Ángel Puente Ortes. Presidente del Círculo de la Sanidad

“España tiene el mejor sistema sanitario del mundo”. Este ha sido, sin duda, uno de los pocos consensos que han logrado mantenerse en pie durante las dos últimas décadas en nuestro país, hasta que la pandemia de coronavirus ha irrumpido de manera súbita y feroz en nuestras vidas llevándose todo por delante: miles de fallecimientos y destrozos económicos como no se conocían desde la II Guerra Mundial son solo algunos efectos que dejarán cicatrices imborrables.

Ahora que todo son incertidumbres, miedos y dolor, ¿quiere decir esto que no tengamos un buen sistema sanitario? Rotundamente no. El horror del presente no puede hacernos perder la perspectiva. La cuestión es plantearse si el sistema que definíamos como “uno de los mejores del mundo” estaba sostenido por varios pilares sólidos, o si el único verdaderamente robusto era el de los profesionales sanitarios.

Obviamente, lo primero es arrimar todos el hombro y trabajar conjuntamente para superar esta pandemia en el menor tiempo posible, dado que hemos rebasado ampliamente ya la barrera de los 20.000 decesos. La vuelta a lo que ya se denomina como “nueva normalidad” será también durísima, por lo que es positivo que se haya acordado crear una comisión parlamentaria para trabajar en este sentido. Es tremendamente deseable alcanzar un pacto de Estado que tenga como centro la sanidad, como hemos pedido siempre desde nuestra asociación. Los políticos tendrán que estar a la altura y contar con la sociedad civil y todos los actores implicados en el ámbito sanitario, social y económico.

Justo y humano es también acompañar el dolor de quienes más están sufriendo los efectos del coronavirus: las personas que están luchando por superar la COVID-19, los compatriotas que han perdido seres queridos sin poder siquiera despedirlos, quienes viven en soledad el confinamiento…

Pero lo más urgente y perentorio no puede eclipsar nunca lo importante a medio y largo plazo. Mientras se atiende lo más apremiante, extendiendo gestos institucionales a nivel nacional como la declaración del luto oficial, se debe empezar a trabajar para detectar los errores que se han cometido.

No podemos volver a sufrir una situación así y seguir desprovistos de material de protección para el personal sanitario o de test rápidos para ellos y para otros sectores expuestos, como los centros residenciales. Por ello, es imperativo potenciar la industria sanitaria española para ser capaces de autoabastecernos y, por qué no, convertirnos en exportadores. Este puede ser un nuevo motor de creación de empleo, algo que será muy necesario. En todo caso, no podemos volver a pedir a los sanitarios que sean héroes o guerreros sin escudos.

Como iniciaba estas líneas hablando de un consenso –el mejor sistema sanitario del mundo- que ahora hemos puesto en cuarentena, terminaré hablando de otro: los aplausos a las 20.00 horas en balcones y ventanas. ¿Hemos reflexionado por qué aplaude la gente? Pues no aplaudimos porque los sanitarios hagan su trabajo, sino por las condiciones en las que están desempeñando su tarea. El calor humano y el apoyo social ayudan, pero lo que verdaderamente hará que en el futuro no volvamos a tener más de 30.000 profesionales contagiados serán los EPI.

No se trata de revanchismo, sino de que tenemos que aprender muy rápido para que estemos mejor preparados ante futuras crisis sanitarias. Ya hemos visto que una pandemia no avisa, por lo que no hay ni un minuto que perder.