ENTREVISTA 

 

Natalia Roldán

Presidenta de la Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia (Aeste)

La pandemia ha supuesto un antes y un después para el sector sociosanitario. Lo ha visibilizado pero, al mismo tiempo, ha puesto en evidencia el desconocimiento de la sociedad. Por tanto, la presidenta de Aeste destaca que aún queda mucho trabajo por hacer para poner en valor el sector “y generar orgullo de pertenencia”. Entre los retos, destaca la revisión del nuevo modelo de atención: “Aunque es más económica la atención en el ámbito domiciliario es un error potenciar los servicios de proximidad frente a los residenciales. Son recursos diferentes que se prestan en distintos momentos vitales de la persona. Uno no es mejor que otro, sino que son complementarios”. Otros retos que subraya Roldán son el establecimiento de indicadores de calidad públicos o la creación de un nuevo perfil profesional porque, al igual que en su día se creó la figura del gerocultor para que no pudiera ser fagocitado por Sanidad, “necesitamos un perfil nuevo para que no suceda lo mismo con las enfermeras”. Para sacar adelante estos desafíos, afirma que el sector está unido: “Hay diferentes voces, pero coincidimos en el 99 % de los puntos esenciales. No hay fisuras y no hay que buscarlas”. 

En marzo fue nombrada presidenta de Aeste. En esta nueva etapa, ¿qué retos se plantea la organización para los próximos cuatro años?

Continuar con los retos anteriores y sumarle alguno más. La pandemia ha visibilizado el sector sociosanitario, un sector imprescindible que forma parte del sistema de atención a las personas de nuestro país. Debemos aprovechar esta visibilidad que antes no teníamos e impulsarla. Y esto supone poner en valor el sector, tanto social como económicamente.  

¿Cómo definiría la situación actual del sector de atención a las personas mayores y en situación de dependencia? 

Se han generado expectativas muy altas a las personas mayores, a las familias y a los profesionales, que tenemos que ver cómo satisfacer. Dar respuesta a todos ellos de una única manera va a ser muy complicado y, por ello, estamos en una situación de cierto desequilibrio. 

En este contexto, sin las Administraciones Públicas difícilmente vamos a poder solucionarlo. El Sistema de Dependencia está montado sobre un concepto de colaboración público-privada, por lo que tenemos que sentarnos para hablar y entendernos. Nos preocupa que algunos compromisos adquiridos durante la pandemia no se lleven a cabo en tiempo y forma, que se diluya esa implicación y ese vuelco de las miradas hacia nuestro sector. 

Como Aeste, queremos seguir dinamizando el sector, pero no de manera independiente, sino de la mano del resto de entidades, asociaciones, patronales del sector y medios de comunicación. 

¿Cómo ha afectado la pandemia al sector? 

La pandemia ha supuesto un antes y un después en diferentes aspectos: visibilidad, reconocimiento del trabajo realizado, evidencia sobre la falta de financiación, etc. Nos hemos dado cuenta del desconocimiento que la sociedad tenía del sector. Muchas de las informaciones publicadas en los medios de comunicación fueron motivadas porque no se sabía qué es una residencia, qué se hace en ellas, los servicios que se prestan o el perfil de los profesionales. Y lo mismo sucedió con los servicios domiciliarios. Ahora eso está cambiando, lo que supone una oportunidad para el sector.

Profesionales que forman parte del sistema sanitario también han empezado a entender la labor que desarrollamos. Nuestros recursos son limitados y, muchos de ellos, compartidos. De ahí la importancia de aprovechar sinergias para hacer un consumo responsable, tanto de los recursos sociales como sanitarios, y detectar duplicidades o lagunas. Y la Administración Pública tiene que estar ahí. Ahora bien, nuestra experiencia y conocimiento debe ser tenida en cuenta, porque no tiene sentido que se tomen decisiones vitales para el sector sin contar con el sector. De la misma manera que tampoco debe hablarse de los mayores sin los mayores. 

Tenemos que sentarnos y ver qué puede aportar cada sector. Todos somos conscientes de las dificultades actuales y a todos nos interesa que haya un sistema de atención que sea de calidad, sostenible y con la financiación adecuada. 

Como presidenta de Aeste, ¿qué propone para mejorar el desarrollo y aplicación de la Ley de Dependencia? 

En primer lugar, necesitamos una financiación suficiente para mejorar las tarifas de los servicios y las condiciones laborales de los profesionales.

Por otra parte, proponemos impulsar las prestaciones vinculadas al servicio para que el ciudadano pueda elegir el servicio que mejor se adapte a sus necesidades. Pero para ello, necesitamos definir unos indicadores de calidad que, incluso, sean públicos y se puedan compartir. No obstante, desde Aeste advertimos de los riesgos de llevar la prestación vinculada al servicio a la ayuda a domicilio, porque resulta más difícil de supervisar y corremos el riesgo de que todo lo que se ha avanzado en materia laboral o en el propio diseño del servicio podría distorsionarse. 

Por eso, debemos pensar qué es lo más adecuado para cada uno de los recursos de la cartera de servicios del Sistema de Dependencia. No sirve lo mismo para todos. Y para abordar estas cuestiones, la colaboración público-privada se hace imprescindible. Además, nos encontramos con una enorme diversidad generacional de personas mayores, que también tienen necesidades asistenciales distintas. Previo a la pandemia ya veníamos demandando una manera diferente de proceder, porque detectamos un aumento de la cronicidad, que generaba dinámicas de trabajo con intensidades diferentes. Y en el ámbito domiciliario pasa lo mismo. 

No tiene sentido hablar de modelos de atención sin tener en cuenta toda la evolución socioeconómica. No nos podemos permitir un retroceso en los avances logrados.

¿Considera que el Plan de Choque va a impulsar el Sistema de Dependencia?

Supone un hito, igual que la Ley de Dependencia lo fue en su día. Lo ideal es que el Plan de Choque fuera dirigido a mejorar lo que hay ahora, no a incrementar el número de personas atendidas por el Sistema de Dependencia. Si no, lo único que estaremos haciendo es incrementar un problema que afectará a un mayor número de personas.  

El Plan de Choque debería priorizar que las tarifas de los servicios y los salarios de los trabajadores fueran más adecuados, a revisar duplicidades, a optimizar recursos, etc. Y, a partir de ahí, centrarse en incrementar el número de personas atendidas. 

El Plan de Choque propone mejorar las condiciones laborales de los profesionales del sector. ¿Cuál es el posicionamiento de Aeste al respecto?

En primer lugar, tiene que haber un incremento de los ratios de personal para que los profesionales puedan dedicar a cada usuario el tiempo que requiere. Pero también una reevaluación de los perfiles profesionales para saber si se necesitan otros niveles de especialización. Antes era muy raro que una persona con discapacidad envejeciera, mientras que ahora es habitual. 

Cuando hablamos de calidad del empleo, además de las condiciones económicas, hay que tener en cuenta las condiciones laborales. Por eso, tenemos que lograr que el sector resulte más atractivo para que los profesionales quieran trabajar en la atención a las personas mayores y en situación de dependencia. 

Y, para poner en marcha todo lo expuesto, es necesario contar con financiación.