Con ánimo de poder aprovechar este espacio para un bien común, me gustaría poner de manifiesto una carencia muy relevante en el sistema sociosanitario y, en especial, el correspondiente a la neurorrehabilitación.  Nuestro objetivo es poder brindar una solución alternativa a muchas personas cuyas rehabilitaciones se han visto limitadas a terapias convencionales que, lejos de ayudarles, les han hecho resignarse, en el mejor de los casos, y a llevar una vida muy limitada y con un alto grado de dependencia, en la mayoría de los pacientes. Como consecuencia, los pacientes y sus familias pasan por un fuerte coste emocional y, también, económico a largo plazo.

Muchas personas, tras un daño cerebral como los provocados por el ictus, son dadas de alta en un estado muy mermado de autonomía personal.  Son despedidas con mucho cariño, eso no lo ponemos en duda, pero con muy pocas posibilidades de recuperar las capacidades perdidas, algunas tan básicas como las de hablar, comer, vestirse, asearse o andar.

Teniendo en cuenta que cada seis minutos una persona sufre un ictus en España produciendo al año la muerte de 40.000, podemos afirmar que no estamos hablando de un tema menor. Más aún, cuando según estos datos de la Sociedad Española de Neurología, es la primera causa de muerte entre las mujeres y la tercera en hombres. Si a este dato sumamos que casi la mitad de las personas que superan el daño quedan con una dependencia funcional, podemos definitivamente hablar de un asunto de Estado.

Es por ello que nos preguntamos ¿por qué la terapia intensiva sigue siendo la gran desconocida dentro del modelo de rehabilitación pública?, ¿por qué los profesionales que estamos volcados en acompañar a los pacientes en la superación de los límites casi impuestos por el sistema somos un grupo tan reducido que estamos al alcance de tan pocas personas?

Desde Centro Europeo de Neurociencias queremos hacer pública nuestra disposición de poder difundir nuestro modelo de terapia que tan buenos resultados está presentando, incluso en personas que llevaban tiempo sin hacer ningún tipo de rehabilitación. Entendemos que, en un principio, puede descartarse esta opción por parte de las autoridades por el supuesto alto coste de la tecnología y el número de horas diarias de terapia que conlleva. Ahora bien, ¿a la hora de hacer balance, se han tenido en cuenta los presupuestos dedicados a las ayudas a la dependencia, entre otras?, ¿no sería mejor dedicar más recursos en ayudar a las personas a recuperar al máximo su autonomía en detrimento de tener que subvencionar la dependencia?

En un Estado con un alto grado nivel de bienestar social y un sistema sanitario que busca abordar la salud de forma integral, como se dice del nuestro, que la calidad de vida tras un daño cerebral dependa de un factor económico debería ser un clamor social. Un alta hospitalaria que no viene acompañada de un adecuado programa de neurorrehabilitación, indica una deficiencia en el sistema. Dedicar recursos a estas terapias ahorra mucho sufrimiento en lo emocional, pero también evitaría destinar ayudas económicas a la dependencia (o los gastos extras que afrontan las familias) porque los pacientes ganarían alto grado de movilidad y autonomía personal.

*Por José López Sánchez. Cofundador y director técnico de Centro Europeo de Neurociencias