pacientes oncológicos

La fisioterapia: clave en el tratamiento de pacientes oncológicos

Cristina Roldán Jiménez

Fisioterapeuta. Profesora en la Universidad de Málaga

Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España (CGCFE)

Los beneficios de la actividad física con bien conocidos tanto por la población general como por los profesionales sanitarios. En el paciente oncológico, la actividad física realizada tras el diagnóstico ha mostrado disminuir el riesgo de recurrencia de la enfermedad y de mortalidad por todas las causas en algunos de los cánceres mas comunes, como el de mama.

A pesar de este efecto protector, los niveles de actividad física después de un diagnóstico de cáncer no vuelven a ser los de antes. Esto es debido principalmente a las limitaciones físicas y secuelas que presenta el paciente tras el tratamiento, que requieren un abordaje individualizado tras una valoración fisioterapéutica.

A la necesidad de un abordaje personalizado hay que sumarle el desconocimiento de los beneficios que aporta el ejercicio físico, tanto por parte del paciente como, en la mayoría de las ocasiones, por el profesional sanitario. 

En consecuencia, al paciente se le suele aconsejar que su actividad física se limite a caminar, o que realice alguna actividad de una intensidad muy leve. Incluso se les suele aconsejar reposo y que no realice ningún ejercicio físico hasta completar el tratamiento.

Beneficios del ejercicio físico terapéutico

Esta realidad contrasta con lo que nos dice la evidencia científica. Concretamente, las principales guías oncológicas indican que el ejercicio físico debe formar parte del tratamiento complementario del paciente oncológico, y que además debe ser personalizado y con supervisión sanitaria.  Entre los beneficios del ejercicio físico en el paciente oncológico se encuentra la disminución del cansancio o la fatiga relacionada con el cáncer, el mantenimiento o la mejora de la función física y la capacidad cardiorrespiratoria. Aquellos pacientes que realizan programas de rehabilitación física antes de la cirugía (prehabilitación oncológica) tienen mayor capacidad funcional y física, menores complicaciones postoperatorias y una menor estancia hospitalaria en comparación con aquellos que no lo realizan. Durante el tratamiento, ayuda al mantenimiento de la masa muscular para una composición corporal óptima, la cual se relaciona directamente la toxicidad de los tratamientos y el pronóstico de la enfermedad. Además, incluir sesiones de ejercicio podría disminuir los síntomas y favorecer las tasas de finalización de algunos tratamientos, como la quimioterapia.

La fisioterapia permite un abordaje personalizado y supervisado

Las principales guías oncológicas actuales indican que el paciente necesita una valoración personalizada y una supervisión sanitaria. De esta manera, se garantiza la seguridad del ejercicio y el paciente puede beneficiarse de sus múltiples efectos. ¿Por qué entonces se dan pautas generales y no personalizadas que conducen al sedentarismo?

Un claro ejemplo es que lo que sucede en la paciente con cáncer de mama y el miedo a la aparición de linfedema: A pesar de que la evidencia científica actual aconseja la prescripción individualizada ejercicio de fuerza para la prevención del linfedema asociado al cáncer de mama, en la práctica clínica, generalmente, se desaconseja el uso del brazo o no coger más de un 1 kg de peso. La contradicción entre lo que dice la ciencia y la información que reciben estas pacientes me llevó a escribir el libro “Cáncer de mama y ejercicio físico: Todo lo que debes saber basado en la evidencia científica actual, con la intención de romper la brecha entre el conocimiento científico y la práctica clínica. 

Por todo esto, es necesario que todos los profesionales sanitarios que trabajen con pacientes oncológicos conozcan que la fisioterapia es clave en la rehabilitación física del paciente. Solo así derribaremos mitos y recomendaciones generales que favorecen el sedentarismo y que contradicen el conocimiento científico actual.