales grandes, suelen formar a equipos técnicos: “Les enseñamos la metodología para que puedan implantarla en los diferentes centros”.

Se trata de un modelo centrado en la persona sin sujeción, que busca desarrollar la autonomía del usuario. Además, reconoce el gran esfuerzo que ha realizado el conjunto de la organización hasta alcanzar un cambio total de mentalidad y de cultura. “Además de certificar que el centro no usa sujeciones, certificamos que presta una atención centrada en la persona que permite a los profesionales entender comportamientos anómalos de los usuarios, evitar caídas, etc.”, informa Urrutia.

Actualmente, son más de 400 las organizaciones formadas en aspectos relacionados con la Norma Libera-Care. Del total, alrededor de 180 centros de toda España se han Certificado en la Norma Libera-Care, asegurando la calidad de vida de las personas a las que cuidan.

En primera persona

Cero sujeciones físicas y racionalización del uso de psicofármacos

La eliminación completa de sujeciones físicas en los centros de personas mayores tiene repercusiones positivas en el cuidado y en la salud: los residentes se encuentran más activos y, sobre todo, se producen menos caídas con consecuencias graves. Además, si se añade el uso racional, adecuado y controlado de los psicofármacos, mejora la socialización y el estado físico de los mayores.

Ambas son conclusiones de dos estudios realizados por Sanitas. El primero de ellos afirma, con niveles significativos de evidencia científica, que las sujeciones físicas pueden ser eliminadas con seguridad, ya que la supresión de estas ataduras en personas mayores no incrementa los riesgos de lesiones por caídas y mejora su situación médica y psicológica.

El segundo de ellos, realizado junto con el Dartmouth Institute for Health Policy and Clinical Practice, mostró que un uso racionalizado y adecuado de psicotrópicos beneficia la salud de las personas mayores, con y sin demencia, y permite a los profesionales sanitarios trabajar con mucha más seguridad en la práctica médica habitual.

“Sanitas Mayores defiende el cuidado sin sujeciones físicas y la racionalización de psicofármacos en todos sus centros, dado los beneficios que suponen para la calidad de vida y salud de los mayores”, subraya el director Médico, Calidad e Innovación de Sanitas Mayores, David Curto.

Todos los centros de Sanitas Mayores están certificados libres de sujeciones físicas; excepto uno, el de más reciente apertura que está en proceso. En este sentido, con el enfoque centrado en la persona, y adicionalmente a las certificaciones de sujeciones físicas, Sanitas aboga por un uso adecuado de psicofármacos. “Trabajamos desde hace más de cinco años por ajustarlo a las necesidades de los residentes”, apunta Curto. El uso de psicofármacos debe, por tanto, circunscribirse a las patologías y al estado del residente en cada momento: “No existen tratamientos de por vida y la reevaluación continuada es necesaria y obligatoria. El uso de psicofármacos con una intención restrictiva no se acepta en ninguna circunstancia”.

Sanitas lleva más de 12 años cuidando sin sujeciones físicas y más de 5 siguiendo un modelo científico de racionalización del uso de psicofármacos. “Los resultados asistenciales son mejores. Los residentes mantienen la masa muscular, tienen mejor equilibrio, mayor movilidad y agilidad, además de las consecuencias positivas en su estado de ánimo”, detalla Curto. Por ello, el objetivo de Sanitas es “continuar avanzando hacia un nuevo tipo de salud participativa, personalizada, predictiva y preventiva, donde la innovación es clave. Innovar es cuidar sin ningún tipo de sujeción”.

Desde su experiencia, eliminar los métodos de sujeción es la única vía de ofrecer la mejor atención posible. De este modo, el 92 % de los centros de la red de Sanitas Mayores ya ha sido acreditado por Ceoma como libre de sujeciones. Actualmente, el uso de sujeciones está por debajo del 0,5 % y solo se hace uso de las mismas, asegura Curto, “cuando existe una indicación clínica clara en la que las demás alternativas no han sido exitosas y existe un balance riesgo-beneficio asumible”.

Por otro lado, el estudio sobre el cuidado sin sujeciones químicas ha permitido crear un cuadro de mando donde se analiza de manera detallada el uso adecuado de psicofármacos en las residencias de Sanitas Mayores. De este modo, todos los equipos clínicos implicados pueden realizar un seguimiento de cada residente y ajustar la medicación a las necesidades reales en cada momento.

