Roberto Valdés. Consejero delegado y co-fundador de Cuideo

Es innegable que el mundo de los cuidados a domicilio está generando mucho interés últimamente, tanto por el auge que estaban experimentando estos últimos años, como por el espaldarazo que les ha dado esta situación de pandemia, donde el confinamiento ha dificultado mucho el cuidado de quienes lo necesitaban. Sin embargo, parece que nos cuesta verlos como una pieza más en el engranaje de la atención a la dependencia, como si fueran un intruso en lugar de un colaborador.

Han de ser un agente activo por dos razones principales. La primera es porque el universo de personas con necesidad de cuidado está aumentando exponencialmente, y la segunda porque esa es la voluntad de la mayoría de personas con necesidad de ayuda, mantenerse en su domicilio.

Esto no significa que los cuidados a domicilio sean la alternativa a las residencias o centros de día, al revés, son continuidad y complemento, de forma que sea la persona usuaria la que pueda elegir qué tipo de cuidado necesita en cada momento. Generar una oferta de calidad y adaptada no solo a cada usuario, sino a cada momento del proceso de envejecimiento, debe ser el objetivo de nuestro sector, y será la garantía de tener un modelo de atención centrado en la persona.

Otros mercados más maduros ya han hecho esta integración como, por ejemplo, el francés. El 25 de marzo presentamos desde Cuideo un estudio que realizamos con alumnos de Esade sobre la relación del mercado asegurador y los cuidados a domicilio, y al analizar el mercado francés descubrimos que tenían una oferta de productos de atención en el domicilio integrada dentro de la oferta de más del 70 % de las principales aseguradoras. Productos tanto para personas atendidas como para personas cuidadoras. Esto es un claro indicador de que es un sector que despierta interés y que se reconoce como agente activo en un sistema de atención a la dependencia más desarrollado que el español.

Otra de las conclusiones del estudio es que más del 60 % de la muestra estaría dispuesta a pagar para asegurar su dependencia asumiendo un sobrecoste. Esto no es algo menor en una población que, mayoritariamente, ha confiado en las ayudas públicas para hacerse cargo de la dependencia. Ahora somos conscientes de que es posible por estadística, que vayamos a necesitar ayuda en algún momento de nuestro envejecimiento, y de que mejor tenerlo previsto para garantizarlo y poder elegir el cuidado que queremos.

Estamos en un momento crucial del desarrollo de la propuesta de atención a la dependencia, y aquí los cuidados a domicilio tienen un papel clave que jugar, como integrador y prescriptor de servicios, conscientes de su papel y alineados con el resto de agentes del sector. Unos cuidados a domicilio operativos, profesionales, adaptados y que aprovechen la tecnología para garantizar el mejor ajuste posible entre usuario y cuidador, para conseguir una relación de cuidado pero también de confianza, porque no olvidemos que nada tendrá sentido si no ponemos a la persona y su entorno en el centro del foco de cuidados.