La importancia de comprender el cerebro en el conjunto de la persona
Javier Bernácer. Director científico del Centro Internacional de Neurociencia y Ética (CINET)

La importancia de comprender el cerebro en el conjunto de la persona

Javier Bernácer

Director científico del Centro Internacional de Neurociencia y Ética (CINET)

La neurociencia estudia la estructura y función del sistema nervioso, normalmente en relación con la conducta, así como su alteración en situaciones patológicas. Desde que se instaurara como una ciencia de algún modo independiente, ostenta una posición privilegiada de cara al interés público. Una de las razones de esto es la convicción, basada en la evidencia, de que nuestra actividad cerebral tiene que ver con nuestra actividad mental. Esto es muy serio, tanto que es considerado un problema: el problema mente-cerebro. ¿Cómo se relacionan nuestros pensamientos con la actividad de nuestras neuronas? Nos enfrentamos a una doble dimensión intrínseca de una única realidad, el ser humano, y ante el reto formidable de estudiarlo no solo por el ansia de saber, sino también por tratar de aliviar las enfermedades mentales.

Sin embargo, el panorama general de la investigación transcurre por unos derroteros que terminarán por imposibilitar el abordaje de este tema. Al investigador se le obliga a hiperespecializarse en un campo muy concreto, porque solo de esta manera conseguirá financiación para proyectos a corto plazo, y progresará en la escala salarial publicando artículos sobre aspectos muy concretos dentro de su campo. Esta aproximación puede ser legítima para ciertas áreas, pero es nociva para el estudio del cerebro: si queremos entender el funcionamiento global de este órgano, su relación con el resto del cuerpo y con la actividad mental, debemos abandonar los indicadores cortoplacistas y ampliar el foco tanto como requiere nuestro objeto de estudio, huyendo de la especialización.

Conviene ser realistas: salvo contadas excepciones, el cerebro y la mente son estudiados independientemente por neurocientíficos, psicólogos y humanistas. Por ello, la solución pasa hoy día por promover el diálogo entre esos campos del saber, como propone la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno con el recientemente creado Centro Internacional de Neurociencia y Ética (CINET). Este centro nace con el objetivo de promover el diálogo interdisciplinar para mejorar nuestra comprensión del cerebro en el conjunto de la persona. Hasta el momento se han impartido cursos, ciclos de conferencias, y se ha organizado una reunión internacional, en la que neurocientíficos y filósofos de máximo nivel mundial comenzaron este diálogo. Como decía en dicha reunión Alva Noë, prestigioso filósofo de la Universidad de California en Berkeley, solo las fundaciones privadas pueden proporcionar el espacio y tiempo necesarios para discutir sobre este tema tan relevante, y es la única vía de progreso.

Además, el CINET quiere ir más allá: convencidos de que el avance en el conocimiento del cerebro y sus retos éticos pasa por la interdisciplinariedad, los esfuerzos se centrarán en formar a jóvenes investigadores en el objeto del estudio, el conjunto de la mente y el cerebro, superando los compartimentos estancos de la investigación actual. Así, esperamos en el futuro dejar de hablar del diálogo entre la neurociencia y las humanidades, y que los investigadores que estudien el cerebro lo hagan, desde el principio, con sólidos conocimientos empíricos y conceptuales que proporcionen aproximaciones novedosas.

Como decía el neurocientífico, psiquiatra y filósofo de la Universidad de Ottawa Georg Northoff, también asistente a la reunión internacional del CINET, la gran novedad que aporta la interdisciplinariedad no son respuestas creativas, sino preguntas originales.

Y, ahora mismo, para entender el cerebro dentro de la persona, necesitamos replantearnos las preguntas de siempre. Necesitamos un cambio de paradigma.