La Asociación de Empresarios de Farmacias de Madrid (Adefarma) organiza el webinar “El papel de la farmacia en el sector sociosanitario”. El encuentro virtual tendrá lugar el próximo 25 de noviembre, de 10:00 a 11:30 horas,  y reunirá a representantes del sector farmacéutico, a patronales de atención a la dependencia y a la Administración Pública. Será un espacio para reflexionar sobre el actual modelo de gestión farmacéutica en residencias en la Comunidad de Madrid, sus ventajas e inconvenientes para los usuarios y la necesidad de una propuesta de modelo con proyección de futuro. Para conocer todas estas cuestiones entrevistamos al secretario general de Adefarma, Rubén Martín.

¿Cuál es la labor de los farmacéuticos en las residencias de mayores?

La labor de los farmacéuticos en las residencias de mayores es desconocida. Esto nos produce una mezcla de orgullo y lamento. Me explico. El servicio de farmacia en los centros sociosanitarios cuenta con un nivel de satisfacción superior al 90 % entre sus usuarios. No levantamos incidencias, siempre respondemos, todos los días de la semana, durante todo el día. Esto hace pensar que es lo “normal”, pero no somos conscientes de que en países (o algunas comunidades autónomas en los que este servicio se intenta nacionalizar) el servicio no ofrece ni tan siquiera las mismas expectativas.

Básicamente, el servicio pivota en torno a flexibilidad, competitividad, profesionalidad, eficiencia y vocación de servicio.

Cómo proveedores de los centros de la Comunidad de Madrid, ¿cómo habéis vivido esta situación tan compleja generada por la pandemia?

La verdad es que no nos consideramos proveedores. Más bien consideramos que asistimos a los pacientes que viven en los centros, de manera individualizada. El modelo actual de atención farmacéutica en las residencias permite que todos ciudadanos que viven en estos centros cuenten con servicios añadidos, a coste cero, de manera personalizada. Esto no sería posible si se hubiera implantado en la Comunidad de Madrid el modelo de atención farmacéutica propuesto por el RD Ley 16/2012, de 20 de abril de medidas urgentes para la sostenibilidad del SNS.

Si como propone este RD Ley tuviera que contarse con una farmacia “nacionalizada”, dependiente cien por cien de una designación subcontratada por la Administración. ¿Cabría exigirle, o tan siquiera esperar que se le puede exigir, que cuando el hospital se encuentre saturado, o no sea el día previsto para que el farmacéutico se desplace al centro, o haya un cambio de tratamiento por un médico que no es de la misma área sanitaria, o el residente acabe de entrar en la residencia, el servicio de farmacia se haga cargo de esa situación sea el día que sea?

Cuando un ciudadano debe ser tratado por un hospital lo que hay que hacer es hospitalizarle y no tratar de institucionalizarle para después exigir responsabilidades por la ministra de defensa de turno o el ministro de asuntos sociales, si es que existe. Esas declaraciones a las que aludo fueron a la par esclarecedoras y ciertamente lamentables.

Por ejemplo, con el modelo actual, si el paciente o sus tutores, deciden irse de vacaciones, simplemente se van, no deben pasar por un proceso de alta o conciliación de la medicación. El paciente, que es un ciudadano, tiene derecho a beneficiarse del mismo sistema que el resto de ciudadanos. Y los centros en los que vive no deben asumir situaciones por las que, como se ha visto, se le piden después responsabilidades incluso penales.

¿Habéis podido apoyar y coordinaros correctamente con las residencias para prestar un servicio de calidad a las personas mayores?

Ciertamente han sido momentos muy difíciles. En momentos en los que no había mascarillas ni para los hospitales, no había EPIs para nadie, ni siquiera había gel hidroalcohólico. Y, cuando lo había, se intervenía. No es una “leyenda urbana”, eso ha pasado. Cuando solicitábamos ayuda o material a los centros de salud o a los hospitales, en ocasiones, ni descolgaban el teléfono. En ese entorno, en lugar de darnos por vencidos y esperar a que “nos dieran” material, las farmacias nos asociamos entre nosotros y procedimos a importarlo desde otros países dando así solución de manera inmediata y a menor coste que la Administración a todo lo que necesitaban los pacientes. Estoy hablando de EPIs y otros productos, medicamentos también.

