Así de rotundo se muestra el Vicepresidente Segundo y Consejero de Sanidad y Servicios Sociales de la Junta de Extremadura, José María Vergeles, cuando le pedimos que valore la actitud de los mayores extremeños durante estos meses de confinamiento. Meses difíciles, como reconoce, ya que se han tenido que tomar decisiones importantes pero “muy duras”, porque afectaban directamente a la movilidad y sociabilidad de los ciudadanos, y a su situación económica. Este periódico ha charlado con el consejero para, por un lado, hacer balance de lo vivido en la región desde el mes de marzo de 2020 y, por otro, para conocer cómo se está desarrollando la campaña de vacunación, las medidas previstas para hacer frente a la COVID-19 y conocer, además, qué otros proyectos se acometen este año desde la consejería.

 

Consejero, empecemos haciendo un balance de lo que han sido estos meses de pandemia. ¿Cuáles han sido los principales retos afrontados desde la consejería?

Uno de los retos principales que hemos afrontado ha sido intentar, en la medida de lo posible, que las personas no se contagiasen, porque eso llevaba a situaciones complicadas desde el punto de vista de la salud. Y de forma específica en la población de edad, un colectivo vulnerable porque el comportamiento del virus nos ha hecho entender, casi desde el primer momento, que cuando llegaba en un centro de personas mayores o de personas con discapacidad, tenía un comportamiento explosivo, con muchísimos contagios y con un deterioro muy importante de la salud de los residentes. Por tanto, con todas las decisiones que hemos tomado y que aprendimos de la primera ola, hemos intentado ser muy rigurosos, trabajando para evitar que el virus entrase en las residencias. Y lo hemos hecho fundamentalmente con tres elementos: haciendo un cribado a los trabajadores de los centros cada 15 días, realizando la PCR a los trabajadores que se incorporan a trabajar en la segunda ola tras las vacaciones y, en tercer lugar, en el momento en el que el virus entra en una residencia, intentar cribar a todos para identificar perfectamente a los residentes contagiados.

 

¿Cómo se articula la campaña de vacunación en la región, especialmente pensando en estos colectivos?

La campaña arrancó el 27 de diciembre. Ese día se vacunaron alrededor de 100 residentes de dos centros de Mérida, porque la logística de la vacuna, de la primera que se autorizó, es complicada. Hablamos de la vacuna de Pfizer. En enero se autorizó la de Moderna que también tiene que estar muy custodiada en cuanto a la temperatura. Son vacunas que están basadas en material genético y, por lo tanto, son muy inestables a los cambios de temperatura o a los cambios físicos. Con todas las dificultades de la logística, que hemos querido que sea escrupulosamente seguida en todo momento para que no se rompa la cadena de frío y conservar toda la efectividad de la vacuna, el objetivo es que en estos primeros meses del año tener vacunado al primer grupo que establecía el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, que es el conformado por las residencias de las personas de edad (tanto residentes como cuidadores) y de personas con discapacidad. También a los sanitarios que están en la primera línea de la atención, a las personas en situación de dependencia que se encuentran en sus domicilios y, por último, a ese gran grupo de otros sanitarios porque en estos momentos se ha priorizado el riesgo de transmisibilidad, el riesgo de afectación a la población vulnerable.

A partir del mes de marzo ya comenzaríamos con otros grupos de población que priorizase también el grupo de trabajo del Consejo Interterritorial y que permitiría, cuando llegásemos al verano, tener una inmunidad que esperemos esté por encima del 65-70 % de la población que quiera vacunarse. En este sentido he de decir que la aceptabilidad de la vacuna parece que va en aumento, lo que es una buena noticia para la sociedad porque es importante que aumente el porcentaje de personas que quieren vacunarse de forma progresiva.

 

La decisión más difícil de tomar ha sido el determinar el aislamiento de los centros residenciales para evitar contagios”

 

Consejero, ¿qué decisiones han sido las más complicadas de tomar en estos meses?

De todas las decisiones que se han tenido que tomar la más complicada ha sido el determinar el aislamiento de los centros residenciales para evitar los contagios. Una decisión que se tomó a sabiendas de que el aislamiento iba a producir un deterioro físico y un deterioro cognitivo de las personas que allí vivían. Ha sido de una tremenda dureza quitarle a los residentes la posibilidad de compartir los afectos y sin poder decirles una fecha en la que esto iba a acabar. A mí me parece que ha sido una de las decisiones más difíciles, insisto, sabiendo que esto iba a tener unas consecuencias sobre el deterioro desde el punto de vista de los afectos y desde el punto de vista cognitivo.

