Lourdes Rivera. Directora general de Amavir

“El Acuerdo de acreditación y calidad se ha aprobado sin consenso y sin una memoria económica que garantice la sostenibibilidad del sector”

Lourdes Rivera

Directora general de Amavir

Con más de 20 años de experiencia en el sector sociosanitario, Lourdes Rivera lamenta que el Acuerdo de acreditación y calidad de los centros y servicios del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) haya salido adelante sin el suficiente consenso y sin una memoria económica. “Pone en riesgo el futuro del sector de los cuidados, tanto de los centros ya construidos como de los que están en desarrollo, porque no sabemos si van a poder ser operativos. También paraliza la adquisición de terrenos para iniciar nuevos proyectos”, señala Rivera. Sin embargo, pese a las enormes dificultades normativas y a la escasez de personal, “somos un sector necesario y lo vamos a seguir siendo”. Actualmente, Amavir tiene 12 centros en obras o pendientes de licencias que va a acometer. No obstante, pensando en el futuro, la directora general de la compañía es consciente de la situación tan complicada que estamos viviendo: “Queremos seguir creciendo, pero debemos ser prudentes”.

Nos encontramos en un momento de cambio del modelo de atención residencial, proceso que se ha visto acelerado por la pandemia. ¿Qué modelo de atención ha implantado Amavir para adaptarse a las necesidades actuales y futuras de las personas mayores y en situación de dependencia?

Amavir siempre ha intentado gestionar sus centros orientándose a las necesidades y gustos de los residentes. Hoy en día se habla de la Atención Centrada en la Persona (ACP) y, aunque ahora le hemos puesto nombre, siempre hemos trabajado en ese sentido.

La pandemia nos hizo dar un paso más allá y hemos desarrollado un modelo de atención específico denominado Guiados por ti, que busca conocer los gustos y preferencias de las personas que viven con nosotros, contando también con su familia y amigos. Juntos construimos la historia de vida de los residentes, lo que nos permite atenderles de una manera mucho más personalizada e individualizada.

Se trata de un modelo de atención que está teniendo gran aceptación entre nuestro personal que, a pesar de desarrollar un trabajo muy duro, se siente motivado de poder satisfacer las necesidades de las personas a las que atiende.

Relacionado con ello, ¿qué opina de la reciente aprobación del “Acuerdo de acreditación y calidad de los centros y servicios del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD)”?

Había normativas de algunas comunidades autónomas que tenían más de 30 años y, evidentemente, el modelo tenía que actualizarse. No obstante, las residencias que hemos ido construyendo, tanto los grandes grupos como empresarios más pequeños, hemos ido más allá de la normativa vigente y hemos ido desarrollando la ACP.

Pero si bien era necesario actualizar el modelo, el nuevo Acuerdo de acreditación y calidad se ha aprobado sin el suficiente consenso y sin una memoria económica que concrete los costes que conlleva su puesta en marcha y garantice la sostenibibilidad del sector.

Se trata de un texto que genera incertidumbre y pone en riesgo el futuro del sector, tanto de las residencias que ya existen como de los proyectos que están en desarrollo y que, una vez que finalicen, no sabemos si van a poder ser operativos. Igualmente, también paraliza la adquisición de terrenos para iniciar nuevos proyectos residenciales.

Por tanto, la aprobación del nuevo acuerdo, tal y como se ha gestionado, pone en riesgo la viabilidad del sector y, como consecuencia, la creación de nuevas camas que son absolutamente necesarias en España.

 

Respecto a la limitación de plazas residenciales, en función si se encuentra en zona urbana o rural. ¿Va a afectar a las futuras inversiones de Amavir?

Sin duda alguna. La limitación de plazas pone en riesgo la propia construcción de nuevas residencias, tanto en entornos rurales como urbanos. Desarrollar este acuerdo, partiendo de estos parámetros, será muy complicado y desde luego inviable si implica quitar camas. España no puede permitirse ese lujo.

El texto también limita las unidades de convivencia a, como máximo, 15 personas.

Efectivamente. Sin embargo, resulta imposible poner en marcha esta medida en centros ya construidos sin perder plazas. Por ejemplo, Amavir construyó numerosos centros en 2001 con unidades de convivencia de 18, 20 o 22 plazas, que ahora no me valen. ¿Tengo que eliminar camas y modificar una unidad que ya tiene su comedor, su sala de estar y la mayoría de habitaciones individuales?

También nos preguntamos en base a qué se ha determinado que las unidades de convivencia deben ser de 15 y no de 18 plazas que, además, ya están en funcionamiento. Esta es una cuestión que debemos tener muy clara en la construcción de nuevos edificios.

Relacionado con ello, el Acuerdo Marco dice también que las residencias deberán tener, al menos, un 65 % de habitaciones individuales. Aunque es lo deseable, ¿qué va a implicar esta medida?

