La atención al paciente mayor con cáncer es un asunto prioritario para los sistemas sanitarios, aunque no se hable demasiado de ello.  Y es que, actualmente, más de la mitad de los cánceres se diagnostican en personas mayores de 65 años; más de la mitad de las muertes por cáncer, ocurren en mayores de 65 años, y más de la mitad de los supervivientes son mayores de 65 años.

En este contexto, la oncogeriatría juega un papel fundamental, y la colaboración de los geriatras en el abordaje de los pacientes mayores se convierte en un condicionante importante para su mejor calidad de vida antes, durante y después del tratamiento. 

El imparable envejecimiento de la población mundial, el aumento de la incidencia de cáncer en las próximas décadas y el incremento de la supervivencia a esta enfermedad son razones de peso para darle la importancia que tiene a la atención sanitaria de las personas mayores con cáncer.

Las cifras más recientes de registros nacionales y mundiales muestran que más de la mitad de los cánceres son diagnosticados en mayores de 65 años, más de la mitad de las muertes por cáncer ocurren en mayores de 65 años, y más de la mitad de los supervivientes son mayores de 65 años. Además, se ha estimado que el número de pacientes mayores de 70 años con nuevo diagnóstico de cáncer pasará de los 6,6 millones actuales a casi 14 millones (más del doble) para el 2040.

Si a esta prevalencia, se le añade el enorme impacto económico de esta enfermedad, queda clara la prioridad de un abordaje adecuado de las pacientes mayores con cáncer. Para ello, es precisa la intervención de los geriatras u oncogeriatras dentro de los equipos multidisciplinares que atienden a estas personas.

¿Por qué los oncogeriatras?

El cáncer en las personas mayores tiene ciertas particularidades que se deben tener en cuenta en la atención y, sobre todo en el tratamiento. “El envejecimiento influye en el desarrollo de la enfermedad neoplásica y en la tolerancia al tratamiento. El suelo en el que se siembra la célula tumoral es diferente que en el adulto más joven. En el mayor hay cambios relacionados con la llamada senescencia a nivel molecular, celular y orgánico, por ejemplo”, explica la doctora Myriam Rodríguez Couso, geriatra del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz y miembro del Grupo de Trabajo de Oncogeriatría de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

Además, según esta especialista, el paciente mayor es extraordinariamente heterogéneo, por eso, la edad por sí sola no ayuda a la hora de tomar decisiones ni establecer pronósticos. Su respuesta es menos previsible y su manejo es más complejo. Así que su abordaje debe ser multidimensional y multidisciplinar. Y los geriatras deben formar parte de los equipos que los atienden.

“Es necesario potenciar la transversalidad de la medicina y adaptar los modelos asistenciales actuales”

Estos profesionales son expertos en mayores, en complejidad, en detectar la fragilidad y en planificar intervenciones guiadas, a partir de la valoración geriátrica integral. Por tanto,  pueden participar en el proceso de toma de decisiones, optimizar la situación de los pacientes antes de iniciar el tratamiento y ayudarlos a tolerarlo, entre otras cosas. El geriatra puede ofrecer un abordaje individualizado y específico al paciente mayor con cáncer.

La valoración geriátrica, el mayor aliado

La valoración geriátrica es la mejor herramienta con la cuentan los geriatras para personalizar la atención, en este caso, de los pacientes mayores con cáncer, lo que les permite ofrecer una respuesta más eficaz, acorde a las necesidades de la persona.

Como manifiesta la geriatra de la Fundación Jiménez Díaz, la valoración geriátrica “ofrece la posibilidad de aplicar un tratamiento personalizado adaptado a las características de cada paciente. Y ha demostrado su utilidad en tratar al paciente anciano con cáncer de la manera más ajustada a su situación”.

Esta valoración que, en esencia, no difiere de la valoración geriátrica integral clásica, porque se utiliza para explorar las mismas dimensiones, permite:

  • Identificar déficits o áreas vulnerables que no se descubren con las herramientas clásicas usadas en oncología
  • Clasificar a los mayores
  • Detectar fragilidad
  • Predecir toxicidad al tratamiento oncoespecífico
  • Predecir mortalidad

“Sus resultados posibilitan al profesional la elaboración de un plan de actuaciones sobre aquellos aspectos que se pueden mejorar. Favorece que se contribuya a confeccionar un verdadero traje a medida para el  tratamiento para cada paciente mayor con cáncer”, subraya la doctora Rodríguez Couso.

