Ruth Vázquez

Muchos se preguntan cómo el COVID-19, la paralización económica, la nueva normalidad y la vigilancia permanente ante posibles rebrotes podrían estar alterando las estrategias inversoras predefinidas en el sector residencial para mayores. Lo cierto es que, a pesar de los EPI, test, sectorizaciones y demás protocolos preventivos, que han venido para quedarse, el sector sigue adelante con la mayor parte de sus planes pre-pandémicos.

La petición de responsabilidades por los fallecidos de COVID-19 en residencias ha ido basculando desde gestoras y administraciones hasta los supuestos protocolos de no derivación a hospitales en función de edad y/o de patologías previas. Si la mesura no lo remedia, la derivación de responsabilidades podría incluso recaer injustamente en aquellos que simplemente tomaron decisiones en base a criterios médicos de urgencia, en un sistema a todas luces sobresaturado.

Pero el debate ahora debería dirigirse a detectar los errores, corregirlos y anticiparse a los rebrotes, con soluciones aportadas desde la ciencia y el empirismo. Es prioritario, además, transmitir confianza a una sociedad que observa atónita el devenir de los acontecimientos y se pregunta a qué recurso asistencial acudir cuando el nivel de dependencia limite su autonomía.

Las necesidades de las familias están ahí y las proyecciones de población mayor y de demanda de servicios no han cambiado. El sector de atención a la dependencia deberá reforzarse en todo el ciclo de atención, hasta llegar al recurso asistencial de las residencias, sea cual sea el nuevo modelo de atención social y/o sanitaria. Habría que incluir en el debate también a los potenciales usuarios que hoy pueden decidir cuál es el recurso asistencial más adecuado a sus necesidades futuras, contando con financiación realista y colaboración estable entre administraciones e inversión privada.

Por todas estas razones, el sector seguirá atrayendo la atención de los inversores, aunque quizá con objetivos e indicadores de rentabilidad distintos de los imperantes (volumen de centros, camas, inmuebles y Ebitdas), vinculados a un crecimiento más sostenible, en base a la demanda vigente y con una visión de gestión profesional y más largo-placista. Siempre buscando un consenso entre todos los actores, patronales, administraciones, políticos y demás stakeholders, que aclare el camino por donde discurrir en años venideros.

Francia pone el foco en España

Durante años, el sector geriátrico privado nacional ha ido absorbiendo la paulatina entrada de capital francés, que buscaba en suelo español una alternativa a la saturación del mercado local y a la supuesta cerrazón administrativa en la concesión de nuevas licencias. Para las grandes compañías e inversores extranjeros, la Península Ibérica es una unidad conjunta de negocio, que opera como puente y salida natural al mercado latinoamericano.

El hecho es que España supone un mercado atractivo, por su cercanía, atomización y la necesidad de camas adicionales para atender a una población cada vez más envejecida. En 15 años podrían residir en España unos 12,3 millones de personas mayores de 65 años; 3,4 millones más que en la actualidad, según las proyecciones demográficas del Instituto Nacional de Estadística (INE).

A una primera oleada de entrada de capital francés: Orpea, DomusVi y Maisons de Famille (Amavir) y alguna incursión individual; se unió una segunda, en el periodo 2018-2019, con nuevos protagonistas como Colisée (con la adquisición de la belga Armonea y su filial española La Saleta Care); Korian (con la compra de Seniors y la división geriátrica de Grupo 5); o Emera y SGMR Quest.

El sector sigue atrayendo la atención de los inversores, aunque quizá con indicadores de rentabilidad distintos, vinculados a un crecimiento más sostenible y con una visión de gestión profesional y más largo-placista

Orpea Ibérica crea Orpea Latam para canalizar el salto

La francesa Orpea fue la primera en llegar hace algo más de diez años, con la compra de CARE, a cuya red iría posteriormente sumando nuevas gestiones y adquisiciones (Sanyres y Ecoplar, entre las de más envergadura).

En 2019, Orpea empezó a tomar diferentes medidas encaminadas a redefinir su estrategia internacional, colocando a la filial española en la avanzadilla para explorar nuevos mercados en su órbita natural. En primer lugar, se produjo el nombramiento de un nuevo CEO (Juan Pablo Escudero) para acelerar el desarrollo de la compañía en Latinoamérica, en “donde las necesidades en dependencia son extremadamente altas: más de 700.000 camas en los próximos diez años”, según explicaba Yves Le Masne, director general del Grupo Orpea.

A finales de 2019, Orpea hacía un nuevo movimiento, con la creación de la sociedad holding Orpea Latam, dependiente de la filial española, para dirigir la expansión del grupo en esta zona. El siguiente paso fue la ejecución de la opción de compra sobre el 51 % que aún no controlaba en las dos filiales SIS Portugal y SIS Brasil, creadas dos años antes, junto al grupo belga SIS (Philippe Austray), para entrar e invertir en nuevos recursos geriátricos en ambos países.

El plan original para Portugal, todavía con supervisión de la belga, contemplaba la apertura de 22 centros residenciales, equipados con un total de 2.296 camas, utilizando la vía de adquisición. De hecho, las primeras integraciones llegaron con la compra de ocho residencias en funcionamiento en Montijo (Lisboa), Castêlo da Maia, Coimbra (Cernache), Vila Seca, Chaves, Colares, Póvoa de Santa Iria y Azeitao y un hospital de crónicos (anexo al centro de Azeitao).

En Brasil, la estrategia inicial de Orpea y SIS planeaba una expansión de 18 residencias y 2.752 camas en localidades tales como Sao Paulo, Rio de Janeiro, Belo Horizonte y Fortaleza, incluidos los proyectos de construcción. A principios de 2019, Orpea cerraba así la compra del 20 % de la compañía local Brasil Senior Living (BSL), con una red de nueve residencias en funcionamiento en Sao Paulo y 1.283 camas y una docena más de ubicaciones en construcción, para 1.800 plazas adicionales.
Al margen de Portugal y Brasil, Orpea LATAM ha entrado también en Chile, con la adquisición del grupo local Senior Suites, a cargo de siete residencias en Santiago, cuatro de ellas ya en funcionamiento y tres más en ejecución, y de una residencia en Montevideo (Uruguay), de 98 camas.

Sin cambios aparentes en la estrategia

Por el impacto del COVID, Orpea decidía a finales de abril la medida excepcional de no repartir dividendos del ejercicio 2019, por solidaridad con residentes, familias, pacientes, empleados y resto de colaboradores. Pocos días después, en un extenso comunicado corporativo anunciaba, además, el pago de un bono de reconocimiento a sus 65.000 empleados en todo el mundo, en agradecimiento por “su compromiso y extraordinaria solidaridad” durante la pandemia, cuyo monto y modalidades variarían en función de los países y las dificultades encontradas.

La compañía suspendía, además, temporalmente sus objetivos financieros de 2020, cuya publicación estaba prevista originalmente para el 17 de marzo; trasladaba la cifra de negocio de su primer trimestre y enumeraba todas las medidas financieras y medios humanos puestos a disposición en la lucha contra el COVID. Orpea cuantificaba entonces su capacidad financiera en 1.000 millones de euros, gracias a su tesorería y líneas de crédito disponibles, con la ayuda de un patrimonio inmobiliario valorado en más de 6.000 millones de euros. Con esta solidez financiera quería confirmar el despliegue de todas sus capacidades en la protección de residentes, empleados y colaboradores; demostrar la confianza de sus inversores y sus perspectivas de crecimiento a medio y largo plazo; aprovechando, si fuese necesario, cualquier oportunidad de crecimiento exterior.