El mundo de la discapacidad ha visto cómo esta crisis sanitaria ha intensificado las barreras a sortear para poder, por ejemplo, tener acceso a la información, o en la lucha contra la soledad no deseada.  Y ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las personas con discapacidad de forma más intensa. Charlamos con el director General Adjunto de Servicios Sociales de la ONCE, Andrés Ramos, para conocer de primera mano cómo han vivido esta situación las personas con discapacidad visual, cuál es y ha sido el papel del voluntariado, y cuáles los retos a afrontar en los próximos meses.

Las personas con discapacidad siguen haciendo frente, aún en nuestros días, a obstáculos que les impiden llevar una vida como merecen. Y, como refiere el director General Adjunto de Servicios Sociales de la ONCE, Andrés Ramos, hoy todavía las personas con discapacidad visual se entuentran, en su día a día, con diferentes barreras “como pueden ser la barrera tecnológica o la barrera de acceso a la información”. Y nos da ejemplos de estas barreras. Ramos explica que, en cuanto a las barreras tecnológicas, “cuando de desarrolla una aplicación o una página web y no son accesibles”. Es decir, que se trate de webs o aplicaciones que no podrán ser utilizadas con las herramientas de las que disponen las personas con discapacidad intelectual para interactuar con las tecnologías de la información.

“Durante este periodo atípico que hemos vivido, se ha agravado esta situación, ya que muchas apps o webs que contenían información sobre la COVID-19 no eran accesibles lo que hizo más difícil que las personas con discapacidad visual pudieran acceder a la información que facilitaban las administraciones públicas”, refiere Ramos. Señalando que, otra de las barreras importantes, ha sido el acceso a la información, ya que, por ejemplo, en muchos hospitales o centros públicos hay información en diferentes carteles colocados en las paredes o puertas o existen franjas pintadas en el suelo para mantener la distancia de seguridad. Y, “este tipo de soluciones tampoco son accesibles, por lo que dificultan el día a día de las personas ciegas”. Pero reconoce que sí existen fórmulas para solucionar estas barreras, aunque “es más una cuestión de voluntad el ponerlas en práctica”.

El voluntariado como eje principal

Son muchos los programas de diferentes instituciones que pueden ponerse en marcha gracias a la labor de muchas personas que, desinteresadamente, apuestan por los objetivos marcados en ellos, ofreciendo su saber hacer y su tiempo de forma voluntaria. Ese voluntariado es también para la ONCE y para el Grupo Social ONCE, la pieza clave para poder desarrollar los programas que están en marcha. De hecho, Ramos nos cuenta que el voluntariado para ellos “tiene una relevancia transversal como complemento a toda la cobertura social, en forma de servicios y prestaciones”, con la que se dota a sus afiliados y a las personas con discapacidad.

Y, para que quede clara la importancia de este voluntariado, el  director General Adjunto de Servicios Sociales de la ONCE, pone una ejemplo muy significativo: Cuando a una persona ciega autónoma que ha sido instruida en orientación y movilidad, y que diariamente se mueve con autonomía por su barrio o entorno conocido, un día tiene que ir a un lugar desconocido, por ejemplo, una visita al médico, y no tiene familia o gente cercana que le pueda orientar. “Es ahí donde entra el brazo amigo del voluntario para apoyarle”.

Papel que se ha visto también durante esta crisis sanitaria cuando, gracias al acompañamiento telefónico o apoyo del voluntariado digital, “hemos conseguido que nuestras personas mayores y en situación de soledad o aislamiento tengan a un voluntario con quien hablar o que les explique cómo funciona el WhatsApp o las videollamadas, para estar en contacto con sus familias y amigos”.

El voluntariado siempre ha formado parte del ADN de la institución. Ya desde el año 2001, cuando se constituyó la ONCE como entidad de voluntariado, “teníamos claro que este servicio tenía que tener una vertiente social y humana importantes, donde nuestros voluntarios se sintieran parte activa de nuestra institución, formándoles en primer lugar en lo que supone esta discapacidad y el entorno del Grupo social ONCE, y, posteriormente, compartiendo su tiempo de manera desinteresada con personas con capacidades diferentes, que necesitan apoyo”.

En estos 20 años que han transcurrido desde entonces, esa idea se ha ido acompasando al cambio que ha ido viviendo la sociedad. Por lo que ese servicio de voluntariado se ha ido adaptando a las necesidades reales de los colectivos más vulnerables, como son los ciegos totales, las personas mayores, aquellos que viven en soledad, las personas que viven en zonas rurales y aquellas con sordoceguera. “Está claro que el voluntariado ayuda a cambiar el mundo y en la ONCE estamos muy orgullosos de su colaboración solidaria”.