Oncogeriatría

Medicina personalizada

La valoración oncogeriátrica forma parte de la medicina personalizada y permite adecuar los tratamientos disponibles a cada tipo de paciente mayor, según sus características, su expectativa de vida, su capacidad intrínseca… Y la personalización del tratamiento en estos pacientes mayores es clave porque “hace más probable conseguir mejores resultados teniendo siempre en cuenta los objetivos pactados con el paciente y/o sus cuidadores”, comenta esta geriatra.

La doctora Rodríguez Couso, describe que, en oncología, el tratamiento personalizado comienza con las características del tumor, (patogenia, genética, estadio, etc.). A continuación, se consideran las opciones de tratamiento en cuanto a eficacia versus toxicidad. El siguiente paso es saber si el paciente es adecuado para el tratamiento. En este momento, se debe estimar la expectativa de vida sin el tumor, la reserva orgánica y explorar los deseos del paciente.

“La realidad es que los beneficios de las opciones terapéuticas pueden ser iguales que en el paciente joven siempre y cuando estas opciones se ajusten al tipo de paciente mayor, según la valoración geriátrica integral”, aclara esta experta.

“No es cierto que en las personas mayores los tumores vayan más despacio, aunque sí hay tumores que se comportan de modo diferente según la edad del huésped”

Pero existen diferencias en los objetivos del tratamiento oncológico en personas mayores con respecto a los jóvenes. Por supuesto, “depende de cada paciente mayor, su situación previa y sus deseos y valores”, señala la doctora Rodríguez Couso, e incluyen “conseguir una mayor supervivencia, mantener su calidad de vida, conservar la capacidad funcional y la autonomía, preservar su situación cognitiva, continuar viviendo en su domicilio, evitar ingresos hospitalarios, controlar los síntomas relacionados con la enfermedad, etc.”.

Oncogeriatría en España 

En España, la situación es muy heterogénea. Partiendo de la base de que hay comunidades autónomas donde no está reconocida la geriatría como especialidad. No todos los hospitales tienen aún servicio de geriatría, ni todos los equipos de geriatría tienen a alguno de sus especialistas dedicando su actividad asistencial a la atención de los pacientes mayores con cáncer.

Es los centros en los que sí existe la figura del oncogeriatra, “este profesional suele formar parte de los equipos multidisciplinares, aunque bajo un modelo asistencial de interconsulta, y no idealmente como modelo integrado de trabajo”, especifica la miembro del Grupo de Trabajo de Oncogeriatría de la SEGG.

En otros países están más avanzados en este tema. Según cuenta esta geriatra, en Francia, el gobierno invierte en un programa específico de desarrollo e investigación en oncogeriatría; el grupo italiano también es muy activo, los ingleses ya tienen unas jornadas nacionales anuales y alguno de los grandes expertos trabaja en Holanda.

Por otra parte, en Estados Unidos, hay un amplio desarrollo e interés por la oncogeriatría a lo largo del país, con algunos de los centros de formación de referencia a nivel mundial.

En España, “debemos aspirar, primero, a que se conozca qué puede aportar el geriatra y la valoración geriátrica integral entre los geriatras, los especialistas implicados en el tratamiento del cáncer y entre la población general. A continuación, a tener al menos un geriatra referente de oncogeriatría en cada centro hospitalario y a la participación en los comités de tumores, así como a difundir los conceptos de la valoración entre los demás especialistas”, concreta la doctora Rodríguez Couso.  

«La valoración geriátrica está recomendada en todo paciente mayor de 70 años vaya a recibir un tratamiento específico para su cáncer»

También, en su opinión, sería ideal que se comiencen a crear unidades funcionales multidisciplinares como las del Instituto Oncológico Catalán, incorporando en sus equipos a un geriatra. Mientras tanto, su objetivo es que ningún paciente mayor con cáncer que lo precise se quede sin una valoración geriátrica y/o una intervención por parte del geriatra.

La valoración geriátrica está recomendada en todo paciente mayor de 70 años vaya a recibir un tratamiento específico para su cáncer. Eso sería lo ideal, pero como siempre no es posible, se estudia qué pacientes se beneficiarían más de una valoración por parte de geriatra. Esto se determina con test de cribado antes de iniciar el tratamiento que le parezca más oportuno.