La Asociación Madrileña de Enfermería Gerontológica (AMEG), en colaboración con el Grupo CINS Repose, organizaron la semana pasada el «I Encuentro Internacional de Buenas Prácticas en centros sociosanitarios y geriátricos en tiempos de COVID». Para conocer estas buenas prácticas, hablamos con María José Mena, vocal de AMEG.

 

¿Cómo describiría la experiencia de los profesionales sanitarios en los centros geriátricos durante esta pandemia?

Ha sido una experiencia anómala e intensa en todos los aspectos, ya que ha roto la dinámica diaria de nuestro trabajo. Los primeros momentos han sido muy duros y de mucha preocupación, tanto por la salud y el bienestar de los residentes como por el impacto físico y psicológico sobre el personal.

Creo que resulta difícil describir en unas pocas palabras la experiencia que la irrupción de la pandemia ha supuesto para nosotros pero, sin duda, uno de los mayores retos ha sido la necesidad de adaptarnos prácticamente día a día a un escenario diferente, tanto por la propia evolución del virus dentro de los centros como por las diversas directrices que hemos recibido.

 

¿Cuál es la principal conclusión que se extrae de estos momentos vividos en lo que respecta a la atención a las personas mayores?

Considero que tras cualquier tipo de crisis, y más en una con el calibre e impacto que ha supuesto la provocada por la COVID 19, es tiempo de evaluar los aciertos y los errores que se han cometido y sacar conclusiones de cara al futuro. Aunque la situación todavía no ha terminado y es pronto, quizás, para realizar este ejercicio de autocrítica, para mí hay tres lecciones que resultan ineludibles.

La primera es la necesidad de poner en mayor valor el sector sociosanitario dentro de nuestro modelo de bienestar, en especial, dentro de una sociedad tan envejecida como la española (que se ha situado como el segundo país del mundo en esperanza de vida).

La segunda pasa por la proactividad. Ante situaciones de crisis debemos ser proactivos, no reactivos, para ello deberemos contar con protocolos, recursos, coordinación y formación.

La tercera es la necesidad de entender que lo social y lo sanitario deben converger, no deben ir por caminos diferentes. No nos olvidemos de crear un hogar para nuestros mayores.

 

¿Ha sido posible mantener las buenas prácticas en tiempos de COVID-19?

Por supuesto. Creo que las buenas prácticas han prevalecido. Es de destacar y de admirar la versatilidad de nuestro personal, no únicamente sanitario, sino de todos aquellos profesionales que hacen posible el funcionamiento diario de nuestras residencias. Nos hemos visto avocados a convertirnos en trabajadores polifuncionales debido a las circunstancias. No solo hemos sido médicos, enfermeras, auxiliares, conserjes… hemos tenido que ser equipo, técnicos, repartidores, animadores… lo que ha sido necesario en cada momento.

 

¿Cuáles son las buenas prácticas que destacaría y que quiere reflejar en este encuentro internacional?

Creo que son muchas: la empatía, el acompañamiento a los mayores, el uso que se ha hecho de las nuevas tecnologías como revulsivo a la soledad… Pero me gustaría destacar la importancia del trabajo en equipo. Hay un proverbio africano que dice “si quieres llegar rápido camina solo, si quieres llegar lejos hazlo acompañado”. Considero que es imprescindible remar en una misma dirección si se quieren obtener buenos resultados.

 

¿Algunas de estas buenas prácticas se instauraran como medidas eficaces de cara al futuro?

Estoy segura de que sí. Como he dicho anteriormente, creo que han sido y serán muchas las lecciones que sacaremos de esta situación y que aplicaremos, sin duda, de cara al futuro. Y que de esta experiencia surgirán acciones de mejora.