Implicará, una vez más, una pérdida de camas que, al mismo tiempo, supone una pérdida de ingresos que pone en riesgo la sostenibilidad del sistema de atención.

Otra cuestión importante es que el Acuerdo Marco pretende evolucionar hacia una atención libre de sujeciones. ¿Cuál es la política de Amavir en este aspecto?

En este caso, estoy absolutamente de acuerdo con el desarrollo de la política libre de sujeciones. Nosotros tenemos ya muchos centros acreditados como centros libres de sujeciones y no es algo que hemos hecho porque haya salido un acuerdo ahora, sino que ya llevamos años trabajando en ello.

Por otra parte, el acuerdo aprobado anuncia un incremento de los trabajadores en residencias hasta alcanzar, al menos, un trabajador por cada dos personas atendidas. ¿Cómo lograrán alcanzar esa ratio y, al mismo tiempo, hacer frente a la cuenta de resultados?

A día de hoy, hacemos enormes esfuerzos por tener y mantener el personal que exige la normativa y no siempre lo conseguimos. Por tanto, el punto de partida ya no es solo que si aumenta la ratio va a ser económicamente insostenible. El problema es mucho más profundo: no hay profesionales suficientes para para dar cobertura a la dependencia.

Por un lado, la situación general del mercado laboral influye enormemente en nuestro ámbito. Pero también la imagen que trasmiten los medios de comunicación de las residencias, lo que hace que el sector de cuidados resulte poco atractivo.

Tenemos, por tanto, que cambiar la imagen que trasmitimos y ser más trasparentes, poner en valor el sector y mostrar el trabajo que desarrollamos. Solo así comenzará a ser más atractivo. Reconozco que no es un trabajo fácil, pero también es agradecido y motivante e implica trabajar en equipo. Pero debemos aprender a mostrar el lado positivo del sector de los cuidados para intentar captar más profesionales.

Centrándome en el incremento del ratio de personal, si no hay profesionales será muy difícil aplicar el acuerdo de acreditación. Además, los números no salen. Actualmente, si cogéis cualquier concurso o una cuenta de explotación de una residencia, el coste de personal está rondando de media el 60 % e, incluso, más en las comunidades autónomas donde exigen mayores ratios de personal. Si, actualmente, el 60 % de los ingresos se van para hacer frente a los costes de personal y esta medida implica un incremento, las cuentas no salen. Y no tiene nada que ver con ser mejor o peor gestor.

Ante este escenario, ¿cómo afronta Amavir la actual falta de profesionales sociosanitarios?

La falta de personal médico y de enfermería es un mal endémico común a todo el sector sociosanitario y sanitario en España y en Europa. Por tanto, la solución para incrementar el número de profesionales sanitarios no está solo en nuestras manos. La Administración Pública debe ampliar la oferta de plazas en las universidades, crear otro tipo de titulaciones para dar cobertura a determinados servicios, agilizar la convalización de titulaciones extranjeras, etc.

Por otra parte, captar personal para el resto de categorías profesionales está muy relacionado con la imagen de la compañía, el ambiente de trabajo del centro, la seguridad laboral, la motivación y también el plan de formación. Conscientes de ello, hemos creado la Escuela Amavir, que es un programa formativo para cada una de las categorías profesionales que pretende motivar a los trabajadores para que crezcan profesionalmente. Otro programa del que estamos muy orgullosos y que, además, está funcionando muy bien es el de desarrollo de talento interno, mediante el que profesionales con titulación universitaria (porque así lo exige la normativa) pueden promocionar para convertirse en directores de centros.

En este contexto, la reforma laboral ha hecho mucho daño al sector. El sector de cuidados, y Amavir en particular, tiene una tasa altísima de contratos indefinidos. De hecho, estamos en más del 80 %. No tenemos ni buscamos una política de temporalidad, pero ya no podemos contratar a un profesional de enfermería para un día. Las bajas por enfermedad sí que quedan cubiertas, pero la reforma laboral nos ha limitado las formas de contratación para cubrir un día libre, unas horas sindicales, una persona que no viene porque su hijo está enfermo o un permiso de tres días por operación de un cónyuge.

El nuevo modelo de cuidados apuesta por la permanencia en el hogar de las personas el máximo tiempo posible, mediante los servicios de proximidad. ¿Qué opina al respecto? ¿Qué pueden aportar las residencias para contribuir a ello?

Las personas deben permanecer en su hogar el máximo tiempo posible y, para ello, los servicios de proximidad son imprescindibles. En este sentido, considero importantísimo un mayor desarrollo de la ayuda a domicilio, más allá de la persona que acude al hogar para ayudar a realizar las actividades básicas de la vida diaria e incluso con alguna tarea doméstica. Hay que ampliar los servicios y prestar ayuda psicológica, terapia ocupacional, fisioterapia, etc., porque cada día vivimos más y debemos llegar en las mejores condiciones.

