Manuel Monteserín. Presidente de Asispa

“Queremos exportar nuestro modelo de trabajo a entidades privadas que necesiten una gestión de servicios innovadora y eficaz”

Tras 30 años en Asispa, en octubre de 2020 Manuel Monteserín fue nombrado presidente. “Ahora tengo la oportunidad y siento el deber de devolver a la entidad parte de lo que me ha aportado”, subraya. Entre sus retos, Monteserín destaca recuperar la confianza de las personas mayores y sus familias tras esta complicada etapa de pandemia y poder prestar atención con la cercanía y calidad de siempre. “Además, queremos exportar nuestro modelo de trabajo a entidades privadas, organizaciones y empresas que necesiten una gestión de servicios innovadora y eficaz, mediante formación de calidad o apoyo para implementar planes de igualdad y de RSC”, señala Monteserín. Sobre todo en el momento actual, ya que el COVID-19 ha hecho que el sector asistencial se plantee revisar el modelo de atención.

En este contexto, el presidente de Asispa defiende que, más allá de ideologías políticas, es necesaria la coordinación entre administraciones, entidades y empresas: “La colaboración colectiva no suma, sino que multiplica las posibilidades de éxito”.

Después de 30 años trabajando en Asispa, ¿qué supone convertirse en su presidente?

Un honor. Mi incorporación a la entidad supuso un fuerte revulsivo en mi vida. La filosofía y el compromiso de Asispa con las personas atendidas han sido desde el principio una permanente fuente de inspiración, tanto en mi vida profesional como personal. Ahora, como presidente, tengo la oportunidad y siento el deber de devolver a la entidad parte de lo que me ha aportado. 

Desde que en 1991 entró a formar parte de Asispa, ¿cómo ha evolucionado la entidad?

Los valores con que Luly Zabala impulsó la creación de Asispa, se han mantenido y están afianzados, gracias a la contribución de todos los que, durante estos cuarenta años, hemos participado en el desarrollo de la red de servicios integrados que hoy conocemos. 

Son cuatro décadas abriendo caminos y siendo pioneros en el sector asistencial en este país. Cuarenta años de trabajo con la pasión, entrega y dedicación que nos han convertido en una referencia en todo el ámbito social.

Creamos la ayuda a domicilio y planteamos la atención centrada en la persona allá por los años ochenta. La innovación y la formación han sido aspectos claves y un motor de cambio en nuestro camino en estos años. Hoy seguimos buscando nuevas fórmulas para estar más cerca de lo que ha marcado nuestro rumbo durante todo este tiempo: las personas.

Hace unas semanas falleció Carmen Zabala, Luly, fundadora de Asispa. ¿Cuál ha sido su legado?

Luly ha sido el alma de Asispa y cuarenta años después aún perdura su inspiración, que nos impulsa para dar lo mejor de nosotros mismos en la atención a los demás.

Nos inculcó el valor del cuidado atento, personalizado y cálido para cada persona atendida. Los valores que ella nos transmitió han sido y siguen siendo la referencia para todas las personas que trabajamos en Asispa.

¿Cuál diría que es el distintivo de Asispa? 

No hay un único distintivo. Yo diría que es una filosofía de trabajo que integra muchos valores: respeto, profesionalidad, cercanía, sensibilidad, amabilidad… Son algo más que palabras, son nuestra misión y los ejes que conforman nuestro ADN. Pero lo importante es que detrás de cada una de estas palabras hay miles de personas. Personas usuarias, profesionales, familiares… Ellas son nuestra verdadera razón de ser; sin las personas no somos nada.

¿Cuáles son sus retos a corto y medio plazo?

Lo primero es que las personas mayores recuperen la confianza y seguridad que necesitan y lograr que sea posible atenderles con la cercanía y calidad de siempre, tras esta complicada etapa de pandemia. Recientemente, nos han concedido el sello identificativo de Garantía Madrid, que implica que nuestras residencias están dando cumplimiento exhaustivo a las normas relacionadas con el COVID-19. 

Por otro lado, la innovación social en las empresas es nuestro siguiente objetivo. Queremos exportar nuestro modelo de trabajo a entidades privadas, organizaciones y empresas que necesiten una gestión de servicios innovadora y eficaz. Hablo, por ejemplo, de dar formación para los empleados de calidad y de impacto, para que cada trabajador pueda aprovechar lo mejor de su talento, o también, de ayudar a implementar planes de igualdad en las empresas y de Responsabilidad Social Corporativa (RSC). 

Mantenemos el reto constante de crear nuevos proyectos necesarios para nuestra sociedad, con el fin de atender necesidades nuevas y/o no cubiertas.

Seguimos trabajando en resaltar la actividad del Tercer Sector, tan necesaria y a veces denostada por incomprendida. En acabar con los estereotipos en los que se clasifica a las personas mayores limitando, en gran medida, su potencialidad y excluyéndolas o arrinconándolas hasta invisibilizarlas.

Asispa ha realizado y realiza diferentes campañas de sensibilización sobre temas muy diversos. ¿Por qué lo considera tan importante?

Esas campañas surgen de las inquietudes que viven y expresan las personas usuarias y profesionales de la entidad en nuestro día a día.

Nos parecen una herramienta útil y necesaria para fomentar actitudes más empáticas y respetuosas hacia los demás, que contribuyan a disolver el edadismo, reivindiquen a las mujeres pioneras, favorezcan una sociedad de los cuidados justa e igualitaria, reduzcan las barreras digitales para las personas mayores… En fin, sentimos la obligación de ser el altavoz de todas las personas del universo Asispa.