Y cambios también se han producido durante esta crisis sanitaria, porque la manera de trabajar de los voluntarios se ha visto directamente afecta por la pandemia. Muchos de los programas se han intensificados porque también han cambiado las necesidades de las personas con discapacidad en esta situación.    Como nos explica Ramos, dos de los servicios se han visto especialmente intensificados. Por un lado, el programa de Tiflotecnología, a través del cual los profesionales de la ONCE entrenan en el uso y el manejo de la tecnología a las personas con discapacidad visual, ajustándose a las necesidades que pueda tener cada uno de los usuarios. “Durante el confinamiento hemos tenido que intensificar este programa, porque muchas personas que no utilizaban o lo hacían de forma muy puntual la tecnología, se vieron obligadas de un día para otro a tener que utilizarlas para realizar muchas de sus tareas habituales: acceder a su cuenta bancaria, pedir cita de un médico, hacer la compra on-line, acceder a plataformas educativas para poder seguir estudiando, o simplemente poder mantener el contacto con amigos y familiares a través de apps como WhatsApp, Skype, Zoom etc”, señala.

Y por otro lado, el servicio de apoyo psicosocial, porque tanto durante el confinamiendo como tras la entrada de la “nueva normalidad, hemos visto incrementadas significativamente las situaciones de estrés, angustia, ansiedad, etc. La ONCE durante todo el confinamiento mantuvo una red de psicólogos que a través de teléfono o internet atendieron a aquellas personas que presentaban estas situaciones”.

Ramos recuerda que, esta situación atípica rompe la vida diaria de las personas con discapacidad, haciéndoles incluso más vulnerables, lo que genera un alto nivel de estrés y de angustia. Situaciones a las que hay que sumarle “la soledad, porque muchas personas viven solas, lo que intensificó aún más los estados de angustia o ansiedad”.

Necesidades de las personas con discapacidad

La crisis sanitaria ha modificado las necesidades de las personas con discpacidad visual y puede decirse, como afirma Ramos, que la “nueva normalidad” ha puesto de relieve la falta de accesibilidad de muuchos servicios “o la carencia de una planificación de los mismos” para estas personas. Por ejemplo, los servicios que pasaron de prestarse de forma presencial a hacerlo on line, lo que ha demostrado que muchas páginas webs no son accesibles. Además, “a la hora de acceder a edificios no existe un soporte para las personas con discapacidad. Por ejemplo, tenemos un caso que la persona fue a hacerse una analítica de sangre y no querían acompañarla porque le decían que tenía que venir con una persona que le sirviese de guía”.

Estas situaciones no hacen más que reafirmar que aún queda mucho por hacer para poder hablar de accesibilidad, aunque “otras muchas ya se habían conseguido”.

La innovación ayuda a mejorar la calidad de vida y, por eso, desde la ONCE se apuesta por transmitir una actitud innovadora a los equipos técnicos y de gestión, facilitándose así que puedan afrontar el día a día con esa predisposición. Como señala Ramos, esa actitud “predispone a identificar oportunidades, generar ideas y poner en práctica soluciones creativas. La complejidad del tiempo que vivimos, y las dificultades que estamos afrontando las personas con discapacidad, así lo requieren”.

Desde la institución están en marcha proyectos e iniciativas para impulsar esa innovación. Durante los últimos meses, a través de ONCE Innova, se han premiado a diferentes emprendedores, “e incluso a trabajadores de la propia organización”, que tenían buenas ideas para mejorar la calidad de vida o la autonomía de las personas con discapacidad visual. Y, a partir de ese concurso, “se están poniendo en marcha proyectos tan interesantes como un sistema de firma digital por voz, accesible, por tanto, para nuestro colectivo”.

Otra línea esencial para la ONCE es la de investigación y desarrollo tecnológico, con el liderazgo de su Centro de Tiflotecnología e Innovación, CTI. Ramos asegura que la tecnología es uno de sus grandes aliados. “Desarrollamos, por ejemplo, diferentes Apps y software que nos facilitan mucho el acceso a la cultura, a la educación, a la movilidad o a las tareas domésticas. En ese sentido, este año hemos creado, en colaboración con la Universidad Complutense, una cátedra de investigación y formación específicamente enfocada a cómo la tecnología puede ayudarnos a las personas con ceguera o deficiencia visual grave”.

Además, están colaborando con diferentes investigadores y entidades para seguir generando conocimiento científico de valor en ámbitos como las patologías oculares y la salud visual, la atención educativa, la actividad físico-deportiva inclusiva o el impacto de la soledad no deseada en este colectivo, entre otros.

La Fundación ONCE, por su parte, sigue financiando e impulsando una gran cantidad de proyectos innovadores en materia de inclusión laboral para personas con discapacidad, emprendimiento, desarrollo de competencias digitales, formación y accesibilidad. “Igual que ocurre con ILUNION, que nos demuestra cada día que la rentabilidad empresarial es totalmente compatible con un enfoque social verdaderamente inclusivo, en el que los trabajadores con discapacidad son igual de protagonistas que los que no tienen ninguna discapacidad, y eso es, en gran parte, gracias a su apuesta decidida por la innovación continua”, explica.