Estar preparados en el supuesto de que hubiera que enfrentarse a una segunda ola de COVID es la prioridad para Francisco Javier Martínez Peromingo, recientemente nombrado director general de Coordinación Sociosanitaria de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. “Para ello, a lo largo del mes de junio realizaremos un estudio serológico a todos los residentes y trabajadores de los centros sociosanitarios”, subraya. Martínez Peromingo también es consciente de que el proceso de desescalada es especialmente complejo en las residencias, sobre todo al entrar en fase 2 porque se permiten las visitas de los familiares: “Tenemos que ser capaces de gestionar la necesidad de las familias y los residentes, asegurando su protección”.

Francisco Javier Martínez Peromingo

Director general de Coordinación Sociosanitaria de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid

Francisco Javier Martínez Peromingo es médico especialista en Geriatría y Gerontología y ha sido coordinador sociosanitario de los hospitales públicos de Madrid Quirónsalud. Hasta su nombramiento, era el jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Rey Juan Carlos.

La Consejería de Sanidad cuenta con una nueva estructura que pretende reforzar la gestión de la pandemia en sectores tan vulnerables como la atención a las personas mayores y en situación de dependencia. ¿Qué competencias abarca su departamento?

Cuando se diseñó el año pasado esta Dirección contaba con diversas competencias que iban desde la coordinación de los servicios sociosanitarios a personas con patología crónica hasta la implantación de un plan de coordinación sociosanitaria, especialmente orientado a los grupos y colectivos en situación de riesgo o exclusión social, pasando por el diseño de planes de cuidados sociosanitarios de seguimiento hospitalario en el domicilio.

La pandemia ha cambiado todo esto, centrando todos nuestros esfuerzos en ella.

Geriatra de formación con amplia experiencia en coordinación sociosanitaria, un currículum inmejorable para hacer frente a la situación actual. ¿Cuáles son sus prioridades y objetivos a corto y medio plazo?

Es evidente que nadie estaba preparado para lo que ha ocurrido, no tenemos más que mirar los países de alrededor, pero después de haber visto el horror que ha supuesto esta enfermedad para la población mayor institucionalizada, solo tenemos un objetivo hasta final de año y es tomar todas las medidas necesarias para que, si llegase una segunda ola, estuviésemos mejor preparados para afrontarla.

Actualmente, las residencias de personas mayores están en proceso de desescalada y desconfinamiento. ¿Qué protocolos se están siguiendo o deberían seguirse?

La Comunidad de Madrid ha entrado en la fase 2 el 8 de junio y va a ser un momento crítico para las residencias, ya que se permitirán las visitas. Ser capaces de gestionar la necesidad de las familias y los residentes por encontrarse después de tanto tiempo de aislamiento, con la obligación de asegurar su protección es una labor compleja. Por ello, en la Comunidad de Madrid, varias direcciones generales y consejerías están trabajando para lograrlo.

Hasta que seamos capaces de definir un modelo claro y mientras nos encontremos en riesgo de una nueva oleada, será necesario aumentar el soporte sanitario en los centros

¿Y qué medidas preventivas propone tomar para que no vuelva a suceder una situación de caos sanitario como la pasada en centros sociosanitarios?

La primera medida a adoptar es conocer en profundidad la situación serológica de la población institucionalizada de la Comunidad de Madrid. Para ello, se ha diseñado un estudio serológico que se realizará a todos los residentes y trabajadores de estos centros a lo largo del mes de junio, que nos permitirá diseñar las medidas en la previsión de una segunda ola.

El sector de atención a la dependencia insiste en que las residencias son hogares y no hospitales, aunque se empieza a hablar de una necesaria medicalización de los centros. ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿Qué sería necesario para ello?

Es evidente que nuestro modelo sociosanitario es demasiado variable y necesita una reorganización muy profunda. Por un lado, está claro que ninguno querríamos vivir en un hospital cuando seamos mayores, pero, por otro lado, no podemos negar que el envejecimiento poblacional y la mejora en la calidad de vida han ocasionado que aumente la esperanza de vida, pero también con más carga de discapacidad. Es por esto por lo que los sitios donde vivamos en el futuro deberán adaptarse a esta realidad.

Como geriatra, medico y persona estoy convencido de que debemos centrarnos en un modelo que se encamine a preservar la función de la persona.

Independientemente de que dicha medicalización pueda o deba llevarse a cabo a corto plazo, ¿cree que será necesario incorporar a personal con un perfil más sanitario?

Los que trabajamos en el mundo sociosanitario, hemos visto cómo el perfil del residente de los centros se ha modificado mucho en los últimos años. Cada vez existe más problemática social y los pacientes que ingresan en los centros tienen más discapacidad. Vivir de espaldas a esta realidad es negar la evidencia. Respondiendo a tu pregunta, hasta que seamos capaces de definir un modelo claro, y mientras nos encontremos en riesgo de una nueva oleada, creo que será necesario aumentar el soporte sanitario a estos centros.

Desde hace ya muchos años, el sector reclama una coordinación sociosanitaria real y efectiva. Una coordinación que, en esta crisis sanitaria, ha demostrado ser insuficiente. En este sentido, ¿qué tiene previsto hacer la Dirección General de Coordinación Sociosanitaria para que el sector de atención a las personas mayores cuente con los recursos humanos y materiales necesarios?

Desde hace años existen en Europa multitud de programas de integración entre lo social y lo sanitario con mejores y peores resultados. Existen muchos modelos. Debemos, como sociedad, definir qué modelo queremos para el futuro, porque eso es algo que siempre nos alcanza.

Mi obligación como director general es analizar todos esos programas y junto al resto de actores dotar a la Comunidad de Madrid del mejor modelo posible.

¿Cómo deben apoyar los servicios de proximidad esta coordinación?

Los servicios de proximidad previstos en la Ley de Dependencia y, en particular, del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) y de los centros de día, son claves para la integración de lo social y lo sanitario. Si cada vez somos más mayores y somos más dependientes estos servicios deben articular el deseo de todos de vivir en nuestra casa asegurando que se cubran las necesidades sanitarias de las personas.

La crisis del coronavirus va a suponer un antes y un después en las relaciones de muchos sectores, entre ellos servicios sociales y sanidad. ¿Qué lecciones aprendidas destacaría?

En estos dos meses he vivido situaciones que jamás pensé que tendría que vivir: miedo a contagiar a los míos, perder el contacto físico (algo tan importante cuando tratas con personas)… Pero también he conocido a gente anónima haciendo cosas increíbles: gente que abandonó a su familia y se encerró en una residencia, estudiantes de medicina acompañando a personas desconocidas en el final de la vida, etc. Todas estas cosas me han hecho estar seguro de que tenemos un futuro increíble como sociedad si no tenemos miedo a cambiar.