«Es necesario establecer canales institucionalizados de coordinación entre los servicios sociales y las consejerías»

Ana Isabel Lima, Presidenta del Consejo General de Trabajo Social

Ana Isabel Lima es diplomada en Trabajo Social y máster en Gerencia de Servicios Sociales por la Universidad Complutense de Madrid. Desde 2006, ostenta el cargo de presidenta del Consejo General de Trabajo Social y vicepresidenta del Comité Español de Bienestar Social. Además, en la actualidad, es asesora técnica de la Comisión de Servicios Sociales de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), por lo que acude con frecuencia a las reuniones del Consejo Territorial de Dependencia, y miembro de la Comisión Permanente de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales de Europa. Recientemente, el Consejo General ha recibido el Premio Infanta Cristina al Mérito Social.

 

¿Cuáles son las competencias profesionales de un trabajador social?
Los trabajadores sociales se ocupan de planificar, proyectar, calcular, aplicar, evaluar y modificar los servicios y políticas sociales para los grupos y comunidades. Actúan en muchos sectores funcionales utilizando diversos enfoques metodológicos, trabajan en un amplio marco de ámbitos organizativos y proporcionan recursos y prestaciones a nivel microsocial, social intermedio y macrosocial.

¿Por qué decidió estudiar Trabajo Social?
Casi por casualidad, gracias a una amiga del instituto. Fui conociendo esta profesión estudiando y creo en el ser humano y en su capacidad para transformar las estructuras sociales para mejorar sus condiciones de vida. Hoy día es una profesión con una tasa de empleo alta.

¿Es una profesión vocacional?
Más que de vocación hablaría de compromiso con los valores de ciudadanía democrática, con los derechos humanos, con nuestro código ético y con la justicia social.

¿Qué cualidades debe tener un trabajador social?
Motivación para prestar ayuda y recibir satisfacción, profesionalidad y conocimiento científico, compromiso con los valores de la profesión, creatividad, empatía y proximidad para contribuir con su labor al empoderamiento de las personas con las que trabaja y para generar transformación social. Los colegios profesionales juegan un papel importante como espacio de formación, intercambio de experiencias, debate, reflexión y ayuda mutua.

¿Cuál es la responsabilidad del trabajador social que busca el bienestar de las personas mayores y/o en situación de dependencia?
Los trabajadores sociales pueden realizar funciones de valoración de la situación de dependencia, asesoramiento y gestión para el trámite de todo el proceso, pronóstico y diagnóstico de la situación social, del entorno y apoyos familiares. La persona que realiza los informes sociales para el diseño del Plan Individual de Atención es el profesional de referencia de los servicios sociales municipales, puesto que tiene un mejor conocimiento de la situación de las personas en situación de dependencia y una visión integradora de las atenciones que la persona necesita en su domicilio.

Por otro lado, en los casos en que la persona valorada con grado y nivel de dependencia se mantiene en su domicilio, es muy necesario realizar el seguimiento del caso por el profesional de referencia. Es importante que los trabajadores sociales detecten situaciones irregulares y puedan reconducirlas.
El reto que plantea esta área de la intervención invita a conocer y a realizar formación en profundidad en el manejo de las herramientas metodológicas y modelos propuestos desde la estructura profesional, para acometer el trabajo en la valoración de la dependencia, la elaboración de informes sociales del entorno, el diagnóstico para el diseño del PIA y el seguimiento de los mismos.

¿Qué diferencias hay entre trabajar en ayuda a domicilio y teleasistencia?
Son recursos distintos que responden a diferentes necesidades sociales. En este caso, son compatibles. Ambos se prestan en entornos de proximidad, es decir, en personas que permanecen viviendo en su domicilio y reciben apoyos desde ambos recursos.

¿Y entre ambas y hacerlo en una residencia o centro de día?
La residencia se convierte en el domicilio de la persona, mientras que el centro de día sólo es un recurso donde pasar una parte del día con atención especializada. Por tanto, las residencias son recursos idóneos para personas que tienen una situación de dependencia importante y no tienen apoyos familiares para mantenerse en su hogar y los centros de día están dirigidos a personas con una determinada situación de dependencia que carezcan durante el día de la asistencia adecuada y de apoyo familiar o social.

¿Qué papel tiene el trabajador social en la aplicación de la Ley de Dependencia?
A parte de la información y gestión de la que antes hablábamos en cualquier fase del proceso, si generalizamos se puede decir que el primer paso del procedimiento consiste en formular la solicitud de valoración, que se iniciará a instancia de la persona que pueda estar afectada por algún grado de dependencia o quien ostente su representación. En todos los casos, los informes sociales necesarios para la elaboración del PIA se realizan por los trabajadores sociales.

El segundo paso es la valoración de la dependencia, que la realizan los denominados órganos de valoración de la dependencia que determine cada comunidad autónoma. Estos aplican el baremo y emiten un dictamen sobre el grado y nivel, especificando los cuidados que la persona pueda requerir.
El tercer paso es el reconocimiento de la situación de dependencia que se efectúa mediante resolución expedida por la administración autonómica correspondiente. Tiene validez en todo el territorio y determina los servicios o prestaciones que corresponden al solicitante según el grado y nivel de dependencia.

Por último, está la elaboración del Programa Individual de Atención, que se debe negociar entre los trabajadores sociales y la persona afectada o, en su caso, la familia.

¿Considera que están suficientemente reconocidos como principales prescriptores de personas en situación de dependencia?