¿Qué lugar ocupa la formación de los trabajadores?

La formación permanente de los profesionales mejora las condiciones de trabajo. Además de incrementar las competencias y la productividad, aumenta nuestra satisfacción en el empleo y, a la vez, potencia la confianza y autoestima en nuestras relaciones personales. Se trata, sin lugar a dudas, de un objetivo estratégico de Asispa, porque estamos comprometidos con la formación en el empleo. Desde hace años, nuestra Área de Formación imparte certificados de profesionalidad, necesarios y de calidad en el sector de la formación sociosanitaria, no solo en el ámbito interno sino de manera abierta a toda la sociedad. 

Recientemente, hemos programado la 50 edición del curso para obtener el Certificado de Profesionalidad de Atención Sociosanitaria a Personas Dependientes, un reconocimiento oficial y una puerta de entrada al mercado laboral de miles de profesionales.

¿Cómo está viviendo Asispa la pandemia en toda su extensión: trabajadores, residentes, usuarios y familiares?

Como en todo el planeta, al inicio todo fue incertidumbre, angustia, coraje… Pero en seguida llegó la resiliencia, capacidad de sobreponerse a las nuevas circunstancias, el esfuerzo titánico por encontrar, ante todo, EPI que garantizaran la seguridad de trabajadores y personas usuarias. Adaptamos nuestros servicios al contexto digital en la medida de lo posible.  

La llegada de la vacunación ha renovando nuestra ilusión y estamos viviendo el proceso con esperanza por la pronta inmunización de las personas. Porque lo que nos mueve en Asispa es la vocación de servicio. Son las personas, usuarios, familiares, trabajadores, los que ofrecen el apoyo, la comprensión, el respeto y la generosidad necesarios para crear una red que nos sostiene y nos enlaza, que nos fortalece a diario como individuos y como profesionales. Y esta red tan sólida, en la pandemia ha sido fundamental para no dejar a nadie atrás.

Nuestra filosofía de trabajo integra muchos valores: respeto, profesionalidad, cercanía, sensibilidad, amabilidad… Pero lo importante es que detrás de cada una de estas palabras hay miles de personas: usuarios, profesionales, familiares…

¿Cree que una coordinación sociosanitaria real y efectiva podría ayudar a mejorar la atención que, actualmente, reciben las personas mayores y en situación de dependencia? ¿Qué propone para alcanzar esa coordinación sociosanitaria?

Sin duda, una adecuada coordinación sociosanitaria implicaría una mejor atención. Los aspectos sociales y sanitarios están especialmente interrelacionados en las personas mayores. Sería necesaria la máxima implicación de los responsables de ambas áreas para avanzar hacia una coordinación que permita una atención más integral, en la que la continuidad de los cuidados quede garantizada y los recursos disponibles se optimicen.

Por ello, más allá de ideologías políticas, se hace totalmente necesaria la coordinación y la colaboración entre todos los actores sociales implicados: administraciones, entidades y empresas. La colaboración y la participación colectiva no suma, sino que multiplica las posibilidades de éxito en nuestro desempeño. 

¿Cómo cree que debería ser la atención a las personas mayores y en situación de dependencia del futuro?

La sociedad cambia. Nuestros servicios deben cambiar. Es nuestra responsabilidad. La adaptación al cambio es clave y la pandemia nos deja esta enseñanza. Lo hemos hecho como sociedad en un contexto complejo, hagámoslo en la nueva normalidad… Nuevas fórmulas residenciales se abren paso: el cohousing senior y el cooperativismo habitacional vienen pisando con fuerza.

La digitalización y la reducción de la brecha digital son necesarias para potenciar el lado humano de la tecnología, la atención a las nuevas vulnerabilidades: mujer, diversidad funcional y afectiva, sinhogarismo… Debemos entender que la dependencia no es algo ajeno a la sociedad o puntual en la vida de un colectivo minoritario. Todos somos dependientes en un momento u otro de nuestra vida. Debemos cuidarnos y, por ello, la sociedad de los cuidados debe ser un objetivo prioritario de los gobiernos.

En este contexto, ¿qué espacio ocupa la atención domiciliaria: teleasistencia y ayuda a domicilio?

En un mundo hiperconectado, la teleasistencia se presenta como una herramienta clave no solo en los ámbitos rurales de la España vacía, sino en las grandes ciudades donde cada vez es mayor el número de personas que viven solas.

La ayuda a domicilio forma parte de esta transformación y es también fundamental para construir la sociedad de los cuidados que necesitamos. Cada vez es más requerida una atención profesional en el seno de la propia familia, del propio hogar, que construya una sociedad de los cuidados en un entorno más amable. 

Respecto a las residencias, ¿cree que debería revisarse el modelo actual de atención?

Sí. Es necesario un nuevo modelo. Debemos potenciar la autonomía de las personas mayores. Un ejemplo de éxito dentro de nuevos modelos residenciales son las cooperativas de cohousing senior, espacios integrados donde poder desarrollar una vida lo más autónoma posible. Más recursos y más formación. Más profesionalidad.

No podemos entender la vejez como una etapa final e improductiva de la vida. Es necesario cambiar la imagen que tenemos de las personas mayores, a veces invisibilizada, asociada a la enfermedad y a la vulnerabilidad. Es necesario que dejemos de ser una sociedad edadista y valoremos la experiencia, la sabiduría y el legado vivo de las personas mayores, un reto que nos llevará hacia nuevos modelos que tímidamente se abren paso en nuestra sociedad contemporánea.