Dejamos atrás este extraño verano, en el que el mayor deseo era volver a encontrarnos con nuestros seres queridos después de meses de aislamiento y distancia. Lo mejor ha sido saber que estaban bien; lo más difícil, no poder abrazarles y mostrar el cariño contenido de manera obligada por un virus que, contrariamente a lo que se preveía hace meses, cada vez nos preocupa más.

Porque si bien es cierto que las cifras de pacientes ingresados no son comparables a las de marzo y abril –eso sería insostenible, seguramente- los contagios no paran de crecer.

Durante las últimas semanas nos estamos enfrentando a una crisis informativa muy preocupante. Las noticias fluyen desde diferentes medios, y la persecución de los “like” está condicionando el enfoque y el propio contenido de la información.

Por eso, ahora más que nunca es necesario reivindicar la seriedad y profesionalidad de los grupos de comunicación que, como SENDA, cuentan con periodistas expertos que siguen con criterio la actualidad, abordando todas las realidades, sin caer en el amarillismo fácil y la crítica desmedida.

Y por eso seguimos echando en falta una adecuada política de comunicación a la sociedad acerca de la importancia del cuidado a las personas mayores en situación de dependencia.

Quienes conocemos de cerca el inconmensurable esfuerzo que directivos y profesionales del sector han realizado en los últimos meses, quienes les hemos visto perder peso o enfermar, mientras se mantenían alejados de sus familias para evitar contagios pero siempre en la primera línea del cuidado, sabemos lo injusto que resulta escuchar la opinión que se ha generalizado en los últimos meses en la sociedad sobre los malos tratos a las personas mayores en las residencias.

Y de esto va la comunicación. De transmitir a la sociedad que, si bien es cierto que hay errores y malas prácticas en algunos de los más de 5.000 centros en España, cuyos responsables deben ser perseguidos sin tregua, en la inmensa mayoría se cuida y se atiende a las personas mayores.

Va de cuidar y dar visibilidad a los profesionales, de dignificar su trabajo y de apoyarles en la primera línea de su trabajo.

No sólo se trata de que las administraciones públicas conozcan bien el sector, que también. Es imprescindible recuperar la credibilidad del conjunto de la sociedad, para que confíe en los servicios que brinda un sector que se reivindica a sí mismo como estratégico, pero que continúa sin tener una voz única ante el mayor reto al que se ha enfrentado en las últimas décadas.