 

Hablamos de los mayores como uno de los grupos más vulnerables frente a este virus. Pero, ¿qué nos han enseñado durante estos meses?

Los mayores ya nos habían enseñado que podían crear una sociedad mejor, en la que vivimos. Nuestros mayores consiguieron un Estado de Bienestar del que estamos disfrutando en estos momentos, que jamás hubiésemos soñado sin ellos, y ahora nos han enseñado la resiliencia. Yo creo que, si hay que definir de alguna forma el término de resiliencia, ese término tiene que tener nombre y apellidos de todas esas personas de edad que han sido capaces de resistir a este embite de la onda epidémica y que han sido capaces, también, de aceptar de la mejor forma posible lo que les decían los científicos sobre la aceptabilidad de la vacuna. Por lo tanto yo creo que nos vuelven a dar una lección impresionante de comportamiento, de entrega y de compromiso con el resto de la sociedad, de lucha y de ser resiliente a los cambios que se han ido produciendo, que han sido muchos.

 

Y el resto de la población, ¿nos hemos comportado como se espera en esta situación?

El grueso de la sociedad española, también el grueso de la sociedad extremeña, se ha comportado y se está comportando correctamente. Ahora bien, han venido épocas en las que estamos acostumbrados a una mayor movilidad y no hemos querido renunciar a ella, épocas en las que estamos acostumbrados a vivir determinados afectos y no hemos querido renunciar a ellos. Y entiendo que es un mecanismo psicológico que de no tenerlo no podríamos vivir o no podríamos vivir bien. Ese mecanismo que nos hace pensar: “A mí esto no me va a pasar”. Y eso ha llevado a que se adoptasen algunos comportamientos que han supuesto un riesgo, porque este virus lo que sí nos ha enseñado es que le encanta la movilidad. Es decir, a mayor movilidad más contagios. Y, además, las relaciones sociales tal y como estábamos acostumbrados a desarrollarlas en nuestro entorno, en nuestro país y en Extremadura, a este virus le gusta mucho también el contacto físico. Creo que el comportamiento de la sociedad, en general, ha sido muy bueno. Siempre hay grupos, hemos visto imágenes durante todos estos meses de comportamientos llevados al límite, pero creo que esa es la excepción.

Como decía, ha habido fechas, como las fiestas navideñas en las que estábamos acostumbrados a mayor movilidad y a mostrar nuestros afectos, en esa mezcla del incremento de la movilidad y de las relaciones sociales, han facilitado que se incrementen los contagios en todo el país.

 

Tanto desde el punto de vista institucional como humano, ¿qué enseñanzas le deja el abordaje de esta pandemia?

A nivel institucional lo que he aprendido es claramente que el abordaje de la pandemia no entiende de colores políticos y que la única forma de combatirla es hacer política de la buena, política con mayúsculas. Entendiendo que los políticos tienen que hacer caso de los técnicos para poder tomar las decisiones lo más correctamente posible. Esta es la mayor enseñanza que nos ha podido dar el virus. Desde el punto de vista humano, esta experiencia no se la deseo a nadie. Es muy difícil cuando termina supuestamente tu horario laboral (que no termina en ningún momento) poder evadirse de las personas que han fallecido ese día, de las personas que están en la UCI, hospitalizadas. Es difícil evadirse de haber tenido que tomar decisiones drásticas que han impedido que las personas pudieran despedir, como estamos acostumbrados, a los seres queridos que se han ido por la COVID-19 o por otras razones pero en tiempo de pandemia. Es muy difícil adoptar decisiones sabiendo que se puede afectar al tejido productivo, que detrás habrá familias que pasen a los ERTES, o pasen a una situación muy complicada desde el punto de vista económico.

 

El abordaje de la pandemia no entiende de colores políticos”

 

Pensando en este 2021, ¿cuáles son las medidas a tomar en la región para seguir haciendo frente al virus?