Depende de cada comunidad autónoma. En algunas como Andalucía o Castilla y León sí, pero en otras no. No obstante, se puede decir que, junto con otras profesiones, ocupamos un papel relevante también en la valoración y que, en este caso, ha supuesto una novedad para la profesión. Un nuevo yacimiento de empleo.

¿Qué carencias detecta en el día a día de los mayores?
Parto de la convicción de que el desempeño de cualquier acción dirigida a las personas mayores requiere una actitud de compromiso social desde unos valores democráticos. Debemos ir más allá de las labores puramente asistenciales, aunque las dificultades económicas actuales marquen las prioridades desde la atención a situaciones de dependencias.

Las necesidades sociales están sufriendo cambios vertiginosos, planteando situaciones que, por su magnitud y el contexto donde se producen, afectan directamente a la intervención profesional con las personas mayores y, por tanto, inciden en la necesidad de aplicar políticas de protección social que garanticen los derechos sociales de la ciudadanía.

El objeto de intervención del trabajo social en el campo de la vejez es la persona mayor (individual y colectivamente) que, en interacción con un medio concreto, vive una situación determinada como necesidad o como deseo de mejorarla y que quiere o desea superar y desarrollar su funcionalidad social con el apoyo y la ayuda del trabajo social, cooperando en la transformación de la situación, de las circunstancias que la han generado y, sobre todo, desarrollando sus potencialidades desde una perspectiva positiva.

Para el trabajo social, las funciones encaminadas a crear unas mejores condiciones personales o grupales para que no se produzcan determinados conflictos o problemas, para que estos no aumenten y se intensifiquen o para evitar su reaparición, son de suma importancia y de primer orden. De ahí que gran parte de nuestra intervención profesional vaya en esa línea.

¿Qué es lo más gratificante de su trabajo?
Las relaciones con las personas de manera directa, creer en el ser humano y en la capacidad de transformar la sociedad para hacerla mejor.

¿Y lo más duro?
Tener que convencer a los políticos y empresarios de la importancia de lo que hacemos, de la necesidad de superar lo asistencial y garantizar derechos, universalizar los servicios sociales, trabajar a largo plazo, poner en marcha acciones de prevención…

¿Se implican las familias en el bienestar del mayor?
Sí, pero la sociedad cambia. La inserción de la mujer en el mundo laboral y el cambio en las familias incide en la necesidad de apoyos.

Como presidenta del Consejo General de Trabajo Social, ¿cuáles son sus principales retos?
Los colegios profesionales y el Consejo General pueden ayudar a la profesión desde la función social que tienen encomendada, actuando desde las cuatro líneas estratégicas marcadas por nuestro programa.

Las dos primeras tratan sobre la formación e investigación en trabajo social y el fortalecimiento de la identidad e imagen de los profesionales del trabajo social. Las otras dos plantean trabajar para fortalecer, consolidar y defender un sistema público de servicios sociales como garantía del bienestar social de todos los ciudadanos, así como consolidar el papel de los trabajadores sociales en el ámbito de la sanidad, la educación, la iniciativa social y la empresa.

Por otro lado, es importante la labor de los colegios profesionales en cuanto tienen la competencia de ordenar la actividad profesional de los colegiados, velando por la ética profesional. Además, deben ejercer de escaparate de denuncia desde la representación corporativa y ser portavoces para evidenciar aquellas situaciones individuales o colectivas de insolvencia del sistema de bienestar y/o vulneración de cualquier tipo de derecho.

¿Y como persona que valora la calidad de vida de las personas mayores?
Es necesario el incremento de la participación social y la puesta en marcha de actividades para alcanzar el llamado envejecimiento activo.

También es fundamental la coherencia interna en la provisión de servicios y prestaciones, por lo que se precisa la elaboración de un mapa de necesidades y recursos en el que se contemple la necesidad de reforzar la red de servicios sociales que garantice la aplicación de las prestaciones de manera territorializada.

Además, al elaborar las Cartas de Servicios es importante tener en cuenta el entorno social, fomentando el hábitat inclusivo, accesible para todos, que no propicie el aislamiento social y que ayude a facilitar la movilidad a las personas con algún tipo de dependencia. Por eso, no solo hay que tener en cuenta la accesibilidad en la vivienda, sino también en las políticas urbanísticas se deben incorporar evaluaciones del impacto social.

Asimismo, es conveniente elaborar modelos específicos de desarrollo y gestión para el medio rural, ya que características como la distribución de la población en el territorio o la disposición de los accesos viarios hacen que no sean válidos los mismos modelos en los ámbitos urbano y rural.

¿Se debe exigir la acreditación de centros y servicios del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia?
Es necesario que se establezcan canales institucionalizados de coordinación entre los servicios sociales de base especializados y las consejerías, que agilicen los procedimientos no sólo en tiempos sino también en recorridos administrativos poco eficaces e innecesarios. Debe existir, por tanto, complementariedad en los catálogos y procesos de las áreas social, sanitaria y educativa, avalada desde las instituciones y no solamente desde la voluntad de los profesionales.

Por otra parte, el Consejo Territorial de Dependencia debe realizar Cartas de Derechos de los usuarios para fomentar la garantía de la confidencialidad y protección de datos personales planteados en las normativas vigentes que contemplen criterios éticos en la protección, vigilancia y control de las personas en situación de dependencia, así como el reconocimiento del trabajador social como figura clave y referencial.

¿Qué significa recibir el Premio Imserso Infanta Cristina 2010?
Supone un reconocimiento público importante, ya que históricamente el trabajo social tiene como seña de identidad la defensa de valores democráticos, a través de la reivindicación de la garantía de derechos sociales y el trabajo cotidiano con personas, grupos y comunidades.