Han transcurrido dos meses desde que se produjeron los primeros cierres de residencias ante la llegada de un virus que preocupaba y que se convirtió, pocos días después, en un auténtico tsunami de contagios.

Nos enfrentamos ahora al descenso de la ola gigantesca, y comenzamos a ver la famosa luz al final del túnel. En estas pocas semanas, que han sido como intensos años, el sector de atención a la dependencia ha sido uno de los principales afectados, y claramente el más incomprendido.

Dejamos atrás demasiadas informaciones –en su mayor parte sensacionalistas– de medios generalistas que comparaban la realidad de una residencia con la de un servicio funerario o que centraban su análisis en los fallecimientos, pero no en la falta de medios que debían ser proporcionados por un mando único sanitario.

Hemos insistido mucho en estas semanas que un centro residencial es un hogar, y sus residentes tienen los mismos derechos de atención que un ciudadano que vive en su propio domicilio.

Y desde esta base, avanzamos en el análisis de futuro, siempre con los profesionales y las empresas que trabajan día a día para mejorar la calidad de vida de las personas.

En este número de BALANCE, reconocemos la dura travesía de miles de profesionales que han debido enfrentarse a una pandemia sin material ni recursos. “Aplausos sí, pero EPI también”. Por eso, siendo cierto que el trabajo de atención a las personas más vulnerables es un compromiso social, como también se afirma en este número, es imprescindible que ese trabajo sea reconocido y valorado; será la única forma de retener a los mejores para cuidar a quienes más lo necesitan.

Y para ello hay que abrir, ya sin pausa, muchos debates. La medicalización de las residencias, y su papel como centros de cuidados asistenciales, es uno de los más significativos. Y, en paralelo, los diferentes modelos de atención, entre los que también están aquellos que promueven cuidados no sanitarios, en los que la famosa coordinación sociosanitaria adquiere, de nuevo, una importancia clara.

Como se afirma también en este número, COVID-19 no es solo un virus, es el origen de un cambio importante, cambio que alcanza a servicios de proximidad fundamentales como la teleasistencia y la ayuda a domicilio, que en esta pandemia han salvado muchas vidas, garantizando comida y medicamentos, y evitando el abandono de muchas personas vulnerables durante el confinamiento.

También se plantea el debate sobre el futuro de la formación, donde la tecnología tiene, más que nunca, un papel muy relevante. Las videoconferencias, los webinar y los congresos virtuales han llegado para quedarse, independientemente de que volvamos a reunirnos en algún momento. Lo saben bien las empresas de formación, que ya se adaptan a esta nueva realidad.

Y desde BALANCE Sociosanitario abrimos esa vía de debate para el sector, dando voz a sus protagonistas, tanto en estas páginas como en el portal, el programa de radio Palabras Mayores y, próximamente, en el nuevo espacio BALANCE virtual.

Allí nos entraremos en breve.