Sanitas Mayores, por tanto, contempla situaciones clínicas agudas en las que, de una manera temporal, segura, controlada y reevaluada, hacen necesario el uso de sujeciones. “Siempre debe existir un análisis riesgo/beneficio que aconseje su uso por encima de otras prácticas como, por ejemplo, situaciones de enfermedad aguda donde la necesidad de un tratamiento (endovenoso) es más beneficioso que el uso temporal y revisado de una sujeción o intervenciones quirúrgicas recientes”, explica Curto.

Por todo lo expuesto, el director Médico de Sanitas Mayores defiende que “es posible alcanzar las cero sujeciones físicas”. Pero subraya que requiere de una formación y especialización en esta forma de cuidado”. Por ello, los profesionales de Sanitas reciben más de 3.489 horas de formación anuales para poder cuidar sin sujeciones. “Se ha realizado un gran esfuerzo en la formación de nuestros profesionales y en el seguimiento personalizado de cada residente. Un proceso donde la implicación del equipo y de las familias ha sido clave”, insiste Curto.

La adaptación del entorno residencial también es imprescindible. Al reducir las sujeciones físicas, los residentes tienen mayor autonomía. Por lo tanto, es necesario adecuar los espacios para evitar caídas y reducir sus consecuencias: “Las residencias deben ser espacios seguros, que mantengan la integridad física de los mayores y, para ello, es fundamental que dispongan de espacios bien dimensionados, agradables y confortables”.

En definitiva, Sanitas Mayores adapta la forma de cuidar a las nuevas evidencias científicas sobre los cuidados, “lo que requiere formación del personal y flexibilidad de la organización”.

Cuando no es posible alcanzar las cero sujeciones físicas en centros residenciales

La residencia La Suiza Santa Rita, asociada a la Asociación Madrileña de Atención a la Dependencia (Amade), es un centro de 78 plazas, ubicado en la madrileña localidad de Robledo de Chavela. La responsable de Calidad, Emma Prieto, afirma que las sujeciones físicas “deben ser únicamente para aquellos usuarios con un alto riesgo de caída, hetero o autoagresividad”. Sin embargo, “no confiamos” en las sujeciones farmacológicas “si llegan a ser sedación”. Prieto acepta su uso “solo si mantienen al usuario en un estado normal, calmando alguna patología que padezca; pero sin interferir en su vida o actividades cotidianas. Muchos residentes llegan del domicilio polimedicados sin una valoración continua del efecto que les produce y en el centro tendemos a levantar ciertos fármacos que les nublan los sentidos”.

Cuando una persona ingresa en La Suiza Santa Rita, un equipo de profesionales valora sus necesidades, tanto rehabilitadoras como físicas, cognitivas o lúdicas. “Se marcan objetivos y, a partir de ahí, nos ponemos a trabajar. Si vienen polimedicados o con sujeciones físicas se analiza por qué y se intenta reducir a la menor cantidad y durante el menor tiempo posible”, explica la responsable de Calidad. Si la única vía es la sujeción, y habiendo agotado todas las alternativas, el centro solicita previamente la autorización de los familiares o responsables por escrito.

Respecto a la certificación como centro libre de sujeciones, Prieto lo tiene claro: “Es fácil hablar de liberar un centro de sujeciones, pero habría que valorar cada caso. En los últimos tiempos nos llegan muchos pacientes de psiquiatría o pacientes que tienen una inquietud de movilidad física, que les impide estar sentados o en la cama por largos periodos de tiempo durante el día o la noche”. Por ello, la responsable de Calidad asegura que sin una sujeción física en determinados turnos, como durante la noche, los profesionales no podrían llevar a cabo su trabajo. “Al igual que durante la pandemia, en la que no se podía contener a determinados residentes en las habitaciones para un aislamiento sin una sujeción física”, recuerda.

Por todo lo expuesto, Prieto asegura que no es posible alcanzar las cero sujeciones físicas: “Habría que dotar de más personal a los centros, lo que conllevaría a un incremento en la cuota mensual que ya de por sí es difícil de mantener para muchos usuarios”.

Concretamente, la responsable de Calidad de la residencia La Suiza Santa Rita reconoce utilizar sujeciones nocturnas a usuarios inquietos que no toleran la cama por muchas horas “y permiten que el personal de noche, que es menor número, pueda coordinar y efectuar las tareas propias de su turno”. Durante el día, argumenta el riesgo alto de caída de algunos residentes y, por lo tanto, “va a ser difícil eliminarlas”.

No obstante, Prieto y su equipo procuran eliminar las contenciones a los residentes siempre que sea posible, como durante determinados talleres y terapias o siempre que estén acompañados. “Aunque nos hemos encontrado con un técnico de la Subdirección General de Control de Calidad, Inspección, Registro y Autorizaciones (CIRA), que nos indicó que, a pesar de los beneficios, no podíamos tener sin sujeción a aquellos usuarios que la tenían prescrita…”, señala.

