Entre las muchas lecciones que nos va dejando el Covid-19 hay una que apenas ha sido tomada en consideración y de la que se ha hablado muy poco. Me refiero a la oportunidad perdida o, al menos, pobremente aprovechada, en cuanto a las posibilidades de investigación centrada en la persona mayor que nos ha ofrecido la pandemia. Una oportunidad única para haber profundizado en temas muy diversos, clínicos, básicos o sociales, de interés muy inmediato pero también útiles mirando a largo plazo, relacionados con cuestiones directa o indirectamente vinculadas a lo que ha estado sucediendo durante estos meses dentro del grupo de individuos de mayor edad.

Se trata de un fenómeno que ha sido puesto de relieve recientemente en un espléndido comentario publicado en la revista Age and Ageing, órgano oficial de la Sociedad Británica de Geriatría (1). Los autores hablan de “oportunidad perdida” y llaman a aprender la lección de cara a eventuales eventos futuros de este tipo. Visto desde otra perspectiva, a mi juicio lo que ha ocurrido puede interpretarse como una muestra más de edadismo, con el agravante de que, en este caso, la discriminación a la hora de investigar no procede únicamente de ámbitos externos a nuestro entorno, sino que también, y sobre todo, el pecado de omisión compromete a geriatras y gerontólogos, en la medida en la que no nos hemos planteado o no hemos sido capaces de explotar en beneficio del colectivo al que nos dedicamos la oportunidad que nos ha ofrecido la pandemia.  

El punto de partida ofrece pocas dudas. La población de más edad ha sido la más castigada por el Covid-19. Este colectivo fue el primero que se vio afectado, el que generó una mayor proporción de contagios, unas manifestaciones más floridas y severas, o una mayor demanda de atención hospitalaria, sobre todo en los servicios de urgencia y en las unidades de cuidados intensivos. Fue también, tristemente, líder destacado en el apartado de fallecimientos.

Hemos desaprovechado una oportunidad espléndida para analizar y conocer mejor problemas y encontrar soluciones específicas referidas al colectivo de personas mayores

Junto a todo lo anterior, los ancianos fueron, igualmente, quienes generaron un volumen más grande de problemas sociales ¡y éticos! Problemas mal resueltos a la hora de buscar, planificar y ejecutar soluciones válidas, inteligentes y adecuadas a cada circunstancia individual. Problemas de rechazo por parte de muchas instituciones, de aislamiento y soledad vividas por los propios interesados, de incomunicación entre instituciones, familiares y ancianos. Y tantos más.

Sin embargo, como bien señalan los autores del trabajo aludido, en las investigaciones llevadas a cabo durante estos meses se han primado los grupos más jóvenes a la hora de seleccionar las muestras de población objeto de cualquier tipo de estudio orientado a la búsqueda de mejoras diagnósticas, del manejo clínico de las situaciones o a encontrar tratamientos efectivo. Incluso se les ha obviado en las investigaciones conducentes a encontrar vacunas eficaces.

Desde una perspectiva que podríamos llamar geográfica se han primado los estudios en el medio hospitalario, de más difícil acceso para la población mayor, sobre aquellos otros que potencialmente podrían haberse realizado en el medio comunitario, en las residencias de ancianos o en el propio domicilio. En cuanto a los contenidos de los proyectos de investigación han prevalecido los orientados a encontrar formas terapéuticas inmediatas, sobre los que cabría considerar como investigaciones en el campo de la prevención o la rehabilitación. A otros niveles se ha puesto mayor énfasis en contabilizar ingresos y muertes que en cuestiones como la valoración funcional, un punto de crucial importancia en la medicina geriátrica. Y, como suele ocurrir habitualmente, la tendencia ha estado orientada, en el mejor de los casos, a extrapolar a los viejos, de forma directa, los resultados obtenidos en poblaciones más jóvenes.

Si atendemos a los problemas enunciados más arriba vinculados al ámbito social, el resultado en términos de investigación es aún más negativo. Apenas se ha hecho nada. En definitiva, y como remarcaba al inicio de estos comentarios, hemos desaprovechado una oportunidad espléndida para analizar y conocer mejor problemas y encontrar soluciones específicas referidas a nuestro colectivo, lo que, sin duda, hubiera sido de gran utilidad mirando, no sólo al presente, sino también pensando en eventuales problemas futuros de una naturaleza similar. Al menos, tomemos buena nota por si llega el caso.

————————

(1).- Withan MD, Gordon AL, Henderson EJ, Harwood RH.- Pandemic research for older people: doing it better next time. Age&Ageing 2021; 50:276-278