¿Qué medidas habéis tomado de cara a apoyar a las personas mayores que viven institucionalizadas?

Las farmacias comunitarias que asisten a centros sociosanitarios los priorizan de manera supina, pues en muchos casos son la mejor o la única vía de realización profesional. No olvidemos que las farmacias son ajenas a “la industria farmacéutica”. Somos pymes, con una media de 2,4 empleados por farmacia que volcamos nuestra vocación en el servicio a la comunidad, intentando anticiparnos a las necesidades de la población.

No hemos tomado “nuevas” medidas, sino que hemos reforzado nuestra mentalidad de permanente adaptación al cambio, apuesta por la tecnología y vocación de disponibilidad absoluta en el marco de la continua preparación y reciclaje.

La pandemia por COVID-19 ha sido un punto de inflexión para la reflexión sobre cómo se estaba atendiendo a las personas mayores, sobre todo en las residencias ¿consideras, entonces, que el modelo farmacéutico de atención a las residencias de la Comunidad de Madrid es efectivo?

Permanentemente oímos en los medios que es necesario plantear la dicotomía “economía versus sanidad”. Pues bien, el modelo actual es sin duda el mejor desde el punto de vista asistencial y económico. ¿Por qué cambiarlo? A mí solo se me ocurren motivaciones espurias, la verdad. Los responsables de consentirlo seremos los que formamos parte del canal sociosanitario.

No existe ni un solo motivo que justifique que uno de los servicios con mejores índices de satisfacción, apoyado por las asociaciones de los pacientes, que no ha dado ni una sola incidencia desde su implantación, deba ser cambiado. El modelo de atención farmacéutica a residencias que hay actualmente en la Comunidad de Madrid es, sin duda, el más eficiente, el más efectivo, el más capilar y el único garante de que el servicio se dé en las mismas condiciones esté donde esté la residencia.

¿En qué aspectos se podría mejorar?

Como todo, hay puntos en los que se puede mejorar. Por ejemplo, es necesaria una mayor seguridad jurídica, pues el servicio está sujeto en muchos casos a las interpretaciones de la norma. Se debe apoyar lo que funciona bien.

En otras comunidades autónomas sí que se ha dado el paso para adaptarse a la normativa, al RD Ley 16 de abril, que comentabas. ¿Qué impresiones les trasmiten sus colegas? ¿Está funcionando?

Es un desastre. En comunidades como la andaluza se implantó a partir de 50 camas (en lugar de 100 como propone el Gobierno, pero se daba el caso de que los hospitales no sabían ni de qué les hablaban; por lo que, durante un tiempo, el director de la residencia tenía que buscarse la vida.

En comunidades como la valenciana se intentó implantar, pero cuando llegó la hora de la verdad y de empezar, lo primero que se pidió fueron 3 millones de euros para comprar un robot. Una vez licitado no estaba claro cómo hacer llegar todas las unidosis a todas las residencias. Se abandonó la idea y ahora, por increíble que parezca, se vuelve a intentar.

¿Cuál es el reto del servicio de farmacia en las residencias de mayores? En su opinión, ¿cómo debería evolucionar el modelo farmacéutico para atender a estos centros?

Tecnología. Ese es el reto al que nos enfrentamos, para ser aún más eficientes “intramuros” y “extramuros”. Por ejemplo, el reto no es ya preparar unidosis o no, es implantar SPD que informan en tiempo real cómo de adecuadamente se está tomando esa medicación y, mediante algoritmos de inteligencia artificial, permiten prever periodos de incumplimiento.

Otro sistemas tecnológicos que deben generalizarse son los diseñados para amortiguar los desabastecimientos (que antes eran puntuales, pero ahora se empiezan a generalizar), mediante interconexión de los stocks de las farmacias. De este modo, el paciente, esté donde esté, puede recibir su mediación sin verse afectado por la falta de suministro de un fármaco.