Los centros de día son otro servicio de proximidad que ofrece un gran apoyo a las personas mayores y a la familia cuidadora, sobre todo por su flexibilidad. Por ello, la mayoría de las residencias de Amavir tienen centros de día.

Y cuando los servicios de proximidad no sean suficientes y las personas deban acudir a las residencias, hay que trabajar para que haya las suficientes y el usuario no tenga que abandonar su entorno habitual. De esta manera, las residencias se convertirán también en un servicio de proximidad.

La calidad asistencial es una prioridad, tanto para los profesionales que prestan la atención como para los residentes y sus familias. ¿Con qué mecanismos cuenta Amavir para controlar la calidad de los servicios prestados?

Respecto a la calidad medible, contamos con los certificados de calidad de la norma ISO, tanto la 9001 como la 158101, y también hemos conseguido la de medio ambiente. Para ello, tenemos un departamento que previamente hace auditorías internas en todos los centros y las auditorías externas que correspondan. Este mecanismo controla que todos los procesos, procedimientos y formas de trabajar se están llevando a cabo como está establecido.

Por otra parte, contamos con el Servicio de Atención al Usuario (SAU). Si bien el director del centro atiende todas las demandas de los residentes y sus familias, el año tiene 365 días y no queremos que ni una sola queja, sugerencia o agradecimiento quede sin atender. Para ello, lo hemos centralizado en el SAU y un equipo de personas atienden a los residentes y sus familiares por teléfono o correo electrónico y, cuando es necesario, presencialmente.

Adicionalmente, una vez al año hacemos también encuestas de satisfacción tanto a residentes como a familiares. Cuando llegó la pandemia comenzamos a realizar las encuentas a los familires por correo electrónico y, aunque teníamos dudas, en el último año hemos recibido, entre residentes y familiares, más de 4.000 encuestas. Con ese volumen de respuesta, nos sentimos cómodos con la valoración que se hace de los centros.

Amavir también dispone de un Comité de Bioética compuesto por profesionales de nuestros centros y personal externo. Si bien aún no tenemos demasiadas consultas, resultan muy prácticos tanto para los residentes y familiares como para los trabajadores.

Amavir le da mucha importancia a las relaciones intergeneracionales. Prueba de ello es el programa De acampada con mis abuelos que, tras dos años de parón por la pandemia, ha celebrado una nueva edición. ¿En qué consiste? ¿Qué aporta a los mayores?

Los campamentos intergeneracionales De acampada con mis abuelos es uno de los programas más bonitos que tenemos. Nacieron hace más de 15 años en las residencias de Amavir Navarra y poco a poco fueron extendiéndose al resto de centros y, tras dos años de parón a causa de la pandemia, el pasado mes de junio se celebró una nueva edición en 19 centros. Durante una semana, las personas mayores convivieron en sus propios centros con niños de entre 6 y 12 años, que son nietos y bisnietos de los residentes de Amavir, así como hijos de los trabajadores.

Además de ser una experiencia intergeneracional, es una medida de conciliación laboral y familiar para la plantilla durante la última semana de junio que no hay colegio.

Residentes y niños comparten experiencias y participan en numerosas actividades con ayuda de animadores socioculturales. A los mayores les aporta alegría y colaboran en todo lo que se les propone, se sienten útiles de enseñar a los niños y es la mejor medicina para un envejecimiento activo y saludable. Sobre todo, resulta una semana muy especial para los residentes que no tienen nietos o que reciben pocas visitas. En esos días no se acuerdan del médico… Y los más jóvenes aprenden a valorar a las personas mayores, sus conocimientos y experiencias vitales. Ver la cara de los niños cuando la persona mayor les está contando cómo jugaban y cómo era su forma de vida es realmente gratificante. Otra cosa que les fascina a los más pequeños es descubrir dónde trabaja su madre o padre y se sienten muy orgullosos de la labor que realizan.

Actualmente, es vicepresidenta de Aeste. ¿Qué supone formar parte de una patronal junto con otros operadores del sector sociosanitario que, al mismo tiempo, son competencia directa?

Más que competencia, somos compañías que a pesar de tener formas diferentes de gestionar la actividad tenemos los mismos problemas e inquietudes. Lo que hay que buscar siempre, ya sea en un grupo patronal o en un encaje societario, es lo que une. Por supuesto, cada empresa que forma parte de Aeste es soberana en la gestión y la toma de decisiones. Sin embargo, ver cómo enfoca otro operador un tema o afrontar los problemas de manera conjunta nos viene bien a todos.

