LA VEJEZ NO ES UNA ENFERMEDAD

La vejez no es una enfermedad

Las personas que hemos cumplido una cierta edad –quienes ya somos viejos o aquellos que se aproximan a su frontera- hemos vivido todo el año 2021 bajo la amenaza de ser convertidos oficialmente en enfermos poco menos que por decreto. Esto es así porque en los inicios de ese año la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que en su próxima edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades (edición número 11 del CIE) pretendía incluir a la vejez como una enfermedad más, asignándole un número de identificación específico. Hay que recordar que la OMS, a través de la CIE, asigna desde 1948 códigos específicos a lo que valora como causas de enfermedad y muerte, con el fin de dotar a los sistemas de salud nacionales e internacionales de información estadística oficial y comparable. La CIE  viene a ser como la biblia en este terreno y representa el patrón oro por el que se guían los sistemas sanitarios de la mayor parte de los países, incluido el nuestro.

Las razones para esta propuesta nunca se explicitaron mucho. La propia OMS no se esforzó en darlas a conocer. Se ha especulado, quizás sin demasiado fundamento, con la idea de que entender el envejecimiento como enfermedad podría facilitar la realización de ensayos clínicos encaminados a encontrar fármacos para “curarla” o, al menos, “tratarla” en un plano de igualdad con el resto de las enfermedades reconocidas. El objetivo sería prolongar la vida, mediante la búsqueda de remedios para esa supuesta enfermedad.

Lo que sí estuvo claro desde el principio para todo el colectivo involucrado en el tema –personas, instituciones, etc.- fue la aberración que representaba una medida de ese tipo desde cualquier perspectiva que se tomara en consideración. Conceptualmente, la vejez no pasa de ser una etapa más de la vida como lo es la infancia, la juventud o la madurez, sin que ninguna de ellas, lógicamente, aparezca recogida en el documento. La propuesta, además, entra en contradicción con lo que viene siendo desde hace más de medio siglo la doctrina de la propia OMS, expresada en las dos Asambleas Mundiales del Envejecimiento (Viena-82 y Madrid-02) y a través de otras múltiples recomendaciones y documentos, el más reciente de los cuales es el que califica la década 2020-30 como la del “envejecimiento saludable”. Se trata de una propuesta edadista, discriminatoria, que estigmatiza y agrava sin necesidad a la persona mayor, con eventuales consecuencias negativas para ella y que, objetivamente, invita a la resignación. Por último, insulta al sentido común: ¿Dónde se pondrían los límites de edad para considerar oficialmente a una persona como enferma en función de su cumpleaños?

También ha sido claro, tajante y universal el rechazo unánime a esta ocurrencia por parte de todos los colectivos interesados, desde las sociedades científicas de la especialidad, nacionales e internacionales, hasta el de cualquier otra asociación, academia, fundación, publicaciones del sector, etc. involucrado en el tema. Una repulsa que ha venido indistintamente desde el ámbito social en su sentido más amplio y también desde el sanitario, hasta alcanzar a las voces más cualificadas de las propias personas mayores y de las instituciones que las representan.

Han sido infinitos los manifiestos y declaraciones de toda naturaleza contra la propuesta de la OMS, llegándose a pedir la dimisión de su presidente. Las quejas han venido de todas partes incluidas la Sociedad Internacional de Geriatría y Gerontología (IAGG), la Asociación Médica Mundial, la Academia Latinoamericana de Medicina del Adulto Mayor o la Asociación Mundial de Psiquiatría. En España, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología editorializó la protesta a través de su revista oficial, como también lo hicieron otras muchas asociaciones y fundaciones involucradas en este campo. Todo ello en unos momentos en los que la pandemia derivada de la Covid-19 se mantiene viva y siguen levantándose quejas razonadas acerca de la forma en la que ha sido gestionada por parte de la OMS, lo que hace más incomprensible aún la propuesta que comento.

Al final parece que el sentido común ha logrado imponerse. Menos mal. La OMS, debido probablemente al rechazo unánime con el que se ha encontrado, ha rebajado su propuesta, hasta diluirla por completo en términos operativos. Después de meses de protestas y discusión la nueva edición de la CIE para este 2022 no incluirá a la vejez como una enfermedad, ni como una causa de muerte, sino que, meramente, será considerada como “un factor asociado, predisponente”. Una valoración bastante etérea, pero menos ofensiva y, ciertamente, más acorde con la realidad.