En este proceso, la formación de los profesionales es imprescindible. De hecho, una vez al año, el personal especialista (médico, DUE, terapeuta ocupacional y responsables de calidad) asisten a un curso de reciclaje.

En definitiva, Prieto no cree que la Instrucción de la Fiscalía les afecte. “Si una persona  tiene pautada una sujeción es para salvaguardar su salud y la de los que le rodean. No veo qué diferencia hay en quién realiza la inspección”, explica. En todo caso, como aportación positiva, destaca que las inspecciones, “aunque tediosas y pesadas en lo que a la documentación de refiere”, son beneficiosas porque permiten detectar posibles errores o negligencias y subsanarlas.

Trabajar de manera adecuada sin necesidad de certificarse

El uso de sujeciones físicas y farmacológicas en residencias de personas mayores es un recurso que se sigue utilizando, “de forma muy controlada y como una medida cada vez más excepcional”, afirma el presidente de la Federación Empresarial de Asistencial a la Dependencia (FED), Ignacio Fernández-Cid. Y concreta: “Las sujeciones físicas se utilizan como último recurso, siempre indicadas por un facultativo y con el consentimiento informado de las familias. En estos momentos, la sujeción física que más se utiliza son las barandillas en la cama, siendo muy excepcional el uso de cinturones”. En cuanto a las sujeciones farmacológicas, apunta que vienen pautadas por médicos especialistas.

Los centros de la FED llevan muchos años concienciados en las metodologías de trabajo encaminadas a la retirada de sujeciones, “lo que conlleva que todo el equipo trabaje en esa misma línea”. Eso implica formación, “pero también sensibilización, cambios de rutas de trabajo, observación del paciente, etc. Y nosotros así lo hacemos. Todos estamos involucrados en el proyecto y en la metodología del trabajo”.

Sin embargo, desde su experiencia, no cree posible alcanzar las cero sujeciones físicas: “Atendemos a personas muy frágiles que requieren soluciones personalizadas. Pero, sin lugar a dudas, esas sujeciones son la excepción y, si en algún momento se pueden retirar, con esa filosofía de trabajo se hace”. E insiste en que toda sujeción física y farmacológica debe considerarse como una solución temporal, para un momento agudo.

De hecho, el presidente de la FED recuerda que en los centros residenciales hay pacientes con alteraciones conductuales, imprevisibles, que pueden poner en riesgo su integridad y la de los demás residentes. “Ese sería un claro ejemplo para valorar la posibilidad de recurrir a una sujeción excepcional, siempre utilizada de forma puntual y en casos agudos”, afirma.

Fernández-Cid considera que no es necesario estar certificado para trabajar de una manera adecuada hacia la reducción y/o eliminación de sujeciones. “Se trata de incorporarlo en la filosofía de trabajo y en los estándares de calidad. Tenemos herramientas para controlar y analizar los resultados obtenidos”, explica. Para entender los beneficios que tiene no utilizar sujeciones y remar todos en la misma dirección, entiende que la formación de los profesionales es vital.

En cuanto a las familias, Fernández-Cid subraya que muchas de ellas demandan las sujeciones para evitar caídas. Pero el uso de sujeciones favorece que tengan menor fuerza muscular, y por tanto, el riesgo de caída es mayor. “Las personas mayores se caen en casa, en la calle y también en las residencias. La marcha es más inestable y su visión deficiente… Es decir, influyen muchos aspectos en las caídas de las personas mayores”, explica; “y no siempre las sujeciones son la solución”.

En definitiva, Fernández-Cid asegura que todos los centros y los profesionales “estamos a favor de disminuir el uso de sujeciones. Pero todo este proceso se tiene que llevar a cabo con medidas que lo acompañen: aumentar el número de trabajadores, hacer inversiones económicas (camas ultrabajas, sensores de cama, etc.), incrementar el precio de las plazas concertadas, etc.”.

Finalmente, el presidente de la FED recuerda que las inspecciones de Servicios Sociales comprueban, desde hace ya muchos años, si hay sujeciones y si se hacen correctamente: pautadas por un médico, homologadas, cuentan con el consentimiento informado, etc. “Cuando interviene la Fiscalía se da por hecho que no se están haciendo bien las cosas, que hay indicios de malas praxis. Pero la mayoría de los centros de mayores trabajamos de forma rigurosa y contamos con profesionales especializados”, concluye Fernández-Cid.