En primer lugar, tenemos que ser muy rigurosos todavía porque hasta el verano no conseguiremos una inmunidad decente para poder decir que podamos tener un comportamiento un poco diferente. En segundo lugar, tenemos que estar seguros de la vacuna. Si bien es verdad que es una vacuna segura, los ensayos clínicos que estaban hechos mostraban que las defensas duraban, al menos, dos meses. Pero, con los estudios que realice la Unión Europea y el Sistema Nacional de Salud, tenemos que estar seguros de que la inmunidad dura más tiempo para que no haya que revacunar, que poner dosis de recuerdo con más frecuencia. Y, en tercer lugar, hay que ser muy contundentes en cuanto se declare un brote. Es mejor pasarse que quedarse corto, porque ahora lo que tenemos que hacer, sobre todo, es dedicarnos a pensar en alcanzar las mayores cifras de inmunidad posible.

No se puede vacunar a las personas que están pasando la enfermedad, hay que esperar un tiempo para vacunarles, por lo que mientras menos contagios tengamos, mejor preparados estaremos para recibir la vacuna. Es un objetivo claro para 2021 que no teníamos en el 2020. Este año tenemos que controlar los contagios no solo por las repercusiones que tengan sobre la salud, sino porque tenemos que estar en las mejores condiciones para poder vacunar.

¿Cuáles son las líneas de actuación de la consejería para este año, al margen del virus?

Una de las líneas prioritarias para esta consejería es la apuesta decidida por la atención a las personas en situación de dependencia. Yo creo que es absolutamente necesario que este sea un año en el que destinemos muchos esfuerzos a reducir las listas de espera, los déficits de financiación que ha tenido la Ley de la Dependencia durante todos estos años.

Otra de nuestras líneas de actuación se centra en el abordaje de la enfermedad crónica en términos reales, donde la Atención Primaria sea el referente para la atención de la cronicidad.

Y, en tercer lugar, ir a un nuevo modelo en la atención a las personas de edad. Es una enseñanza más que nos ha dejado este virus. La mayoría de las personas mayores podrían vivir, y querrían vivir, en sus casas el mayor tiempo posible, siempre que les asegurásemos unas ciertas condiciones para ser lo más autónomos posible. Lejos de volver a hablar del envejecimiento activo, creo que hay que centrarse en ver cómo podemos poner al servicio de esas personas todas las herramientas tecnológicas, todas las ayudas técnicas, todas las ayudas para las actividades instrumentales de la vida diaria, que les permitan estar la mayor parte del tiempo fuera de las instituciones, fuera de las residencias, y acudir a ellas solo cuando sea estrictamente necesario.

Estas son las tres líneas más importantes que tenemos que desarrollar. Evidentemente, la pandemia nos está dejando una brecha social que tenemos que combatir, y creo que existe una buena oportunidad que nos ofrece la Unión Europea a través de los Fondos de Recuperación y Resiliencia, que nos permitirá abordar proyectos muy interesantes de cara a dejarles a las generaciones venideras una Europa más social y una Europa mejor.

 

No podemos desperdiciar la experiencia de los mayores ni el empuje de los jóvenes”

 

A final de año se presentaba el I Plan Intergeneracional de Extremadura. ¿Cuáles son sus objetivos y cómo se articulará?

El Plan se basa en una idea clave: no podemos desperdiciar la experiencia que tiene la gente mayor y no podemos desperdiciar el empuje que tiene la gente joven. Y tenemos que hacer una sabia combinación. Es verdad que hemos tenido experiencias pilotos, proyectos intergeneracionales concretos mezclando el ámbito educativo con el ámbito de las residencias, pero este Plan va más allá. Pretende conseguir una sociedad que esté relacionada independiente de la edad, es decir, prevenir los edadismos. Este es el principal objetivo, prevenir edadadismos. Y esto solucionaría muchos problemas. Planteamos soluciones con respecto a la vivienda, con viviendas intergeneracionales, desde el punto de vista de la cultura, desde el punto de vista educativo, desde el punto de vista social, residencial, de la atención sociosanitaria. Cómo podemos conseguir una sociedad que no vaya hacia el edadismo sino aprovechando lo bueno que tienen cada una de las edades, el empuje de todos, reconociéndonos desde el respeto que nos debemos tener.

Este, que es un objetivo tan etéreo, se plasmará en acciones concretas en los diferentes ámbitos que recoge el Plan, que son 11 ámbitos de actuación, todos aquellos que afectan a la vida de las personas. Yo me siento muy orgulloso de que haya habido técnicos muy implicados, con la participación de la sociedad (porque es un Plan que ha nacido de abajo a arriba), y hayamos sido capaces de diseñar este Plan Intergeneracional de Extremadura que considero pionero. Y si no fuese pionero, casi me daría igual, porque lo que quiero es que la sociedad viva con esa prevención de los edadismos.