Compartir información e intercambiar experiencias no tiene por qué perjudicar a nadie, porque todos queremos lo mismo: la sostenibilidad del sector. España necesita camas residenciales y, por lo tanto, hay sitio para todos.

 

¿En qué situación se encuentra la negociación del convenio colectivo?

Ahora mismo no hay negociación. Durante los últimos meses sí se ha intentado sacar adelante una propuesta de Aeste, que buscaba una estabilidad a medio plazo que permitiera un desarrollo del sector y un aseguramiento de empleo, mediante el cumplimiento normativo del convenio. Pretendíamos firmar un convenio a tres años reconociendo las subidas salariales, revisando determinados parámetros. Pero, finalmente, no ha sido posible el acuerdo y ahora no hay negociación en curso.

Por tanto, si no hay nuevo convenio y el PIB es superior al 2 % se indexa al IPC. Pero esto solo afecta a las tablas salariales. Al margen del aumento o no de ratios, hay que tener en cuenta los incrementos de costes de suministros y de las materias primas. Sin embargo, el precio de la plaza concertada no va indexado a esos incrementos, no aumenta al mismo ritmo que la inflación. Por lo tanto, es necesario dotar de estabilidad y de seguridad jurídica al sector si queremos tener proyección de futuro.

En definitiva, es muy necesario buscar el consenso y dar un marco de estabilidad al sector, sobre todo después del Acuerdo de Acreditación. En caso contrario, tanto las empresas como los trabajadores se verán perjudicados.

Lamentablemente, la falta de consenso en la aprobación del Acuerdo de Acreditación da una idea de las vías de diálogo abiertas entre la Administración y el sector. Además, las comunidades autónomas que votaron en contra tienen que abordar la obligatoriedad o no de la aplicación del acuerdo. Las que votaron a favor tienen nueve meses para desarrollar la normativa, transponer los acuerdos y comenzar el periodo de transición hasta el 2030. Pero, según la propia normativa del Consejo Territorial, las otras no tienen que aplicarlo.

Una vez más, según donde hayas nacido tienes derecho a unos servicios sociales de un tipo u otro. Y ahora, con esta falta de consenso, puede agudizarse muchísimo más. Si pensamos en las empresas que forman parte de Aeste, que tienen residencias en diferentes comunidades autónomas, nos encontramos con una inseguridad jurídica importantísima. Más aún para quienes tengan encima de la mesa nuevos proyectos pendientes de desarrollo. ¿Qué va a pasar con la política de expansión de las compañías?

Retos y perspectivas de futuro a corto y medio plazo.

 

Pese a las enormes dificultades normativas y a la escasez de personal que tenemos, y pese a la crisis reputacional que hemos vivido a causa de la pandemia, somos un sector necesario y lo vamos a seguir siendo.

A corto plazo, Amavir tiene bastantes proyectos en desarrollo y obras pendientes de licencia que queremos y vamos a acometer. Ahora tenemos que ver cómo los encajamos y, según en qué comunidad autónoma esté, lo haremos de una manera o de otra. Somos conscientes de la situación tan complicada que estamos viviendo y, aunque queremos seguir creciendo, debemos ser más prudentes.

Actualmente, tenemos 12 centros en obras o pendientes de licencias. Algunos de esos centros se encuentran en comunidades que han votado a favor del Acuerdo de Acreditación y otros en comunidades que han votado en contra. La incertidumbre es enorme. En un sector de este volumen hay que sentar las bases con seguridad jurídica, porque si no los operadores dejarán de invertir, lo que repercutirá en la sostenibilidad del sistema.

Otro reto muy importante para Amavir es culminar con el proceso de eliminación de sujeciones en los centros. También supone para nosotros un desafío imprescindible mejorar la imagen del sector. Para ello, tenemos que trabajar a nivel interno como patronal, pero también socialmente. Y, en paralelo, nos estamos planteando alternativas de actividad relacionadas con la nuestra, como puede ser entrar en el ámbito de la salud mental.

Por otra parte, estamos trabajando para desarrollar las políticas de SG, de seguridad y salud en el trabajo. Estamos trabajando mucho en la descarbonización y en la sostenibilidad desde un punto de vista social como, por ejemplo, mejorar el entorno profesional para optimizar la satisfacción de los empleados.

Si bien hablar de conciliación en nuestro sector es complicado, teniendo en cuenta la necesaria presencia física, estamos estudiando cómo podemos seguir mejorando la calidad de vida de los trabajadores. Y en cuanto a la gobernanza, igualmente hemos desarrollado un código ético, que ya está colgado en nuestra web, y estamos formando a los trabajadores para convertirnos en una compañía más moderna y transparente. Amavir publica, aparte de las cuentas, que además es obligatorio, el informe no financiero con las actividades que hacemos, así como nuestras políticas de contratación y su desarrollo.